El Atropello del
Museo Canario
Luis León
Barreto
Es indignante la situación creada con el
Museo Canario, una institución más que centenaria abandonada a su suerte por
una sociedad que ni oye, ni ve, ni siente ni padece el despojo de sus
instituciones culturales. Abandonada por la sociedad de la que formamos parte todos pero abandonada también, y ello resulta más
preocupante, por las autoridades culturales de Ayuntamiento, Cabildo y Gobierno
regional. Cuando llega la crisis económica, no es de recibo que la cultura sea
el primer capítulo en el que se practiquen drásticamente las rebajas, mientras
se mantiene el oropel y el gasto suntuario en otras cuestiones que desde luego
son menos representativas y menos válidas para la ciudadanía. Se ha llegado a
una situación de deterioro tan lamentable que el Museo ha tenido que presentar
un expediente de regulación de empleo temporal debido al recorte de recursos
que ha sufrido por parte de las administraciones públicas.
Quienes hemos frecuentado la hemeroteca y la biblioteca para elaborar trabajos
de investigación, obras literarias, reportajes con fondo sociohistórico,
tenemos que echarnos las manos a la cabeza. Fundado en 1879 por un pequeño
sector de la burguesía más progresista de la ciudad de Las Palmas, liderado por
Gregorio Chil y Naranjo, médico formado en el
extranjero con afición a los estudios históricos y antropológicos, el Museo se
convirtió en foco de actividades musicales y literarias, y especialmente fue
lugar de resistencia cultural durante el franquismo, cuando la policía llegó a
interrumpir actos literarios, recitales poéticos, presentaciones de libros. La
veterana institución, muy conocida en el ámbito internacional por sus
colecciones de restos y testimonios de la prehistoria canaria, fue valorada por
René Verneau, antropólogo francés que estudió y
catalogó sus colecciones. La biblioteca del Museo Canario acoge una importante
colección de libros relacionados con las islas. Las salas de lecturas venían
recibiendo 5.000 visitas anuales de investigadores, estudiantes, profesores y
ciudadanos interesados en nuestros orígenes. Además, más de 30.000 escolares y
turistas visitan cada año las salas de la institución.
Toda esta situación debe ser relacionada con la pérdida de otros referentes
culturales, como la postergación de la asignatura de Historia de Canarias como
materia de bachillerato -era optativa en el primer curso-, y la postergación
asimismo de la literatura canaria en los centros de enseñanza. Paralelamente,
el Gobierno de Canarias emprende y subvenciona con importantes partidas las
actividades encuadradas en el Septenio, que tienen un alto costo económico. En
principio, entendemos que todo lo que se refiera a la cultura en nuestra tierra
debe ser valorado y estimulado, porque la cultura ha sido la gran asignatura
pendiente de nuestra comunidad. Por ejemplo, dentro del programa Septenio la
apertura del Espacio Canarias en Madrid ha sido una buena iniciativa, del mismo
modo que es bueno favorecer las actividades audiovisuales, las artes escénicas,
la traducción de los escritores canarios en el extranjero. Pero el Septenio es
un cajón de sastre en el que, junto a actividades e iniciativas que a la larga
pueden resultar de mucho valor estratégico para el asentamiento y la proyección
de la creación cultural canaria, se emprenden acciones que son más
cuestionables. Canarias no es sólo una piscina de invierno para los europeos,
es obvio que aquí hay una importante creación literaria, artística, musical.
Está claro que hay colectivos en artes escénicas y que surge un movimiento
creativo en cine. Conviene no olvidar todo esto sin despojar ni descapitalizar
lo que ya tenemos: el Museo Canario.