LA LARGA MARCHA DESDE
FRANCO A SASTRE
Francisco
Javier González
Primero fue la
sublevación fascista, siguió la
Guerra de España con su corte de asesinatos, prisiones y
represiones, luego fue el exilio y el nacionalcatolicismo, los veleros clandestinos
hacia Venezuela, el hambre, el miedo y el silencio… hasta que empezó la larga
marcha.
Cuando en 1959, y a raíz
de que la “justicia” española asesinara en Las Palmas, a garrote vil, al alzado
Juan García Suárez, “El Corredera”,
se funda en Gran Canaria el grupo “Canarias
Libre” que aglutina a comunistas, a los anticlericales de la llamada “Iglesia Cubana”, a militantes
independentistas y a sectores obreros, fundamentalmente la “carga blanca” de
los muelles grancanarios. El grupo propuso construir el “Partido Comunista
Canario”, pero, a pesar de la teórica reivindicación de Autodeterminación que
mantenía el PCE -encabezado por Carrillo- nunca optó por la descolonización
real de Canarias y se opuso al proyecto. El centralismo burocrático se impuso a
la libre determinación.
Cuando en 1962 y, en
Canarias, la policía española desarticula y encarcela a los integrantes de “Canarias Libre”, en España se enviaba a
la cárcel a Eva Forest -con su hija
recién nacida Eva Sastre- por firmar un artículo apoyando la huelga minera
asturiana. La izquierda española dijo que aquello era el fascismo, el mismo que
por esos días asesinaba “legalmente” a Julián Grimau. Ese año se casaba Juan
Carlos Borbón, educado por Franco desde 1948 para ser su sucesor. Eso, para la
izquierda española, también era cosa del franquismo que se acabaría con la III República.
Cuando en 1964 se funda en
Argel el MPAIAC y Sekou Touré pide en la Cumbre de los Países No Alineados, la
independencia de Canarias recibe el rechazo unánime de la “izquierda” española
que teóricamente propugnaba el supuesto apoyo a la Autodeterminación.
Antonio Cubillo añade las 7 estrellas verdes a la bandera que
en 1961 creara para Canarias Libre D.ª Mª del Carmen Sarmiento y sus hijos
Jesús y Arturo Cantero, diseñando así la actual bandera nacional canaria. Solo
fue aceptada por los militantes independentistas y anatematizada por el resto.
Cuando en 1966 a Alfonso
Sastre se le prohíbe publicar “La
Sangre y la
Ceniza” (que ya en 1965 recuerdo que se leían capítulos en
las Asambleas estudiantiles de la Complutense) seguía, para la “izquierda”
española, siendo el fascismo franquista el que, por participar en las
madrileñas “Jornadas contra la Represión”, lo lleva
de inquilino forzoso a Carabanchel. En pago, Sastre, nos regaló a todos una
Balada.
Cuando en 1968 la Organización para la Unidad Africana,
OUA, en julio, reconoce el derecho a la
independencia de Canarias como islas africanas, todos los partidos españoles,
incluidos los que trabajaban en el exilio, rechazan “la ingerencia” de la OUA en los asuntos
“españoles”. Eso si, mantenían la Autodeterminación en sus programas. En la
grancanaria Sardina del Norte la Guardia Civil española detiene a unos 50 de los
más de 400 obreros concentrados en asamblea mientras más de 1.500 obreros
portuarios mantenían por 3 días la primera gran huelga antifranquista en el
estado Entre ellos a Tony Gallardo. Todavía el PCE y la izquierda creían en la lucha por la
libertad.
