EL SÍNDROME DEL
COLONIZADO Y LA
LUCHA POR
Andrés García Montes
Tal como manifiesto en mi última entrega
titulada: “
Planteado el problema dentro de estos
parámetros, creo que el reto más urgente y necesario es inducir a nuestro
pueblo a que tome conciencia de su realidad histórica, al calor de la
estructural crisis que inevitablemente nos castigará y que la única solución
está en el rompimiento de las cadenas coloniales que son los culpables de esa
realidad después de 600 años de opresión.
Pero un acto de esta naturaleza presenta
amplias y complejas dificultades, que exigen una adecuada estrategia del
movimiento por la independencia para adaptarse a la realidad histórico-cultural
desarrollado a lo largo de seis siglos de vigencia, en cuyo dilatado período se
ha impuesto y consolidado un modelo cultural, no solo tergiversador de nuestra
realidad, sino embrutecedor y alienante, que ha venido tergiversando y
distorsionando la cultura y la personalidad del canario, cuya bestial
influencia llega a términos que sobrepasa lo increíble, para llegar a lo
asombroso.
Veamos sólo algunos ejemplos del alcance que
en los patrones de conducta del canario le impone esa cultura, producto de esos
600 años de coloniaje.
Comencemos por lo que se entiende
generalmente por cultura. Desde el punto de vista antropológico, “Cultura es
todo aquello que crea o transforma el hombre con su trabajo”. En efecto la
cultura es todo, desde lo creado por el intelecto humano, hasta la realización
física y objetiva que su esfuerzo físico e intelectual crea, desde los bienes
de consumo, hasta los códigos morales, valores estéticos y cognoscitivos, variada
formas de lenguaje y comunicación, etc. A todo este complejo de manifestaciones
se le define cultura, por tanto, la cultura constituye un elemento
indispensable de la personalidad y la identidad de cada individuo y en
consecuencia del conjunto social al cual pertenece, su trascendencia ha llegado
al punto de convertirse en un derecho humano universal, inviolable e
incuestionable, según el Artículo 22 de
Hay indicios para pensar que los
colonialistas tuvieron claro, desde muy temprano, que para dominar al
colonizado había que destruir su cultura e imponer la de ellos. Con relación a
esto veamos lo que nos dice el compañero Francisco Javier González en su
extraordinario trabajo “
La bestialidad represiva de
estos actos queda bien expuesta al obligar a nuestros aborígenes a desarrollar
mecanismos de ajuste y defensa cuya proyección llega a nuestros días.
Lo que libraba a nuestros
aborígenes de estas terribles penalidades, era que pudieran demostrar que
estaban bautizados o en vías de bautismo. Incontables veces le oí a mi
inolvidable abuela materna, una encantadora viejita que murió en la década de
los 60 cerca de los 100 años saludar a los que se cruzaban en el camino o nos
visitaban con unos “Buenos días cristiano”, “¿Pero usted hizo eso cristiano?
“¿Qué desea cristiano?” expresión que denota como nuestro pueblo tuvo que
desarrollar mecanismos de adaptación y defensa ante el terror desatado,
agregando la calificación de cristiano como medida de autoprotección y de
protección a su interlocutor. Hondo y profundo ha tenido que ser ese trauma
cuando campesinos analfabetos sin la menor noción de Historia, más de 450 años
después no hayan podido borrar el tormento generado por aquellas salvajes
represiones. A ello ha contribuido la prolongación en el tiempo de ciertas
medidas y leyes como aquella que castigaba con la pérdida de la mitad de sus
bienes y con 100 azotes a quien diese de comer o prestase ayuda a un guanche
rebelde o perseguido.
