El Sr. Monty, el cañón español "Tigre" y su falsedad
Antonio
Cubillo Ferreira *
Estos días pasados,
con motivo del 25 de julio, se ha empezado a celebrar por segundo año una reconstitución
de los acontecimientos que significaron la batalla del contraalmirante inglés
Nelson cuando vino a Canarias, en
Quienes ahora hablan
de españolidad en Canarias todos los días, después de lo del fútbol, y los que
necesitan ensalzar el colonialismo español en estos momentos en que el pueblo
colonizado canario está luchando por su independencia se sacan el viejo cuento
de que un cañón español de
Los archivos ingleses
dicen que el doctor quiso embalsamar el brazo para llevarlo a Londres, pero el
almirante dijo que no, que lo tirasen al agua para que yaciese allí con los
marinos que habían sucumbido en el combate. ¡A lo mejor mucha gente cree de
verdad esa estupidez del cañón Tigre que los españoles se inventaron a
principios del siglo XX, que salieron huyendo de Cuba y Filipinas y que estuvo
poniendo de moda el régimen de Franco y ahora los nostálgicos del colonialismo!
No se dan cuenta los canarios de que todo lo que se refiere a Nelson está muy
bien estudiado no sólo en Inglaterra, sino también en los archivos de las
principales marinas del mundo.
El propio Cabildo se
ha gastado estos días un puñado de dinero, igual que el ayuntamiento
capitalino, y han mandado a fabricar los cañoncitos reproducción del
"Tigre" para regalarlos a los turistas. La gente que no investiga va
y dice incluso: "¡Pues yo he visto el cañón y en los periódicos no se
habla sino de esto en los aniversarios de la batalla!". Fue un artillero
español el que derrotó a Nelson, lo dicen incluso en las charlas con los amigos
los nostálgicos del imperio español.
En las escuelas y
textos españoles se dicen tantos disparates que incluso los alumnos llegan a
creerse lo del caballo de Santiago y la batalla de Clavijo -que nunca existió-,
y lo de Santiago Matamoros, que bajaba del cielo para ayudar con su espada a
matar de un mandoble 40.000 moros y ayudar a los cristianos a vencer en su
lucha contra los moros; y lo de la Armada Invencible, que cuentan los libros
fue destruida por los elementos naturales, en vez de por los rápidos y pequeños
cañoneros del insigne y gran almirante inglés sir William Drake, que le rompió
los timones y los mástiles de los pesados buques con los dos cañones de proa
tirando balas gemelas unidas por cadenas.
Como yo de joven había
leído en las bibliotecas algunos resúmenes de la derrota de Nelson en 1797 en
nuestra isla, les recomiendo que se lean la "Relación circunstanciada que
hizo la plaza de Santa Cruz de Tenerife, invadida por una escuadra
inglesa", de José Monteverde Molina, publicada en Madrid en 1798; otro
documento que recomiendo es el relato de don José de Zárate, primer decano del
Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, o cuantos comentaron aquella
gesta para ver dónde se habló alguna vez del cañón "Tigre".
Precisamente sacado
del relato de Monteverde, y de la carta que este militar lagunero le envió a
nuestro historiador Viera y Clavijo, sabemos por un poema que escribió que fue
una bala gala la que le quitó el brazo a Nelson, y no la historia que
posteriormente se inventaron los militares españoles de un cañón
"Tigre". Fueron precisamente marinos franceses del buque "La Mutine", que combatieron en la noche del 24 de julio
junto con los defensores, los que tiraron con sus mosquetes, y una bala gala,
por casualidad, le rompió el codo a Nelson. Esto del cañón "Tigre"
fue como la batalla de la Victoria de Asentejo, aquí
en Tenerife, batalla que nunca existió sino en la mente de un monje español de
la época, Espinosa, molesto por la enorme derrota que sufrieron los españoles
en el barranco de Asentejo en 1494.
Precisamente en las
buscas que hacía mi amigo y compañero, ya fallecido, J.A.
Padrón Albornoz, por la Biblioteca Municipal de Añaza,
había encontrado tres volúmenes inéditos escritos por don Francisco María de
León y que se titulaban "Apuntes para la continuación de las noticias
históricas de las Islas Canarias, desde 1776 hasta 1836". Se trataba de
tres volúmenes manuscritos del propio historiador, encuadernados en media piel
marrón, signaturas 10-3-12 y 10-3-13 y 10-2-38, respectivamente. Su lectura nos
sirvió de mucho a todos nosotros en nuestra juventud y decíamos que era una
lástima que estos apuntes no estuviesen editados. Todo esto fue publicado en un
libro por el Aula de la Cultura de Tenerife, sólo en 1966, con el concurso del
Instituto de Estudios Canarios, donde aparecía editado por primera vez el
trabajo de D. Francisco María de León gracias a la labor del insigne notario
don Marcos Guimerá Peraza, con notas de don Alejandro
Cioranescu, quien reprodujo con fidelidad el texto
manuscrito del autor.
