EPÍSTOLA A MI QUERIDO AMIGO PACO BELLO

 

Lorenzo Olarte

 

La organización territorial de la Iglesia Católica en el Estado español jamás ha coincidido lo más mínimo con la territorial estatal en que se asienta, cosa que parece comprensible en razón de la soberanía exclusiva y excluyente de la Iglesia para autoorganizarse.


Pero no parecería nada descabellado en los tiempos en que vivimos que la Iglesia no volviera la espalda al Estado de las Autonomías en que nos hemos vertebrado por mandato constitucional y, en tal sentido, sin perjuicio de la conservación por mera tradición de viejos Obispados que pudieron tener una razón de ser histórica comprensible, aunque hoy ya no lo sea. Y no parece malo reflexionar sobre otras circunstancias que la modernidad, sin que nadie se rasgue las vestiduras, exige revisar.


Aceptando la existencia y subsistencia, si la Iglesia así lo considera, de viejos Obispados como, entre otros, pudieran ser los de Vic, Plasencia, Jerez de la Frontera, Urgel, Astorga, Tarazona, Getafe, Tui, Tortosa, Ciudad Rodrigo, Barbastro-Monzón, Mondoñedo-Ferrol, Alcalá de Henares y Cartagena, entre otros, no deja de ser un tanto llamativa la circunstancia -lo que constituye un cierto agravio comparativo en relación con las Islas Canarias-de que los católicos menorquines, al igual que los ibicencos, por ejemplo, cuenten con "pastor" propio, sin la menor duda porque el Vaticano en su día supo ponderar, por lo que a las Baleares respecta, la circunstancia del "hecho insular", lo que nos parece muy bien.


Si embargo no ha ocurrido igual con Canarias. En el caso balear, por ejemplo, las dos islas mencionadas cuentan, por lo que a la organización territorial estatal atañe, con "consejos insulares", al estilo de nuestros cabildos, instituidos en el Estatuto de Autonomía de Baleares, en 1983, es decir, más de medio siglo más tarde de la creación de nuestros cabildos insulares.


Hoy, por tanto, desde el punto de vista episcopal resulta más que evidente el agravio comparativo con Canarias ya que Menorca e Ibiza, por ejemplo, tienen respectivamente 694 y 570 kilómetros cuadrados de superficie con 86.000 y 110.000 habitantes, respectivamente, mientras nuestras islas no capitalinas de La Palma, Lanzarote y Fuerteventura cuentan por tal orden con 708, 846 y 1.600 kilómetros cuadrados y una población muy superior a los cien mil habitantes cada una, sin contar con los foráneos que también son "iglesia".


En otro orden de cosas, a efectos comparativos, aunque refiriéndonos a la organización del Estado no está de más reseñar a mayor abundamiento que Menorca e Ibiza, ya que hablamos de ellas, tienen 8 municipios la primera y 5 Ibiza, mientras que La Palma tiene 14 Ayuntamientos y 7 y 6 respectivamente las otras dos.


Por otra parte también nos tenemos que preguntar ¿existe en la actualidad alguna razón poderosa, que no sea la del culto a la inercia, para que los dos Obispados canarios dependan del Arzobispado de Sevilla? Comprendo perfectamente que la Iglesia tema al dichoso pleito insular como cualquier mortal. Por ello es sabedora de que a la hora de colmar la actual laguna, cual es la inexistencia del Arzobispado de Canarias, vendría el problema: ¿cuál sería la sede? ¿En Gran Canaria por razón de la mayor antigüedad o en Tenerife?


Hace algunos meses, en unas interesantes declaraciones del Obispo de la Diócesis nivariense a un medio de comunicación local, afirmaba rotundamente que "en la Iglesia canaria no existe el pleito insular". Con independencia de mi desacuerdo con tal criterio, entiendo que el pleito, con mayor o menor medida y virulencia se extiende, lamentablemente, a todos los sectores de la sociedad canaria. Y si no, por lo que a la Iglesia canaria respecta, demos tiempo al tiempo. Lo veremos todos con claridad meridiana tan pronto como nuestra Iglesia, la Iglesia canaria, canaria e independiente, plantee simplemente que ha llegado la hora de rechazar la dependencia de Sevilla para contar con un Arzobispado propio: el Arzobispado de Canarias y la obligada pregunta, como siempre suele ocurrir en estos casos, cuál haya de ser el lugar de su ubicación.


Querido Paco: Desde el Cielo, donde con toda seguridad estarás, con tu estola que concebiste adornada con las pintaderas y envuelto en tu amada bandera con las siete estrellas verdes… ¿verdad que me das la razón?

 

 

Publicado en La Provincia, 18-01-2010