El ya citado autor, en su mencionado trabajo y refiriéndose al
proceso cultural del pueblo colonizado nos dice: “esta colonización cultural,
está aculturación, es tan fuerte que ha creado -al menos en apariencia- un
individuo diferente. Ya señalamos que la
colonización lastra por tiempo indefinido al pueblo que la sufre, secuestrando
el peso específico de su propia o posible identidad y mentalizando
negativamente a sus individuos, en los que se desarrolla “un complejo del
colonizado”. Se hacen recelosos de sí mismos, se infravaloran, ocultan sus
pensamientos, su identidad, su cultura que parece despreciarse a sí mismo. Esos
pensamientos se van haciendo más fuerte con el paso del tiempo y la
persistencia de la colonización. Se establece incluso una división vital, con
una fachada exterior, donde se adopta totalmente la cultura impuesta, se le
ensalza, se le supervalora no se le discute y otra interna, donde sobreviven
soterrados elementos de la vieja cultura. Poco a poco, con el transcurso del
tiempo, se realiza una simbiosis. Una mezcla cultural que origina una cultura
especial, la de un pueblo colonizado cuyo punto de arranque es la conducta
histórica del pueblo sometido frente a la postura cerrada del colonizador”.
En una magistral exposición,
el compatriota Francisco Javier González, nos ha expuesto la cultura que adopta
el pueblo colonizado, cuya principal manifestación es el llamado “Complejo o
Síndrome del Colonizado” que se manifiesta a través de un conjunto de
características extremas. Algunas de ellas son: Colocar a la metrópoli no en un
lugar importante sino divino. Es tan enorme y aplastante la subvaloración de su
personalidad que se ríe, se burla y se menosprecia a sí mismo y a su pueblo,
como consecuencia de una prolongada sumisión y sometimiento, impotencia y
represión, la práctica del degradante servilismo es otra manifestación de ese
síndrome, también como consecuencia de lo antes enunciado es portador de
grandes cuotas de miedo. En términos generales la cultura del canario se
caracteriza por: una apariencia noble, tranquila, sosegada siempre dispuesto a
servir, a ayudar a sus semejantes, posee una elevada capacidad de adaptación a
las circunstancias y al medio, generalmente muy desconfiado, posee grandes
dosis de miedo, es generalmente conservador, carece en términos generales de un
elevado sentido emprendedor, se muestra apático y desinteresado ante los
fenómenos que lo rodean, pero esto es sólo en apariencia, pues es un gran
observador, es flexible y tolerante fuera de su entorno íntimo, siempre está
dispuesto a dar una salida humorística o jocosa a las dificultades, posee una
ínfima capacidad de protesta y reclamo de sus derechos, recuerda casi en forma
observa sus deberes y obligaciones mientras finge olvidar sus derechos. Hay un
deseo permanente de pasar desapercibido, el canario rechaza al figurón
orgulloso o prepotente, no abundan los canarios figurones, pedantes o
petulantes, existe en el hombre canario una fuerte predisposición a exagerar el
valor de lo foráneo e infravalorarse a así mismo y a su conjunto social, muchas
veces esa tendencia determina un desprecio a sí mismo y a su conjunto social,
el canario es muy susceptible al halago, posee una buena dosis de romanticismo,
es un hombre marcado por la melancolía e hipocondriasis, que muchas veces llega
a somatizar, en sus conversaciones y normas de conducta se observa una casi
perpetua nostalgia, el canario en significativo número tiene un fuerte rechazo
a la política; estas, entre otras características, identifican a nuestro modelo
cultural, como nefasta herencia de ese proceso histórico vivido, caracterizado
por constantes ridiculizaciones, un medio opresor, la dirección impuesta por la
fuerza, el desconocimiento al derecho a elegir su propio destino, la privación
y pisoteamiento de sus más elementales derechos, el
trato despectivo, discriminativo y racista, recibido por largo tiempo, la no participación en la toma de decisiones,
la imposición de ciega obediencia, la obligación de rendir pleitesías, el
forzoso servilismo, la perpetuidad en el tiempo de ciertas normas
socio-culturales y políticos-culturales, la supervivencia de normas jurídicas
arcaicas y desfasadas en el tiempo, el vasallaje, la ciega obediencia y el
sometimiento, como norma social imperante en el tiempo, la impotencia, la
enseñanza racista y discriminatoria, el abuso y el ultraje institucionalizado,
la explotación sin medida, el analfabetismo crónico, etc, etc.
