Gripe
A y comienzo de curso escolar
Manuel
Marrero Morales *
Desde el
martes 1 de septiembre comenzará la actividad académica: escuelas infantiles,
exámenes en secundaria, profesorado en todos los centros educativos, y, a
partir del 8, la incorporación del alumnado de infantil y primaria a sus aulas,
que se completará con secundaria, bachillerato, Formación Profesional y todas
las restantes enseñanzas no universitarias, a partir del 14. Finalmente, lo
harán los estudiantes universitarios. En total, entre alumnos no universitarios
(407.000), universitarios (48.000), profesores no universitarios (28.000),
universitarios (3.500), personal de administración y servicios de centros no
universitarios (6.000) y universitarios (1.500), en todos los centros
educativos canarios pueden concentrarse unas 495.000 personas (un 25% de la
población del archipiélago).
Todos los
posicionamientos públicos de los diversos sectores que representan a la
comunidad educativa (sindicatos de profesorado, APAs, alumnado,...) mantienen
un denominador común ante la pandemia de la gripe A: incertidumbre. Todos se
dirigen a las autoridades educativas y sanitarias, estatales y autonómicas,
para exigir información, medidas a adoptar,... No obstante, por el momento,
ningún responsable público quiere afrontar la situación, impera el silencio,
que podría ser interpretado como prudencia o como forma de no generar
alarmismo. O tal vez sea la indeterminación propia de los momentos de crisis.
Las
conjeturas que los ciudadanos de a pie nos hacemos son muchas. Y tenemos muchas
preguntas sin respuesta. No son suficientes los carteles con los consejos
acerca de cómo se debe estornudar, o el número de veces que hay que lavarse las
manos... No cumplen el efecto tranquilizador, apenas informativo, que
posiblemente pretendieron los que diseñaron la campaña.
Necesitamos
información, como padres y madres, a los que nos preocupa la vacunación masiva
que parece pretenderse entre la población escolar, y nos preocupa también el
dejarlos sin vacunar. Nos preocupa el posible colapso de los servicios
sanitarios, cuando existe la probabilidad de que se incremente exponencialmente
el número de afectados, con la entrada del otoño y la bajada de temperaturas.
Nos preocupa el contagio seguro que se va a producir en los centros educativos.
Nos preocupa la salud de nuestros hijos y nos preocupa su formación y su
atención, si tuvieran que quedarse sin clases.
Necesitamos
información, como profesionales de la enseñanza, que vamos a tener a nuestro
cargo a miles de niños, adolescentes y jóvenes, desde los primeros días de
septiembre, sin saber cómo actuar desde los centros educativos. ¿Tiene carácter
obligatorio la vacuna contra la gripe estacional? ¿Dónde se va a efectuar, en
los centros educativos o en los de salud? ¿Qué mecanismos de control están
previstos? ¿Qué protocolos de actuación están diseñados? ¿Volverá a imperar la
improvisación y las ocurrencias, como sucede con frecuencia en
Desde el
Ministro de Educación, el Sr. Gabilondo, hasta
Cuando se
habla, desde
Cuando se
habla de las ventajas preventivas de una vacunación masiva de la población
escolar, o del posible “cierre de colegios” o su posterior replanteamiento del
“envío de estudiantes a casa”, se reconoce que es la medida que requiere mayor
preparación, por varios motivos: su potencial mitigador, su capacidad para
ocasionar disrupción social por sí misma, y las dificultades en su aplicación
precoz y en su mantenimiento. Parece que es una decisión que va a quedar en
manos del Estado.
Me da la
impresión que nuestros responsables públicos, ante el temor a equivocarse con
las medidas a adoptar (decisión, por supuesto, nada fácil), tienen sus
esperanzas puestas en que la propia sociedad se autorregule. Los responsables
políticos, pues, parecen esperar a que la sociedad adopte medidas proactivas, por ejemplo, que las
familias por cautela decidan no enviar a sus hijos a clase. Nuestras autoridades parecen temer las
posibles medidas reactivas y negativas hacia ellos, si las que adoptaran no
fueran acertadas, siendo o muy precoces o muy difíciles de mantener en el
tiempo.
En
definitiva, sigue faltando información y capacidad de decisión.
* Profesor y miembro del STEC-IC