REFRESCANDO LA MEMORIA (XVI)
APOLOGISTAS
DEL ESPAÑOLISMO EN EL FOLKLORE COLONIAL
Eduardo
Pedro García Rodríguez*
De los programas de producción propia de la televisión
supuestamente autonómica y no menos supuestamente canaria, que merecen alguna atención
son los dedicados al folklore canario, uno de ellos Tenderete heredado de
Con el transcurso del tiempo, estos programas que,
como he dicho, se supone que fueron concebidos para promocionar el folklore
canario, poco a poco los han ido desnaturalizando convirtiéndolos en una
muestra del folklore sur y centro americano e incluso de música pachanguera
europea, siendo cada vez más reducidos los contenidos musicales folklóricos
canarios. Si bien los canarios hemos sido siempre amantes de la música
sudamericana, e incluso tenemos excelentes interpretes de la misma, entiendo
que estas manifestaciones del folklore y de la música popular americana debe
tener su propio espacio y no estar insertada en el contexto de la música
folklórica canaria, aunque sea interpretada por grupos canarios generalmente
subvencionados y por tanto, sujetos a ciertos servilismos.
Por otra parte, no deja de ser sospechoso el
desmesurado interés mostrado por los presentadores de estos programas en
resaltar de manera machacona la presencia en los mismos entre el público
invitado, de ciudadanos españoles o de otras naciones de Europa, al
lisonjearles con aduladoras y rebuscadas
expresiones que, pretendiendo ser corteses,
rayan en el servilismo cuando no en el ridículo, situación que se hace
extensiva a la lecturas de los posibles comunicados
de reconocimiento recibidos en dichos programas.
Otro de los aspectos en que estos presentadores ponen
especial interés es en resaltar el supuesto origen español-colonial del
folklore canario y muy especialmente de las malagueñas, cantos mediante el que
expresamos nuestros más sensibles, íntimos y profundo sentimientos. De hecho,
cuando las escuchamos nos cambia el semblante y es frecuente ver como se
deslizan alguna lágrimas por el rostro, tanto a hombre como a mujeres,
consecuencia lógica de nuestra herencia biológica.
Cuando estos presentadores folkloristas ponen especial énfasis en resaltar la supuesta
españolidad de la malagueña, un estilo de copla derivada del fandango,
manifiestan su endofobia al obviar el verdadero
origen de estas manifestaciones culturales, las cuales hunde sus raíces en las
más antiguas expresiones folklóricas imazighen (béreberes), cuna también del folklore canario no colonial.
Aún sabiendo de antemano que no va a servir de mucho, pues españolista viejo no aprende historia, me permito adjuntarles
algunas notas relativas a las verdiales o malagueñas, quizás estas les ayude a
comprender el porqué los canarios nos emocionamos tanto al escucharlas y al
interpretarlas.
Según parece, estos presentadores-folkloristas y especialmente
los guionistas de los mencionados programas, desconocen que los árabes e
imazighen llamados también con el nombre peyorativo
de moros, penetraron en
El legado moro fue muy importante, igual o tal
vez superior que el de los fenicios, griegos o romanos, por su permanencia en
En el año 1492, los reyes de Aragón, Fernando II, y la reina de Castilla Isabel I, tras su alianza
matrimonial y religiosa, en su política de expansión imperialista invaden y
conquistan Granada, último bastión de la defensa árabe en Andalucía,
iniciándose el proceso de expulsión de los moros de
El fandango se hallaba extendido por toda
Aparte de la mención etimológica de fellah mengu, hay otros indicios
que hacen pensar a muchos flamencólogos que hay mucho de morisco en la cultura
flamenca. Para empezar, a partir de la conquista castellana de Granada, a
finales del siglo XV, se produce un proceso de
repoblación de
Se acepta su origen árabe y su difusión desde Andalucía por toda
la Península Ibérica adquiriendo perfiles propios en cada zona. Algunos
autores, entre ellos José María Caballero Bonald, insisten en las permanencias de formas arcaicas y moriscas en
el Verdial.
