Pedro Brenes *
Es necesario reconocer que 500 años de
colonialismo no pasan en vano. Y que la dominación imperialista española sobre
las Islas, durante tan prolongado período histórico, ha provocado profundas
secuelas culturales y psicológicas en la población canaria.
La alienación de la propia realidad, el
desprecio por sus tradiciones, la ignorancia de su historia y de sus orígenes,
la endofobia y la estúpida admiración por cualquier
simpleza que llegue de “la península” son síntomas, posiblemente inevitables,
que afectan, en mayor o menor medida, a muchos colonizados.
En el ámbito de la actividad política se puede
apreciar claramente esta tendencia hacia el mimetismo y el seguidismo
de las novelerías metropolitanas. Desde los ya lejanos tiempos de
Ahora, ante estas intrascendentes elecciones a
un parlamento europeo en el que nadie cree, repudiado por los mismos ciudadanos
de
Las justificaciones y las excusas de los
admiradores incondicionales de los batasunos oscilan
desde la “solidaridad” hasta la oportunidad de unificación del “campo
nacional-popular canario” que, según ellos, ofrece la participación en el nuevo
engendro político “revolucionario, socialista y bolchevique” (¡nada menos!)
promocionado y financiado por los vascos.
El argumento de la solidaridad
internacionalista, entendida como la obligación de subordinarse
incondicionalmente a un montaje electoralista hispano, resulta tan superficial
y degradante como el hecho de que ninguno de estos colectivos, que nos quieren
empujar a votar por Iniciativa Internacionalista, haya tenido ni voz ni voto
para decidir ni el manifiesto, ni las consignas, ni el “representante” de
Canarias en ese tinglado incoherente e improvisado.
Para colmo, los vascos “bolcheviques” han
nombrado “dedocráticamente” a Antonio Sardá, conocido socialcristiano españolista y declarado
enemigo de la liberación nacional y de la descolonización de Canarias, como el
fiel indígena, sumiso y obediente, que repetirá con fruición el consabido “sí bwana”, con tal de alcanzar el honor inenarrable de
sentarse a la misma mesa (¡qué emoción!) que Arnaldo Otegui.
Y, desde luego, proclamar como un gran avance
del “independentismo” que vengan de “la península” a unificar la “izquierda
nacional canaria”, cuyos grupos socialdemócratas y rojiverdes
no tienen ninguna diferencia ideológica y deberían estar desde hace mucho
tiempo, por su propia iniciativa, contando con sus propias fuerzas y desde un
proyecto político original e independiente, unidos en un partido socialista
democrático, es el colmo de la bajeza política y la expresión acabada del
mimetismo y el servilismo característicos del síndrome del colonizado.
Antes de hablar de la descolonización de nuestra
patria, estos pequeñoburgueses radicales españolizados, que se vuelven locos
por conseguir el reconocimiento y la aprobación de los metropolitanos de Madrid
o de Bilbao, deberían preocuparse seriamente por descolonizar sus propias
mentes.
Los que hemos decidido no ir a votar y llamar al
boicot de estas elecciones al parlamento europeo pretendemos, ante todo, dar
una imagen y trasmitir un determinado mensaje a nuestro pueblo. No nos
preocupan demasiado los resultados, ni hacemos ansiosos cálculos sobre los
posibles votos o sobre el porcentaje de la abstención. Al fin y al cabo, en
éstas como en todas las convocatorias electorales de la democracia burguesa,
los resultados no son más que un indicador del nivel de conciencia política de
las masas populares.
Queremos llevar a nuestro pueblo el
convencimiento de que estas elecciones europeas son una burla, un insulto para
la población de una “región ultraperiférica” (eufemismo vergonzante que
utilizan para nombrar a las colonias como Canarias, Guadalupe, Martinica o
Guayana) que ni siquiera tiene una circunscripción electoral propia.
No contamos para nada, no decidimos nada. Por
eso ir a votar a un falso parlamento sin competencias es hacer el juego a la
hipocresía democrática del imperialismo europeo.
Y si, para nuestra vergüenza, fuéramos como
indignos borregos a votar por el montaje electoralista hispánico de Iniciativa
Internacionalista, “solidario” (aunque su solidaridad y su internacionalismo se
acaban en las fronteras del Estado burgués imperialista español) y muy, muy “de
izquierdas” (aunque en su manifiesto no incluya ni siquiera la
nacionalización de la banca), liderado por los aparentemente radicales y “bolcheviques”
batasunos (pero, en definitiva, reformistas
pequeñoburgueses negociadores con el Estado), caeríamos una vez más en la
ignominia del servilismo, el mimetismo y el seguidismo
españolista.
(*) Pedro Brenes es Secretario General del Partido
Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)