IDENTIDAD

 

 

    IDENTIDAD es cuando la tierra madre está de fiesta. Se la representa y se la honra desde la raíz, que es la única manera de amarla y de hacerla, si cabe, más nuestra. Bajo la majestuosa sombra del Gran Teide, las Islas celebran su beñesmén, su fiesta, que es sinónimo de reunión y de recuperación de las tradiciones ancestrales que nos acogen desde que nacemos.

 

    Los juegos vernáculos, los frutos del campo y del mar, los nobles bueyes que aran mansos y sumisos, la tierra amada, la rutilante mirada de la mujer isleña y, en fin, todo lo que nos hace ser y sentimos canarios se dan cita en esta bella estampa del maestro José Carlos Gracia.

 

    Estamos unidos en amor y amistad gracias a la llamada ancestral de nuestro mencey guanche, que arranca del bucio primigenio el ronco sonido de la mar. Ese sonido perenne e inconfundible que nos arrulla al nacer y que nos' acompañará, sin duda, al final de nuestros días, cuando el suave murmullo de las olas, junto al eco de las brisas en el pinar, nos despida de la tierra atlántica en la que vimos por primera vez la luz del sol.

 

    A la tierra y, por supuesto, a lo que ella representa, hay que amarla, como a la propia madre, sin complejos. Se la quiere 'porque ella siempre estará ahí. Somos parte de ella y a ella nos debemos. La albergamos, mientras vivimos, en lo más profundo del corazón y, algún día, nos la llevaremos dentro al fundimos con ella, ya que ella fue precisamente la que nos dio la vida, lo que somos y lo que no  podemos dejar de ser.

 

    Identidad es la fiesta de primavera que se abre al Océano como para celebrar el sol esplendoroso del estío que se acerca, como si se tratara del ritual de un dios pagano, tal como nos los recordó, hace justo un siglo, el poeta Luis Rodríguez Figueroa:

 

    Sobre la paz del mar y el frontispicio

    De las montañas, el Poniente aleja

    Una ideal tristeza que semeja

    La angustia de algún noble sacrificio…

    Muere el sol, como un dios, entre bermeja

    Y heroica bacanal, mientras refleja

    El esplendor de un nuevo natalicio…

 

 

 

Manuel de Paz

Catedrático de Historia