La resaca electoral

 

Jaime Bethencourt

 

No nos equivocábamos en nues­tro análisis cuando días antes de las elecciones para elegir diputados al Parlamento Europeo ya aventurába­mos que la abstención sería la opción política preferida para los palmeros y canarios. Otra cosa diferente es que, como es habitual y haciendo uso abu­sivo del principio de la relatividad, las tres organizaciones mayoritaria, tra­ten ahora de magnificar su precario éxito o de maquillar su fracaso en razón a ininteligibles argumentos sobre el resultado obtenido, ignoran­do que más de la mitad de los electo­res de la Isla renunciaron a dar su confianza a cualquiera de las candidaturas aspirantes.

 

Por aquello de que las matemáticas son una ciencia exacta, no entendemos la chulería y el inflado de pecho del Partido Popular palmero cuando a pesar de su relativa buena cosecha de votos, fueron cerca de 66 mil personas las que dieron la espalda a sus candidatos y a su programa político. O para mejor entendernos, sólo le votaron aproximadamente el 15% de los ciudadanos de la Isla con derecho a ejercer el sufragio. Haría bien el candidato popular forá­neo afincado en la Isla, don Gabriel Matos, en incluir estos datos en sus eufó­ricos análisis, aunque también es verdad que, frente a su aparente satisfacción por poder practicar la defensa del común, sus alegrías pudiesen tener más que ver con sus inmediatos y privilegiadísimos honorarios -sueldo y dietas inclui­dos-, cuantificados en hasta 13 mil euros mensuales que le reportaran su nueva ocupación como diputado en Estrasburgo. Será precisamente a partir del pre­sente mes de junio cuando los diputados ahora elegidos por la circunscripción española, verán sus sueldos duplicados, olvidándose prematuramente de sus hipócritas recetas electorales para solventar la crisis o acabar con los alarman­tes niveles de desempleo, infortunios sociales estos convertidos en especial­mente endémicos tanto en La Palma como en el resto del país canario.

 

Los analistas de Coalición Canaria, harían bien en incluir en sus debates internos las negativas consecuencias de su cohabitación con el Partido Popular. A la vista está que como cosecha de los actuales pactos, la rentabilidad electoral se desplaza a favor de la derecha españolista, y de ahí la aconsejable necesidad que tienen los ¿nacionalistas? canarios de analizar urgentemente el parasitismo político que en detrimento suyo y con tan per­niciosos resultados desarrollan sus socios de gobierno del PP. Nada ya digamos de la comprometida y contradictoria foto electoral en la que CC da plantón a su conyugue españolista y conservador para flirtear en su aventura electoral con nacionalistas vascos y catalanes para, días después, reconciliar y recuperar su antigua rela­ción con el PP. En clave de incógnita, cabe además preguntarse si la factura electoral de las imputaciones judiciales recaídas sobre el Partido Popular y su presidente Soria, finalmente ha sido también costeada por Coalición Canaria con un estancamiento electoral o, lo que es peor, con la pérdida de un nada despreciable puñado de votos.

 

No creemos que la actual crisis económica, por si sola, haya sido determi­nante en la pérdida de apoyos del PSOE. Su candidato López Aguilar en su desaforado egocentrismo y su desmesurado discurso de reiteradas e innecesa­rias descalificaciones, quebró la imagen tolerante de sus compañeros de Gobierno. Los conflictos internos de la mal avenida familia socialista, hicie­ron el resto.

 

Añadidamente a las premisas de que poco nos vamos a jugar los palmeros y los canarios en Europa y de que los poderes de decisión deben de estar en nuestra propia tierra, dejamos en mano de los sociólogos la respuesta que nos pueda dar luz sobre el hecho de que los trabajadores de las islas que acudie­ron a votar, lo hicieran en buen número por la derecha, ideología esta históri­camente enemiga y contraria a sus intereses. Aún a riesgo de que nos llamen antidemócratas, dejamos para mejor ocasión aquél proverbio romano que afir­maba: "Vox Populis, vox deiPara nuestra suerte y tranquilidad intelectual, más de la mitad de nuestro pueblo no habló. Algo es algo, diría la graja.