Cuando en 1969, el
dictador, cuya policía acababa de asesinar en Madrid al estudiante Enrique
Ruano, declara durante un trimestre el Estado de Excepción, nombra sucesor a
Juan Carlos Borbón a “título de Rey”
y el susodicho jura sobre la
Biblia y ante las Cortes fascistas “cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales” del Régimen. El
propio dictador en su discurso nos aclara que: “Estimo llegado el momento de proponer
a las Cortes Españolas como persona llamada en su día a sucederme, a título de
Rey, al Príncipe Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, quien, tras haber recibido
la adecuada formación para su alta misión y formar parte de los tres Ejércitos,
ha dado pruebas fehacientes de su acendrado patriotismo y de su total
identificación con los Principios del Movimiento y Leyes Fundamentales del
Reino”. Mientras, la izquierda española esperaba por la República que acabaría
con el fascismo. Estaba “Esperando a un Godot” que, como el de Beckett, nunca
llegó. Mientras, la represión franquista arrecia en Euzkadi, punta de lanza de
la lucha antifranquista, donde suma ese año más de 2.000 detenciones, 300
exiliados forzosos y cientos de años de prisión impuestos por el tristemente
célebre Tribunal de Orden Público
Cuando en 1970 la
“Justicia” franquista abre el “Proceso de
Burgos” contra 16 militantes de ETA (entre ellos algunos dirigentes
actuales del PSE-PSOE), acusados de la muerte en 1968 del sanguinario jefe de la Brigada Político
Social en Donosti, Melitón Manzanas, y dicta 9 penas de muerte y más de medio
milenio de años de prisión, la izquierda española protesta, pero son más de 300
los intelectuales catalanes que mantuvieron un encierro en Montserrat y es el
matrimonio Sastre/Forest quién crea el “Comité
de Solidaridad con Euzkadi”, país en el que se cebaba cruentamente la
represión franquista. La movilización popular fue masiva hasta la consecución
de la conmutación de las penas capitales.
Cuando en 1972 y, para más
inri, el 18 de julio, Franco firma un decreto disponiendo que Carrero Blanco
ocupe, caso de vacante, la
Jefatura del Estado, diseña y hace reposar, en la persona del
almirante, la continuidad de la ortodoxia franquista.
Cuando en 1973, Franco,
que desde 1967 había separado por Ley Orgánica la Jefatura del Estado -que
se reserva in aeternam- de la
Presidencia del Consejo de Ministros (Presidencia del Gobierno),
nombra a Carrero Blanco como Presidente y da la entrada a los ministerios a los
“tecnócratas” del Opus Dei -los “López”-, ahonda en su diseño continuista. El
nuevo gobierno dura hasta que, finalizando el año, ETA hace subir volando a los
altares, pero pasando por los tejados jesuíticos, al Almirante Carrero Blanco
-el elefante blanco del Régimen- y deja al franquismo sin el posible sucesor en
el caudillaje. No hay lágrimas del pueblo que se derramen por él y si muchas
felicitaciones contenidas. Los partidos, legales e ilegales, como PSOE y PCE
condenan el atentado, aunque reconocen, sotovocce, que el franquismo ha sido descabezado.
Cuando en 1974, tras el
atentado nunca aclarado, con doce muertos, en la madrileña Calle del Correo contra
la cafetería Rolando, frecuentada por policías por lo cercana a la entonces
Dirección General de Seguridad y sus temidos sótanos en Sol -hoy ocupada por
Esperanza Aguirre como digna sucesora-
se detuvo a casi un centenar de personas como “miembros de ETA”, entre ellos
a Eva Forest, esposa de Alfonso Sastre, a Mary Luz Fernández y sus
familiares, a Vicente Sainz de la
Peña, director teatral, a la actriz Mary Paz Ballesteros, al
escritor Eliseo Bayo, al obrero de la construcción Antonio Durán, al piloto de
Iberia Bernardo Badell y su esposa Mary Carmen Nadal, y a la abogada Lidia
Falcón. En ese momento, Cambio 16,
que lo denominó, al mejor estilo Poe, “el
extraño caso de la calle del Correo”, publicaba una nota de la DGS de días anteriores al
atentado, prohibiendo a la policía pararse en los alrededores del edificio y
recomendando “no frecuentar la Cafetería Rolando”
lo que explica que solo 2 muertos eran policías. Alfonso Sastre, que había logrado escapar a la redada al ver su
casa destrozada por la policía -que la denominaba como “cárcel del pueblo”- es detenido en octubre y encarcelado, de nuevo
en Carabanchel, acusado de terrorismo etarra. Los presos van a permanecer
encarcelados sin juicio entre uno a dos años, salvo Eva Forest y Mary Luz
Fernández, que estarán tres años en prisión, sin juicio de ninguna clase, como
supuestas terroristas etarras. Mientras tanto, Juan Carlos Borbón había asumido
interinamente la Jefatura
del Estado desde julio (¡siempre julio!) hasta septiembre, justo cuando el PSOE
presenta la “Declaración de Septiembre”,
abogando por la ruptura democrática que entendía como el establecimiento de
libertades políticas, sindicales y personales y el Derecho a la Autodeterminación
de las “nacionalidades” del Estado, refrendada un mes más tarde en el Congreso
de Suresnes, que elige a Felipe González como su secretario general, y concibe
a España como “República Federal de
nacionalidades y regiones” para las que afirma el derecho a la
autodeterminación. Aún la izquierda se reclamaba marxista.