Cómo negar que el conjunto de
características señalado sea el producto de ese largo proceso histórico que ha
ido dejando la huella de su dedo delator en esa cultura que como fiscal
acusador hoy eleva su voz ante el Tribunal de
Sólo hemos hecho un muy ligero
esbozo de los hechos que han terminado imponiendo un determinado modelo
cultural a nuestro noble y sufrido pueblo, en consecuencia, el canario no es
culpable de gran parte de sus patrones de conducta, es sí víctima muchas veces
de sus propios actos. Esto científicamente lo probó el llamado Padre del
Psicoanálisis: Segismundo Freíd, uno de cuyos principios reza así: “A lo largo
de su vida todo hombre demostrará en sus patrones de conducta la enseñanza del
medio ambiente donde forjó los parámetros centrales de su personalidad de uno a
cinco años. Esto que hoy nadie discute al probarse que el individuo aún siendo
feto ya recibe influencias del medio, tuvo sus opositores a mediados del pasado
siglo cuando se expuso. Así que esta realidad hecha por tierra aquella
afirmación: “usted es así, porque le da la gana”. Nada más lejos de la
realidad, todo ser es moldeado por el medio en un determinante porcentaje”.
Todo esto ha sido expuesto
para tratar de demostrar al patriota canario, al encargado de convencer a la
mayoría de nuestro pueblo, que la lucha que tenemos no es fácil, que tenemos
que afrontar esta titánica labor con conocimiento de causa, teniendo claro que
la conducta que asuman nuestros interlocutores no es culpa de ellos, por tanto,
debemos trazar estrategias, hacer gala de una infinita paciencia y tolerancia,
afrontar el reto con la firme convicción del triunfo final, con perseverancia y
renovado entusiasmo, convencidos que los cambios de los modelos culturales son
difíciles y reclaman tiempo. Estos y otros aspectos son de incuestionable valor
en la lucha que nos espera.
No admite discusión que el
mayor reto que la lucha por la independencia de Canarias plantea es cambiar el
modelo cultural impuesto por el colonialismo, por la nueva cultura que la
realidad independiente y soberana de una Patria Libre exige. Los patriotas
canarios tenemos que tener muy claro, que los encontrados intereses que en este
proceso chocan, tienen capacidad para distorsionar, cambiar y hasta poner en
peligro las conquistas que se logren con ese trascendental salto histórico, el
único aspecto que nos pueden garantizar las conquistas sociales-políticas,
económicas y culturales, que tal hecho genera, es tener un pueblo unido,
consciente y dispuesto a no dejarse arrebatar las conquistas logradas y, para
ello, es necesario conocer y estar convencidos de la razón histórica que le
ampara.
Todos los patriotas debemos
tener claro que en nuestra labor patria, nos vamos a encontrar con duras,
dolorosas y variadas reacciones, cuyo campo es tan amplio y diverso, que va
desde el que se muestre indiferente o confundido, hasta el que reacciona
violentamente en abierta y firme defensa de su verdugo. Habrá quien adopte una
actitud de indiferencia o confusión, pues nunca ha oído decir nada sobre eso,
hasta quien adopte actitudes de sabelotodo, burla y se siente ofendido por
poner en duda su españolidad. ¿Cuál debe ser nuestra posición ante esa
adversidad de posibles reacciones? Esta debe tratar de estar no sólo a la altura
que las circunstancias exijan, sino adaptada a la realidad histórico-cultural
de nuestro pueblo, tratando siempre de colocarse en un nivel superior, siempre
dirigido a mantener la puerta abierta, que nos permita volver a seguir
dialogando, pues es la mejor forma de convencer y mantener buenas y adecuadas
relaciones, indispensables para persuadir y concienciar, todo esto sin olvidar
que hay circunstancias en que hay que alterar ciertos patrones de conducta,. En
más de una oportunidad se me ha presentado la disyuntiva de plantear el
problema ante un grupo de canarios y uno reacciona violentamente en defensa de
su verdugo, tratando de burlarse y ridiculizar las posturas patrióticas en
forma intransigente, lo que me ha obligado a tratar de apabullarle y acorralarle,
pues tenemos en estos casos que ponernos en función de la mayoría. Con esto
deseo decir que debemos saber adaptarnos al medio y a las circunstancias que se
planteen. En fin como ya se dijo, lo que tenemos frente no es fácil, es un
camino difícil, complejo, intrincado, arduo, escabroso, pero es el camino.
[1]La
crisis mundial y la lucha por la independencia de Canarias