Pero volviendo a lo
que dice Francisco María de León sobre la batalla contra el almirante Nelson, y
que hoy se puede consultar fácilmente en la edición citada en las páginas
"Pero si tal es
el aspecto bajo el que, con respecto al enemigo, consideramos este hecho, con
respecto a los nuestros, y particularmente con respecto al general Gutiérrez,
vemos sólo en él a un hombre que venció, porque tan malo fue el plan de sus enemigos
que necesariamente había de estrellarse en su ejecución; mas no observamos a un
general valiente en el combate, pronto en la ejecución de planes, intrépido y
atinado, sino a un militar que se sorprende y encierra en el castillo; que no
recorre la línea y anima a las tropas; que hace sólo una salida al muelle
cuando en él no había peligro; que vuelve casi desfallecido y apoyado entre dos
oficiales a la fortaleza; que, encerrados ya los ingleses en el convento de
Santo Domingo, no reúne al punto sus tropas, y al frente de ellas abate y vence
al enemigo; que se deja cortar, por decirlo así, sin procurar restablecer la
comunicación con las tropas de la derecha de la línea, hasta tanto que, por
casualidad, supo que el batallón permanecía intacto; que no se aprovecha en
suma de la victoria que la fortuna ciega le había deparado; porque, a no ser
así, y a no considerar a Gutiérrez todavía sorprendido y azogado, ¿cómo puede
comprenderse esa capitulación; en qué y por qué se deja reembarcar a los
enemigos con sus armas y con los honores de la guerra, cuando debieron haberlas
rendido y quedado como nuestros prisioneros? ¿Cómo no haberse aprovechado de
los planes mismos y contraseñas aprendidas, para haber hecho acercar la
escuadra, ya impotente por falta de su tripulación y tropas, y haberla rendido
o a lo menos algún buque de ella, bajo el cañón de nuestros castillos y
fortalezas? ¡Cuál no hubiera sido entonces la gloria de Canarias y de su
general! Pero Gutiérrez, harto irresoluto y pacato, ni antes dispusiera lo que disponer
debía, ni después supo conseguir todos los laureles que podía, contentándose
con los que ya creyó asegurados".
Cuando J.A. Padrón nos enseñó estos párrafos, nos dedicamos con
ahínco a buscar lo del susodicho cañón "Tigre", a ver si alguno de
los contemporáneos lo había nombrado, pero por muchos esfuerzos que hicimos no
encontramos ningún documento de la época ni posterior que lo citase. Nos
pareció que lo del "Tigre" fue un montaje de los militaristas
españoles para hacerse propaganda y para ensalzar su decrépita y anticuada
artillería, así como para que no se hablase a principios del siglo XX de la
derrota de Cuba y Filipinas. Como de pequeños aprendimos esto, de grande no nos
venían con los cuentos de la celebración de los éxitos del "Tigre",
cuando sabíamos que quien en realidad venció en esta batalla fue el pueblo de
la isla tinerfeña, el valor de las milicias canarias y los grupos de paisanos
mandados por el alcalde de Taganana y las milicias de
La Laguna mandadas por el teniente coronel don Juan Bautista de Castro, muerto
en combate, que se sumaron, ayudados por los marineros del buque de guerra
francés "La Mutine", al mando del capitán Faust, quien con sus setenta y tres hombres quedó en tierra
y contribuyó a la defensa de la plaza.
Hay que reconocer
también que los ingleses vinieron aquí en aquella fecha porque tenían noticias
de la llegada de un buque español cargado de oro y otras riquezas que la
monarquía española había saqueado y robado en tierras del Pacífico. Si Nelson
hubiera venido a conquistar Canarias, como han dicho algunos, habría traído una
flota de desembarco con la caballería y todo lo necesario para ocupar Tenerife,
mientras otra parte de la flota desembarcaba en las otras islas menores
indefensas. Esto no quita para olvidar el valor de los canarios que combatieron
en aquella gesta, pero creemos que el Cabildo tinerfeño debería gastarse su
dinero en hacer reconstrucciones patrióticas como la de la batalla de Asentejo, donde los combatiente guanches
derrotaron completamente a las tropas españolas del bandolero y traficante de
esclavos español Alonso Fernández de Lugo y le arrancaron la bandera de
Castilla que empuñaba. ¡Vamos a ver si se empieza a ser serios y patriotas de
una vez en esta isla!
* Presidente del partido independentista Congreso
Nacional de Canarias, CNC, brazo político del MPAIAC
cnc@elguanche.net ; cubilloantonio@hotmail.com
Publicado en
el periódico El Día, de fecha 31-07-2010