Corrupción, cinismo y Gestapo

 

Justo Fernández Rodríguez

 

En todos los estudios aparecidos sobre la corrupción, en España se constata un fuerte incremento. Destacan, sobre las demás autonomías, Valencia, Madrid, Murcia, Baleares y Canarias. En todas, casualmente, gobierna o ha gobernado, durante los últimos años, el Partido Popular. La especulación inmobiliaria, en la costa y el interior; la información privilegiada; el amiguismo; el tráfico de influencias; las recalificaciones fraudulentas; el pago de comisiones o el soborno propician el gran negocio de la corrupción y el clientelismo. En Canarias, he podido documentar 165 casos de corrupción, con participación política, en los últimos diez años.


La corrupción no es neutral, ni inevitable. Reduce el bienestar general de la mayoría de la población, dejando como tontos a quienes trabajan de forma honesta, por lo que está justificada la indignación de la sociedad. Por eso, su extirpación ha de ser un problema de todos. De los políticos honestos, de los jueces y de los ciudadanos no contaminados con las políticas de clientelismo cuando acudimos a las urnas.


Pese a la indecente campaña, organizada desde el PP, buscando hacer creer a los ciudadanos, como se intenta ahora a nivel nacional, que las decenas de casos de corrupción que afectan al PP y CC son producto de las instrucciones de López Aguilar a jueces y fiscales, tal infamia choca con la realidad. La corrupción tiene una antigüedad anterior a la aparición, en el escenario político canario, de Juan Fernando López Aguilar.


Sólo un ejemplo. En 1998, cuando se generalizaban las denuncias de corrupción, 126 letrados de Gran Canaria denunciaban las "sombras de impunidad", "sospechas de galopante tráfico de influencias", "prácticas caciquiles, malla de blindajes, sobornos y pago de favores", "mordidas al presupuesto de dineros públicos" y "corrupción generalizada". La Justicia canaria ha imputado a más de cincuenta cargos públicos de PP y CC, alcaldes y concejales, con cargos de corrupción, mientras, por parte del Gobierno canario y sus terminales mediáticos se intenta descalificar su actuación.


Como ha ocurrido en Canarias, el cinismo de los dirigentes del Partido Popular no tiene límites. En Madrid, han sido ellos los que han organizado una trama de espionaje entre sí, acusando a Aguirre o Rajoy de saberlo y han sido cargos públicos del PP los que han denunciado diversos casos de corrupción en Madrid, Valencia y Canarias, mientras los dirigentes pretenden desviar la atención, acusando a políticos, jueces y fiscales de organizar una cacería contra el PP. La conspiración aludida no es más que un invento para eludir sus responsabilidades y frenar la investigación.


Durante dieciséis años estuve colaborando con Antonio Herrero, en sus programas en Antena 3 y la COPE, y puedo garantizar que, entonces, sí existió una gran conspiración para forzar un cambio de gobierno. Tengo decenas de cintas grabadas de los programas y documentación abundante que lo prueba. Aznar, Rajoy, Aguirre, Mayor Oreja, Trillo, Rato o Álvarez Cascos, en unión de algunos jueces y magistrados de renombre y afamados escritores y periodistas, organizaron la más indecente trama de la historia de España para descabalgar a Felipe González. Se llegó a crear la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI) como plataforma de apoyo a la conspiración. Entre otros, figuraban Luis María Anson, Balbín, Julián Lago, Martín Ferrand, Pedro J. Ramírez, José Luis Gutiérrez, Amando de Miguel, Pablo Sebastián, Raúl del Pozo, Martín Prieto, Luis Herrero, Federico Jiménez Losantos...


Luis María Anson, poco sospechoso de veleidades izquierdosas, cuando denunció esa conspiración, en 1998, resumió lo ocurrido, con una frase: "Para terminar con González se rozó la estabilidad del Estado".


En los últimos días, Soria ha cuestionado el sistema judicial y las "garantías de los españoles" con el actual Gobierno; Ángel Llanos ha identificado las victorias electorales de López Aguilar con las de Hitler y Miguel Cabrera y Águeda Montelongo han pretendido comparar las actuaciones de jueces y ficales como propias de la Gestapo y Joseph Goebbels.


Por el momento, sólo pretendo contrastar estas acusaciones sobre el actual Estado de Derecho con el pensamiento político y la actuación de sus dos principales ideólogos: Manuel Fraga, fundador del PP, y José María Aznar, presidente del Gobierno durante ocho años. De sus actos y palabras se puede detectar, sin error, la ideología política madre y sus conceptos sobre el Estado de Derecho, las libertades públicas, la independencia de la justicia y la democracia.


Decreto 154/196, de 2 de febrero de 1961: a propuesta del ministro secretario general del Movimiento, cesa el camarada Manuel Fraga Iribarne en el cargo de delegado nacional de Asociaciones de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, agradeciéndole los servicios prestados. Firmado: Francisco Franco.


Con Franco, entre otros cargos, Fraga, fue ministro de Información y Turismo (1962-1969). Aprobó una Ley de Prensa, en teoría, para suprimir la censura previa. En 1966, secuestró el diario ABC y, después de un acoso incesante, secuestró el diario Madrid, cuyo edificio fue volado en 1971. Ante el fallecimiento de Franco, Fraga, fundador del Partido Popular, loaba al dictador: "El fallecimiento del Jefe del Estado, generalísimo Franco, es un hecho de gran trascendencia. Por su personalidad y significación ha sido uno de los grandes hombres de la historia de España... Ha muerto una personalidad excepcional". En 1975, fue nombrado vicepresidente y ministro de Gobernación por Carlos Arias Navarro. Bajo su mandato, se incrementó la represión de demócratas, defensores de los derechos humanos y sindicalistas que luchaban por las libertades. En 1976, acuñó la frase "La calle es mía", reprimiendo cualquier intento de manifestación de protesta. En Vitoria, una protesta de los trabajadores terminó en tragedia. La violencia policial les obligó a refugiarse en una iglesia. Siguiendo sus órdenes, la policía lanzó gases lacrimógenos, utilizando material antidisturbios. Muchos trabajadores, medio asfixiados, intentaron salir por las puertas laterales, siendo recibidos con disparos indiscriminados. Cinco personas murieron y más de un centenar fueron heridas.


Personalmente, durante esos años, la Brigada Social y el Cesid me seguían a todas partes. Fui detenido seis veces; en dos ocasiones me pasaron al Tribunal de Orden Público, ante Mariscal de Gante, padre de la ministra de Justicia de Aznar. Padecí dos registros domiciliarios y en 1974, fui detenido en Irún, en el cambio de vía, al regreso del Congreso del PSOE en Suresnes. Tuve que negociar con los policías que me esposaran delante y no detrás, porque me esperaban diez horas de tren.


José María Aznar escribió una carta a la revista SP, en julio de 1969, donde exponía su ideología: "Cuando a las manos de un joven como yo llega un ejemplar de las Obras Completas de José Antonio, siente la imperiosa necesidad de hacer rápidamente algo útil, llevar una vida cómoda, fácil y sin complicaciones, alistado en una organización del Movimiento, militar al lado de los falangistas independientes (Falange Auténtica), reencarnación del pensamiento joseantoniano".


Esto es franquismo y fascismo en estado puro.