Cuando en 1975, año en que
comienza a emitir desde Argel “La Voz de Canarias Libre” y,
en Canarias, un militante del MPAIAC, Antonio Padilla, es muerto a tiros y el
militante obrero de la OPI,
Antonio González Ramos, asesinado a golpes por el comisario José Matute
Fernández, el régimen fascista español lleva a cabo, el 27 de septiembre, sus
últimos fusilamientos públicos en Madrid, Barcelona y Burgos de los miembros
del FRAPP Xosé H. Baena, Ramón García y José L. Sánchez y los de ETA Juan Paredes “Txiki” y Ángel Otaegi. La
reacción en Euzkadi, con el estado de excepción declarado, fue enorme, con tres
días de huelga general y manifestaciones reprimidas a tiros por la Policía y la Guardia Civil. En
España, salvo Barcelona, el control policial impidió grandes manifestaciones,
pero la reacción internacional fue grande. El fascismo replicó, el primero de
octubre, con una de sus habituales grandes manifestaciones de guagua, bocadillo
y prietas las filas -la última orquestada en vida del dictador- en la Plaza de Oriente. En el
balcón del Palacio Real, con el apoyo de la presencia de Juan Carlos Borbón en
su uniforme militar, saludando ambos brazo en alto a los manifestantes, el
emocionado dictador, entre lágrimas e hipidos, hace su arenga:“Todas las protestas habidas obedecen a una conspiración masónica
izquierdista, de la clase política, en contubernio comunista-terrorista en lo
social, que si a nosotros nos honra, a ellos envilece”. Un mes y veinte
días se alarga aún la sombra del dictador, cada vez más decreciente. El 20N
(día nefasto en los anales fascistas españoles desde José Antonio) un moqueante
Arias Navarro -que lo tuvimos en Tenerife de Virrey colonial- anuncia
televisivamente “Españoles, Franco ha
muerto” y el capitidisminuido “caudillo” emprende viaje al antaño Valle de
Cuelgamuros, después “Cuelgamuertos” para los represaliados y, oficialmente, de
los Caídos. Juan Carlos Borbón, que ya ejercía la Jefatura del Estado desde
octubre y se había dado un paseo como tal por la todavía “provincia española de
Sahara-Río de Oro”, es nombrado, el 22N, Rey de España por la Gracia de Franco y Arias
asume, aún llorando, la
Presidencia del Gobierno. La izquierda espera que el
andamiaje fascistoide hispano se derrumbe solo.
