Vasco-guanche
José
A. Infante Burgos *
Hay teorías sobre la
expansión gradual de los pueblos, tribus y clanes por el planeta, aunque
algunos parámetros de investigación parecen ya aceptados por la mayor parte del
mundo científico y demostrados en la actualidad.
Superados los largos
periodos de las grandes lluvias que se produjeron entre el
El rastro lingüístico
es una buena herramienta para conocer las derivaciones y caminos emprendidos
por los distintos pueblos. Su estudio es fundamental para reconocer parte de
los andares genéticos de cada población. Me refiero ahora a un trabajo, en la
línea de otros muchos en la misma dirección, editado por: Complutense (Madrid
2000), titulado "Egipcios,
beréberes, guanches y vascos" y en la que sus autores, Arnáiz, A. / Alonso, J., hacen una tesis de rastreo y
ligazón lingüística entre diferentes idiomas emparentados entre sí:
"Las lenguas usko-mediterráneas vivas son el vasco y el bereber, esta última muy dañada por la influencia del
árabe. Existen, además, idiomas que lo fueron, ligados como el
ibérico-tartésico, el etrusco, el lineal A cretense, el guanche, el egipcio y
otros de oriente próximo (hitita, eblita, elamita y
sumerio). Genéticamente, todos los pueblos que hablaron estas lenguas están
emparentados con las primeras expansiones desde el norte de África y
Mediterráneo. El empuje griego -todo lo heleno-, a diferencia y por ejemplo, no
lo está y representa a gentes llegadas más recientemente desde el norte
asiático (después de
Los contactos
mediterráneos por mar fueron frecuentes en las últimas épocas glaciares e
interglaciares y el flujo genético, cultural y lingüístico fue también
importante y ahora demostrable. Muchos de estos pueblos engrosaron su inicial
herencia genética y cultural con otros grupos que, sin duda, emigraron desde el
fértil Sahara cuando se evadían de las condiciones cada vez más áridas que se
fueron dando progresivamente desde 6.000 años a.C.
hasta ahora.
La extinción abrupta
del idioma guanche en las Islas Canarias refleja una lamentable historia de
crueldad e incomprensión por parte de los conquistadores españoles, de cuyo
alcance se ha hablado poco. La traducción desde el vasco de las inscripciones y
nombres guanches restablece, en parte, la identidad perdida de un pueblo con
fuertes creencias religiosas y sólidas estructuras sociales. Igualmente, la
cultura bereber (Imazighen),
olvidada por la historia, silenciada y temida por el pan-arabismo islámico, ha
sido puesta en esta obra en un contexto racional y regional, resaltando su
parentesco con los mediterráneos antiguos de la orilla Norte y
Qué duda cabe de que
parte de las conclusiones de este libro pueden calificarse de atrevidas, pero lo
que parece contundente, por otros concienzudos esfuerzos académicos, es la
existencia de una raíz común entre el único idioma no latino de
¡El mundo es un
pañuelo!