Baile antes que cante, y de origen
morisco, su importancia es tal dentro del flamenco que Andrade de Silva lo
sitúa como “el nódulo primigenio y nutricio de todos los cantes que se agrupan
dentro del común enunciado de estilos malagueños”.
Por toda la península ibérica se cantaba y
bailaba el fandango morisco que, con el pasar de los años, se transformó en
jotas, alboradas, muñeiras, boleros, malhaos, etc.
Otra versión del fandango es el denominado tarifeño o chacarrá, que
como los anteriores procede del primitivo fandango arábigo-andaluz interpretado
por los moriscos que quedaron escondidos en las Alpujarras y Montes de Málaga;
principalmente y por su específica modalidad del acompañamiento al baile, al de
la zona oriental de la capital malagueña (La Axarquía,
Cómpeta, Chilches, Comares,
etc). Y decimos que proceden y no que nacen a la vez,
porque cuando Tarifa era zona ya de “cristianos viejos”, que se empleaban a
mediados del siglo XVI en repoblar zonas moriscas, el
fandango y las zambras eran interpretadas por estos moriscos que habitaban por
las zonas y montes limítrofes a Málaga, con los instrumentos que lo hacen hoy
excepto el violín que fue sustituto del rabel morisco y el laud
que solo es empleado en Comares.
Según flamencólogos como Hipólito Rossy (Teoría del Cante
Jondo.- Credsa,
Barcelona, 1998) y José Luque
Navajas (Málaga en el cante.-El Guadalorce.-Málaga,
1965) los verdiales son, como poco, la más primitiva forma de fandango
malagueño y, casi con seguridad, puede que del andaluz en su conjunto. Alfredo Arrebola (Doctor en
Filosofía, flamencólogo y cantaor) llega a afirmar que “el fandango más antiguo que registra la historia flamenca es,
exactamente, el de Málaga” con sus dos formas “verdiales y fandangos abandolaos, siendo los más viejos los primeros, incluso
anteriores al mismo flamenco” (V Congreso de Folclore Andaluz).
El Verdial
es una manifestación propia de la cultura popular malagueña, privativa de determinados puntos geográficos en la
provincia de Málaga en Andalucía, España, en las comarcas de
Las pandas
Los verdiales son interpretados por grupos de músicos conocidos como pandas, si
bien dicha denominación solo se les aplicaba antiguamente durante los días de
la Pascua. Es durante la Pascua, cuando el fiestero se reviste de autoridad. Y para testimoniarlo, luce el principal
emblema de la misma: La corona; simbolizada por un abigarrado sombrero cuajado
de flores y abalorios, que constituyen las joyas de esa corona mimética que
portan como lo que son: reyes, tontos y locos, si, pero reyes. Lazos, que
significan las ínfulas que penden de la corona y le confiere un carácter casi
sagrado. Lazos multicolores bordados por las amorosas manos de las madre,
abuela, esposa o novia del fiestero. Espejos que les otorgan el poder luminoso
del Dios Sol cuando este se mira en
ellos, Dios que se venera en este tiempo de su renacer y cuyos rayos reflejan.
(Pepe Molina, 2007)
La primera vez que se
ve y se escucha una panda de verdiales queda prendida en la memoria como una de
las experiencias más desconcertantes del folclorista. ¿Qué tiene que ver esta
deslumbrante y monótona algarabía con los tópicos del andalucismo? Nada,
absolutamente nada.
Delicada
cuestión. Algo tendrá que ver su rebeldía a los intentos de ser “bautizada”, y
su coincidencia con la época navideña, o precisamente por eso. De entre las
muchas fiestas antiguas que celebraban el solsticio
de invierno (también ésta reaparece en el de estío), la brillante eclosión
de los Montes de Málaga ha conseguido lo que otras no: repeler todo intento de
cristianización.
No es
raro, por tanto, que el pensamiento oficialista haya ido esquivando este rito
de aspecto solar, y bien pagano, hasta que no ha podido hacer otra cosa que
sumarse como ha podido. (El País)
*
De
Julio
de 2008.
Fuentes consultadas:
Aurelio Gurrea Chalé
En: Revista Aljaranda Núm. 4
marzo de 1992.