Cuando en 1976, Adolfo Suárez,
impulsado por los sectores más realistas del franquismo y de la burguesía
española, sucede a Arias Navarro, entiende la imposibilidad de continuar aquel
franquismo sin Franco y lleva a las Cortes, que la aprueban, la “Ley de Reforma Política”, (negociada
con la “Platajunta” producto de la
fusión de la “Junta Democrática” auspiciada por el PCE y la “Plataforma
Democrática” encabezada por el PSOE). Ratificada en Referéndum en diciembre, con la oposición de boquilla de los
partidos de izquierda platajuntados que la habían negociado, por su carácter
reformista y no de ruptura con el franquismo. Su aceptación final marca la
deriva continuada hacia la derecha que va a sufrir la “izquierda” española, que
la conducirá a la aceptación total de una monarquía en la que el Juan Carlos
Borbón, en su discurso a la nación en su toma de poder, y tras aclarar que era Rey de España, título que me confieren la tradición
histórica, las Leyes Fundamentales del Reino y el mandato legítimo de los
españoles,
aunque nadie sabe como sucedió ese “mandato legítimo”, dedica un “emocionado homenaje” a su mentor y
maestro: “Una figura
excepcional entra en la
Historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del
acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para
entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y
gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la
pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo
constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para las
funciones que asumo al servicio de la Patria.
Ni el flamante Ministro
de la Gobernación
del gobierno “democrático”, Fraga Iribarne, ni su colega de Relaciones
Sindicales, Martín Villa, podían dejar pasar sin su cuota de represión
sangrienta un año tan brillante. En Vitoria (lo de Gasteiz aún era tabú) una
concentración obrera es disuelta por las FOP al tiro limpio, con 6 obreros
asesinados y más de 150 heridos y, en las manifestaciones subsiguientes, 4 asesinados
a balazos más. Luego fue Montejurra, donde, preparado por el CECED (travestido
luego a CESID y hoy a CNI) con la colaboración de la Guardia Civil,
ametrallan a los convocados con dos nuevos muertos.
La izquierda se conforma
con la llamada “Ley de Asociaciones
Políticas” que ya en su preámbulo reconoce basarse en al Art. 16 del
franquista “Fuero de los Españoles”,
acatar los “Principios Fundamentales del
Reino” y defender “en particular los
principios de respeto a la soberanía, unidad, integridad y seguridad de la Nación” y que considera
como ilícito penal todos los supuestos recogidos en el Código Penal de 1973 con
penas de Prisión mayor, como el Art.123 “los
ultrajes a la Nación
española o al sentimiento de su unidad, al Estado o su forma política, así como
a sus símbolos y emblemas” o el no menos contundente Art.172: “el
ataque, por cualquier medio, a la soberanía, unidad o independencia de la Patria, a la integridad de
su territorio o a la seguridad nacional”, Código Penal que no impidió que los 6 policías que asesinaron
ametrallado, en ese septiembre, en Tenerife a Bartolomé García Lorenzo
terminaran sus días “laborales” con cargos en la Policía, incluso alguno
como escolta oficial de un exministro socialista.
La Ley de Asociaciones, para que no queden dudas,
especifica en su articulo 3:“Se entiende por fines ilícitos los contrarios a los Principios Fundamentales del Movimiento y
demás Leyes fundamentales, los sancionados por las leyes penales, los que
atenten contra la moral, el orden público y cualesquiera otros que impliquen un
peligro para la unidad política y social de España.” Franco tenía razón ¡Todo quedaba atado y bien atado!... y así sigue.
Cuando en 1977, el año comienza con la masacre de los 5 abogados laboralistas en su despacho madrileño de la calle Atocha.
El poder político y la ruptura definitiva con el franquismo estuvieron al
alcance del pueblo movilizado, pero la “prudencia” (sic) de los partidos de
izquierda condujo la indignación pública a un único resultado: la legalización
del PCE, eso sí, previa renuncia a toda opción rupturista. Con la oposición
domada y con el informe positivo del Consejo Nacional del Movimiento, se
aprueba en Cortes la “Ley para la Reforma Política
que abre las puertas a unas Cortes Constituyentes, objetivo común de las
opciones de izquierda españolas y de los reformistas del Régimen, desde Fraga a
Suárez. La Ley es
sometida a Referéndum y con ella se acepta de forma definitiva por parte de los
partidos de la izquierda española la bandera rojigualda y la monarquía heredada
del fascismo. En Canarias presentamos a la legalización el “Partido Revolucionario Africano de las Islas Canarias” y, además
de negárnosla, se nos abrieron diligencias judiciales. Los partidos “legales” o
los instrumentales creados al efecto -como
“Esquerra de Catalunya”- se
presentaron en junio a la primera convocatoria electoral de la monarquía, con la UCD como ganadora. En octubre
el Consejo de Ministros del gobierno Suárez decreta la Ley de Amnistía, obligado por
la presión popular como las grandes movilizaciones de mayo, reprimidas
duramente sobre todo en Euzkadi, con otra vez nueve muertos a balazos
represivos, casi al mismo tiempo que el desarme ideológico y social culmina con
los Pactos de la
Moncloa. Ortega hubiera exclamado ahora ¡Delenda est República…et Autodeterminación”!
