De las
tradiciones, falsos amigos y el deber de fomentarlas
Altakay Ayt Daute
Actualmente
vivimos (en todo el mundo, pero centrémonos en Canarias) un momento de falta de
líderes, de estrés diario, de rutina y monotonía, fruto del sistema actual que
impera en todo el mundo desde la victoria del bloque capitalista y, aunque
conocemos todos a la perfección este modo de vida (por llamarlo de algún modo)
voy a relatarlo.
Los miembros mayores de edad de la casa se
levantan, se asean, desayunan, van al trabajo, discuten con sus compañeros,
odian a sus jefes, se nutren de la basura que aparece en los programas y las
revistas del corazón (material que en tal caso llega a ser el colesterol del
alma), vuelven a casa y se acuestan apenas llegar sin prestar atención a los
hijos, que se han dedicado a estudiar y a ver la televisión y sin ni siquiera
observar a sus ancianos padres que, como ya no producen para el líder
imperialista Don Dinero (con respeto en este país, Don Money, por lo de la
procedencia y eso, ya me comprenden), se les trata como basura. Las horas de
las comidas pasan a ser utilizadas para el adoctrinamiento de las mentes en el
“Just Do It”, en el “puedes
hacerlo”, que hace sentir a todos superiores a los demás.
Esto antes relatado parece espantoso, pero
espero que el lector medio acepte que es así, que soy crudo pero sincero: nos
hemos convertido en máquinas de producción, en obreros acomodados gracias a
nuestra TV y nuestro microondas. Esto nos ha traído de la mano algo muy crudo:
amigas y amigos, hemos perdido las tradiciones. No hablo de las tradiciones
únicamente refiriéndome a las culturales (a la que me dedicaré en párrafos
siguientes), sino a las sociales en general. Lo que anteriormente era un
recipiente cargado de sabiduría como es el abuelo y la abuela, a quién se
recurría en busca de cariño, de experiencia y de calor humano, hoy es
considerado como otro recipiente, como un cubo, pero de basura. Véase, para
ilustrar mi argumento, las siguientes afirmaciones cotidianas (por desgracia):
“calla, abuelo, que sabrás tú”,… “quita, viejo, que me estorbas”,… “¿Cómo que
nos llevamos a tu madre de vacaciones?”.
El ser humano ha perdido el norte, pues sin
el saber aconsejar de nuestros viejos (llamados así con su venia, claro) no
sabremos esquivar los problemas que nos acosarán, que serán similares a los que
ellos ya pasaron y que supieron solucionar. Sin su experiencia, sin sus
historias, lo que actualmente sabemos estaría perdido en el pasado más oscuro
que podríamos imaginar. Sin embargo, y antes de dejar que nuestros hijos
aprendan algo de estos libros de historia que respiran y comen (¡ANDA! Como los
demás no mayores de cincuenta años, quien lo diría), entregamos sus mentes a
los canales de televisión que banalizan la vida, convierte a ser humano únicamente
en un número y una fachada y nos inculca, casi sin poder darnos cuenta, los
ideales de superioridad que vemos por las calles actualmente.
Y como antes me referí a lo cultural, voy a
proseguir este breve artículo hablando de eso mismo. En nuestra Canarias
vivimos actualmente una época de sumisión a la rutina de demasiada pasividad,
lo que nos lleva a perder nuestro carácter alegre y jovial, nuestro deseo de
aprender y de enseñar, de mantener lo que, con maestría no igualable a ningún
nivel, se los legó hace muchísimos siglos, y eso, lectores, nunca lo debemos perder, pues
debemos defender nuestro patrimonio cultural de la mentira que intenta hacer
desaparecer sus verdaderos orígenes guanches.
Debemos escuchar más a nuestros sabios, esos
que nos muestran el arte del Tajaraste y nuestra desaparecida (por desgracia)
forma de vida, y menos a los
“iluminados” de algunos medios de comunicación que, desconociendo yo sus
intenciones, bombardean nuestra cultura colocándole unos orígenes claramente
falsos, cargados de errores y mentiras. Debemos defender lo nuestro de los
ataques, ya sean activos y pasivos, de los que intentan hacerlo desaparecer
bajo el manto de una supuesta importación cultural que es claramente falsa.
A modo de conclusión, les pido a ustedes
que recapaciten, que no se engañen, que nuestra cultura y el legado que
nuestros Honorables Padres, Los Guanches, nos dejaron
no se queda en el gofio, que va más allá, que se embadurna de siglos y siglos
de historia, de miles de oídos que escucharon y de lenguas que musitaron
verdades… no hagamos oídos sordos a nuestro deber como hijos de Canarias de
extender nuestra cultura y de sentirnos orgullosos de lo que somos. No nos
dejemos nunca engañar por este sistema salvaje que nos intenta convertir en máquinas
inertes sin historia, sin pasado, sin cultura, sin nuestros mayores y sin
nuestras raíces.