DESDE
EL BALCÓN DE MI PALMERA
TRES
ERAN DOS, CÉSAR Y GAUDÍ (2)
Félix
M. Arencibia
El verano
sigue encendiéndose desprendiendo supuestos olores a monte quemado. Bentejuí
Macías, piensa que hay que mantener bien limpios los montes, cunetas y campos de
hierba seca. Nada de “fósforos” que quieran prender fuego a los bosques, como
en el título de una de la novela de la trilogía del sueco Stieg Larsson. ¡Que el verano sea disfrute y no tragedia! Inicia la
redacción de una nueva carta, continuación de la anterior, a su amigo Fernando
Pérez Nadal. Hola:
Repasando la
biografía de Gaudí, Fernando, me llamó la atención su muerte en un accidente de
tranvía. Enseguida me acordé de nuestro querido César Manrique que también
falleció de parecida manera al igual que Sventenius, el sueco fundador de
nuestro Jardín Botánico “Viera Clavijo”. Dicen que los genios son despistados,
a ellos los atropelló la modernidad que ellos pretendían, pero las máquinas son
productos rebeldes de esa corriente menos artística y más maléfica, pues ha
contribuido con su contaminación al cambio climático. Ambos, César y Gaudí,
tanto montan uno como desmontan el otro, eran lo que algunos podían etiquetar
en la actualidad unos “artistas cursilones” enamorados de
Nuestro César
Manrique, Fernando, de alguna manera era un alma gemela, pero incomparable por
su genio y su obra. César amasó con la lava del volcán sus obras muchas veces
funcionales y otras más de finalidad estética: restaurantes, museos, casas,
castillos, zonas de ocios… Así tenemos su Jardín de Cactus con su molino de
viento antiguo, modernidad y tradición se ensamblan como un puzzle en un
paisaje volcánico. En los Jameos del Agua, César hace el amor con las huellas
de un tubo volcánico y da a luz una criatura hermosa, saludable, rebelde,
personal. El artista canario además esparció de esculturas móviles que me
recuerdan, amigo, a los molinillos con los que jugábamos cuando pequeños que
terminaban hechos pedazos o con el palo de gamona roto por los suelos de tantos
pinchazos con el alfiler. En el Monumento al Campesino, que se asoma como un
don Quijote en medio de la llanura apiconada cubierta de parras, César supo
homenajear al campesino canario, ejemplo de lucha, constancia, supervivencia y
amor a
Sí, querido
Fernando, tres fueron los amantes de
Bueno, te
dejo con los cálidos versos de otro creador solidario, Mario Benedetti (Montevideo, 1920-2009): “Te vas tan sola como
siempre / te echaremos de menos / yo y los brazos de la tarde / yo y mi alma y mi cuerpo.”