Para nosotros, en Canarias, el año termina con otro nuevo asesinato por
los “antidisturbios”, en medio de una huelga convocada por la Coordinadora de Sectores
en Lucha de los sindicatos nacionalistas como CCT y SOC del estudiante
Javier Fernández Quesada a las puertas de la Universidad de Aguere. Le siguió una brutal actuación represiva posterior
de los “especiales” traídos desde España por el Virrey colonial, Mardones
Sevilla, hoy “nacionalero” destacado de CC.
Cuando en 1978 la ponencia elaborada por los “7
magníficos” (Cisneros, Pérez Llorca y Herrero Rguez. de Miñón de UCD; Fraga
de AP; Roca de la coalición Pacte Democràtic per Catalunya, Peces-Barba del PSOE
y Solé Tura por el PCE), padres putativos de la Constitución (la
paternidad real arranca desde la
Ley de Asociaciones Políticas y tiene como abuelos al Fuero
de los Españoles) logran que el Congreso de los Diputados apruebe el texto
constitucional que luego se ratifica en Referéndum el 6 de diciembre.
Con la
Constitución se consagra una visión liberal, indudablemente
menos restrictiva que la que inspiraría luego reacciones como la del 23F -en la que aún no se ha
aclarado el papel jugado por Juan Carlos Borbón o por Raventós, Enrique Múgica,
Ciurana o Tamames entre otros- pero muy lejos de la lucha que se había
sostenido por una sociedad socialista, igualitaria, solidaria y respetuosa de
los derechos de los hombres y los pueblos, horizontes de los que además, desde
entonces, con la derechización, se ha ido progresivamente separándose,
compitiendo la “izquierda” con la más rancia derecha hispana en la destrucción
total y absoluta de cualquier vestigio de control económico o político por
parte del estado sobre los medios de producción o el aparato financiero,
desmontando todo el sector público en una carrera frenética en pos de la
economía neoliberal, la globalización y
“el fin de la historia y el último
hombre”.
Esa Constitución, ignora, desde su Título I el amplio porcentaje de los
que no nos sentimos en ninguna forma-o no somos- españoles, o los que
rechazamos una monarquía decimonónica que, por Ley y definición, consagra la
diferencia entre personas por su nacimiento y, por origen, es la herencia del fascismo
profundo (Art. 1-2: La soberanía nacional
reside en el pueblo español, del que
emanan los poderes del estado”. Art. 1-3: La forma política del Estado español
es la Monarquía parlamentaria”) fundamentándola, según su
Art. 2 en la “indisoluble unidad de la Nación española, patria
común e indivisible de todos los españoles”.
Lo que podíamos esperar los nacionalistas canarios ya nos lo había
enseñado desde julio el atentado en
Argel contra Antonio Cubillo -con sus graves secuelas físicas- diseñado, como
sentenció posteriormente un tribunal, por el Gobierno español y ejecutado por
sus servicios secretos y su democrático ministro Martín Villa.
