Nota de agradecimiento para

Dña. María Antonia Reyes Ávila.

 

El 6 de Marzo los canarios que partimos de Chinet (Tenerife) para acompañar a los canarios de Tamarant (Gran Canaria) a recorrer las calles de nuestra tierra para exigir nuestra libertad, no solo fuimos arropados por el sentimiento patriótico que afloraba de nuestros corazones, también desde la cálida visión de ese niño de 4 años que sonríe y se siente orgulloso del  pequeño palo desde el que ondeaba una pequeña bandera tricolor con siete pequeñas estrellas verdes, hasta por ese luchador incansable de 77 años que sigue gritando con la voz rota de tantas batallas sin recompensa, con ojos llorosos,  no de pena sino de alegría, por sentir  que se acerca  la consecución de su sueño . Ese sentimiento surgió en todos nosotros ante la visión de los hermosos colores de una enorme bandera nacional canaria, que como nos cuentan, fue tomando forma en un rincón del norte, en manos cuidadas y delicadas, manos llenas de fuerza y constancia por tratarse de las manos de una madre canaria, madre que en cada puntada vuelca su amor en esa porción de tela convirtiéndola en el símbolo de la unidad de todas las canarias y canarios.

Bajo los ojos de los allí presentes, las verdes estrellas parecían brotar del azul celestial con la fuerza de los volcanes de nuestra tierra, a su lado el blanco de las almas limpias de nuestra gente contrastaba con las oscuras fauces de ese monstruo que vive en los corazones  de los intolerantes coloniales, desde el otro lado surge el amarillo canario, único color con patria, patria de barrancos de los que emerge el sordo sonido del bucio que retumba desde la cumbre hasta la costa, toda ella rodeada por un mar de isleños sedientos de libertad.

En definitiva una obra de arte hecha bandera, obra de una madre canaria llamada Dña. María Antonia Reyes Ávila, a la que no solo debemos el haber alumbrado en nuestra tierra una saga de grandes matriotas y patriotas, sino a partir de ahora con el calor y el amor que desprende esa gran bandera canaria, no sentiremos nunca más las frías y heladas miradas de los intolerantes, solo el cálido aliento de nuestras madres en nuestros corazones. Canarias le agradece su inestimable trabajo.