A propósito de Raíces
del volcán dormido
Relatos
extraordinarios de Félix Martín Arencibia
Teodoro
Santana
“¿Has visto tal película? No te la pierdas”,
decimos muchas veces. O, como en esta ocasión, ¿han leído el último libro de
Félix Martín Arencibia? ¡Ni se les ocurra perdérselo! La buena literatura tiene
esto: que nos entra en vena y nos expande el espíritu. Y, como Raíces del
volcán dormido, es, ante todo, apasionante y entretenida.
Félix Martín
Arencibia es un escritor comprometido. Comprometido con nuestra tierra, con
nuestra historia, con nuestra cultura y con nuestra gente. Especialmente, como
enseñante, pero, sobre todo, con su trabajo de un magnífico escritor,
articulista, narrador y poeta. En todas esas facetas, la obra de Félix Martín
Arencibia es clave para que las generaciones de canarios actuales y las del
futuro puedan entenderse, ser lo que somos.
Estamos ante
un libro escrito en nuestra forma del castellano. Esto es algo que ni se darán
ustedes cuenta porque, desde la primera frase, la naturalidad con que
percibimos los relatos nos hace olvidarnos de ella. Este es el secreto de todo
buen creador: la trama nos hace olvidarnos del artificio. Claro que este
"artificio" no es otro que ir a contracorriente de la
despersonalización lingüística a la que somos sometidos, y que hace que, en
general, el lenguaje -y su lectura- nos
resulte algo artificial y artificioso.
Pero esa
belleza, esa naturalidad, ese, digamos "déjame entrar" de la
escritura de Félix, es también la de la calidad de su narrativa. Por apuntar
una de sus características, sus diálogos están magníficamente resueltos, más en
la tradición de la literatura anglosajona que en la escrita en castellano, que
siempre ha adolecido de muy pocos y muy poco creíbles diálogos.
Pero, sobre todo, los relatos de Raíces del volcán
dormido se atienen a la exigencia que Oscar Wilde expresaba: "Para
ser escritor sólo hacen falta dos cosas: tener algo que contar, y
contarlo". Quiero decir que, a diferencia de la narrativa al uso, aquí
pasan cosas. No se trata de aburridos monólogos metafísicos sobre traumas de
interés sólo para un acomodado autor. Bien al contrario, Raíces
es una colección de cuentos verdaderamente extraordinarios que nos atrapan, nos
entretienen y, al final, nos dejan con ganas de más.
Así, en La
biblioteca extraordinaria, Félix nos conmueve con lo que empieza siendo una
situación desgraciadamente común, la enfermedad de un miembro de la familia,
para retratarnos con agilidad y precisión la realidad más compleja en que
vivimos. Y para llevarnos mucho más allá de esa realidad.
Querido
maestro, texto que debería impartirse
en nuestras Escuelas de Magisterio, es un fresco palpitante y apasionado sobre
la profesión de enseñante, en la que se entremezclan varios hilos argumentales.
Pero, como en todos los relatos de Félix Martín Arencibia, es también algo más:
un paisaje de nuestra gente, de nuestras madres... Y del amor, esa enfermedad
de difícil remedio.
El abuelo
rumiaba su soledad es un
daguerrotipo, irónico y certero, del amor y de la falta de amor. Y también de
ese estoicismo tan presente en lo que se ha dado en llamar "el alma
canaria".
El breve Fuegos
de volcán es casi un poema sobre la pasión amorosa, entrelazado con los
signos que nos atan a esta tierra.
Andamana
cambió una mañana es un viaje de la
enfermedad a Cuba, un relato que cruza un universo femenino lleno de voces de
mujeres, y también de vida.
Presagio es un cuento que empieza de forma aparentemente
normal: una pareja que va a comprar ropa para el verano, y entonces...
Por último, Bajo
el cernícalo azul comienza con la letal determinación de una venganza, y
termina siendo mucho más que eso.
Disculpen que
no les cuente más, pero ¡tienen ustedes que leer el libro!
Eso para los
lectores que van a disfrutar con Raíces del volcán dormido. Para
sesudos eruditos, que también tienen derecho, los pobres, mi particular
anotación sobre el dominio de los elementos simbólicos, presentes en todos los
relatos, y que Félix maneja con maestría y desparpajo para hacer sonar en nuestras
mentes y en nuestros corazones las notas que quiere. O para divertirse y
divertirnos, como hace a veces socarronamente con los nombres de los
personajes. Unos personajes a los que el autor ama, y de los que nosotros
enseguida nos enamoramos también.
En
definitiva, un gran regalo este nuevo y maravilloso libro. Yo me lo he pasado
fetén leyéndolo y, como les pasará a ustedes, me he quedado con la miel en los
labios esperando más relatos de Félix Martín Arencibia. En manos de este gran
escritor canario está el que podamos leerlos pronto. Ligerito, maestro, que nos
tiene usted engolosinados.
Canarias, mayo de 2009