Es innegable el avance que la Constitución española
significó para las libertades individuales sobre las posiciones del franquismo
puro y duro, incluso en los territorios coloniales no europeos, pero también es
indudable que todas estas declaraciones no han logrado, en absoluto, resolver
el problema -ni individual ni colectivo- de los que no reconocen esa pertenencia
a la Nación
española. No ha resuelto los problemas coloniales como el de Canarias o los
nacionales de naciones como Catalunya y, sobre todo por el nivel de desarrollo
histórico, de Euzkadi. No se trata de ETA que, al fin y al cabo, es un
epifenómeno como lo es siempre cualquier acción violenta respecto al fenómeno
político. En este caso epifenómeno del no-reconocimiento por el Estado del
Derecho de Autodeterminación. Ya en
1977, en el diario “El Mundo”
escribía el poco sospechoso Josep Ramoneda que “seguir entendiendo el conflicto del Pueblo Vasco como la acción de una
minoría subversiva es imposibilitar la solución del problema”.
Se trata de que la propia Constitución y sus
intérpretes -independientemente de su adscripción política- impiden el desarrollo
de ese Principio, que múltiples Resoluciones de la ONU como las 1514 o 2200,
establecen, y que España -ratificado todas y cada una de ellas- ha impedido sistemáticamente su aplicación,
sea en su territorio metropolitano (como con el llamado “Plan Ibarretxe”) sea
en la colonia canaria. El remate de ese férreo control lo pusieron,
consensuadamente, el tándem PSOE-PP con la “Ley
de Partidos” de 2002 “para garantizar
el funcionamiento del sistema democrático” según su exposición de motivos y
que, en la práctica, a servido a la fiscalía y los tribunales españoles para
ilegalizar por sospechas a múltiples partidos de la izquierda abertzale vasca o
a españoles como el PCE(r) o para intentarlo como en el caso de Izquierda
Castellana (IzCa) finalmente sobreseído, o el actual de I.I.-SP, finalmente
reconocido por el Constitucional español… por ahora. Si, como hace Hacienda,
“cruzamos los datos” de la Ley
de Partidos y la
Constitución Española, en el Art. 9-2-c de la primera
encontramos que es causa suficiente de ilegalidad el “Complementar y apoyar
políticamente la acción de organizaciones terroristas para la consecución de
sus fines de subvertir el orden constitucional” y dado que, en el
Estado español, el “fin” de ETA es la independencia de una parte del estado,
todos y cada uno de los que propugnamos la independencia o la descolonización,
atentamos contra el ya transcrito Art. 2 constitucional
sobre la “indisoluble
unidad de la Nación
española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Existen Estados de
Excepción subrepticiamente declarados.
Creo que, hoy por hoy, y
mientras “la larga marcha de la
izquierda” para la recuperación de su sentido ético y político en Canarias,
en España y en el Mundo continúa, es un hito el encontrarnos con un Alfonso Sastre
encabezando un programa de regeneración ética y social. Un Alfonso Sastre hacia
el que, forzosamente, tengo que expresar mi solidaridad actual y mi respeto
profundo por una trayectoria cultural, intelectual y política plena de valor
personal y de coherencia moral. Por ese Alfonso Sastre que pudimos ver en
Tenerife, como un paseante más, en la
Feria del Libro, acompañado por mi entrañable amigo Rogelio
Botanz (y él sabe porqué es para mí entrañable) que ya había puesto música a
varios de sus poemas desde 2004, o el Sastre, ya sin compañera y con sus ojos
tan tristes como los de Guillermo Tell, que daba talleres de teatro, también en
Tenerife y nos sigue dando auténticos talleres de pensamiento y acción de una
izquierda que se niega a ser el fin fujiyamasco de la historia o el soporte
estético de un sistema político y económico que nos ha llevado al pozo actual.
A pesar de que creo que, por parte e II-SP, hay
evidentes fallos de visión en lo que respecta a esta colonia que tengo por
patria, como “inter-nacionalista” y
como participante de un pensamiento de izquierda socialista y liberadora,
utópica para muchos, pero transformadora de una realidad que ni nos gusta ni
compartimos, tengo que decirle a Sastre: “Alfonso,
Eskerrik asko”. Pa’lante que esta larga marcha continúa.
Canarias a 25 de mayo -Día
de la Liberación
de África- del 2009