Todo tiempo
pasado… ¿Qué seguía?
Altakay Ayt Daute
No es a nadie oculto que, aunque hace más de
treinta años de la muerte del general Franco, dictador español y fascista desde
el año 1939, tras la victoria en la Guerra Civil de las tropas sublevadas contra
el gobierno establecido, la II República, desde 1931, las cosas (en muchas
materias) siguen prácticamente igual, aunque con la Constitución de 1978
llegaron a España las libertades democráticas. A lo que me refiero con “las
cosas siguen prácticamente igual”, es a las menciones honoríficas a los
vencedores y a la oscuridad obligada de los vencidos.
Empecemos por el principio: Franco (ya
durante la guerra) comenzó a afianzar el sistema ultranacionalista, ultra
católico y fascista de su dictadura personalista. Esto lo hizo filtrando el
partido político fundado por Primo de Rivera durante
Tras la victoria de 1939, centrándonos en lo
militar, a generales con méritos en España que no apoyaron el ilegal levantamiento
se les despojó de sus honores y se les difamó, mientras que a militares
fascistas cobardes y faltos de palabra, se les impusieron medallas (más que
inmerecidas) por algo que, además de no hacer, no fue legal. Con los soldados
rasos ya para qué vamos a hablar: asesinatos, “juicios” que casualmente
acababan siempre en paredones, cárcel, fosas comunes,… A los fallecidos del
bando nacional se les colocaron monumentos en su memoria y se les ofrecieron
honores, a los republicanos sólo se les “ofreció” trabajar en el Valle de los
Caídos, donde murieron y fueron enterrados en fosas comunes. Ahora, los
fascistas actuales (que se saben ocultar muy bien bajo la manta del
progresismo) dicen que abrir esas fosas o dar el reconocimiento que merecen los
republicanos es hacer que sangren viejas heridas que se suponen cerradas,
heridas que abrieron sus antecesores, aunque parecen haberse olvidado de ello.
Dada una breve reseña histórica, hablo de lo
que realmente me ha traído a escribir este artículo. El régimen fascista visto
en la actualidad. ¿Por qué nos da miedo hablar de restablecer la dignidad, de
enterrar honrosamente a los asesinados por el bando nacional, de quitar de
nuestras vías públicas estatuas y nombres que, en realidad, fueron de traidores
a España y a su gobierno legalmente constituido? ¿Por qué? ¿No será que la
supuesta madurez del pueblo español, el final de lo denominado las “dos Españas”, es mentira? ¿No será que no se han solucionado
las cosas, sino que se apartaron estas cuestiones de la mente popular y
política? Pues como escuché en una canción hace ya tiempo, todo lo apartado en
el pasado, la corriente lo empujará hasta el presente. Mientras en España no se
solucionen estos asuntos no se vivirá bien. Mi apoyo a las organizaciones que día
a día trabajan por estas verdades, seguid así pues muchos ciudadanos os apoyan,
tanto españoles como de otros países.
Y respecto a Canarias, durante el régimen
fascista de Franco fue duramente castigada con purgas donde murieron gran
cantidad de librepensadores, de comunistas, de masones, de liberales, de
artistas, esclavizando aún más a la población, población que sangra por esto, y
seguirá sangrando, pues la herida de la esclavitud y el deshonor no es fácil de
cerrar, por no decir imposible. Exijo reconocimiento para mi pueblo, que
también luchó, sufrió y perdió, comenzando un gran sufrimiento, pues peor que
una guerra injustificada, es una guerra injustificada y con la que no tienes
nada que ver, teniendo que luchar por obligación y amenazas.
Por último, me hago eco de toda la sociedad
y pido verdad, justicia y madurez para entablar un debate serio sobre esto para
solucionar de una vez por toda y de manera definitiva y real las deudas (y
dudas) históricas en las que está sumida España y nuestro territorio desde
1975. Los mismos ideales de libertad son los que defiendo con este artículo: la
libertad de poder salir a la calle y no sentir vergüenza de leer nombres como
los de la calle del Alzamiento o la calle de falangista tal, o falangista cuál,
y mucho menos calle del Caudillo o calle de Francisco Franco: FUERA DE
DICTADURA DE NUESTRAS CALLES, VIVA LA VERDAD.