Entrevista al
cónsul de Argentina en Canarias
Cercano, simpático, agradecido y "argentino", Rubén Buira Martínez (Corrientes, 1953), cónsul de Argentina en
Canarias, simboliza algunos de los tópicos que normalmente se le atribuyen a
esta comunidad. No le cuesta ni le importa hablar, y eso que no es psicólogo.
Le gusta su trabajo y le apasiona todo lo relacionado con la inmigración, para
él el asunto más importante del siglo XXI y del que tiene profundos conocimientos.
-Abogado de profesión. Raro que siendo argentino no
sea psicólogo, actor o futbolista.
-(Risas) Sí, soy abogado y soy notario también. No
soy psicólogo, aunque los cónsules con el tiempo nos transformamos en algo de
eso.
-¿Cuáles son sus orígenes?
-Mis abuelos emigraron al campo, en
-¿Cuánto hace que
está en Tenerife?
-Pues hace muy poco tiempo, apenas dos meses.
-¿Y cuál ha sido su primera impresión?
-Yo ya tenía una impresión porque cumpliendo funciones en Senegal ya
había estado en Las Palmas y en Tenerife, me había hospedado durante una semana
en el Puerto de
-Fuera del consulado. ¿qué aficiones tiene?
-En lo personal debo decir y reconocer que siempre me dedico muy de
lleno a mi trabajo. Me gusta mucho todo lo vinculado con las migraciones porque
es un tema del siglo XXI, muy
complicado, multidisciplinario, poco comprendido y muy tergiversado, a veces. Me interesó desde hace muchos años porque lo
consular está íntimamente ligado con lo migratorio.
-Ha venido a parar a unas Islas que son un foco importante de
inmigración. ¿Qué le parece la situación que vive Canarias?
-Pues se trata de una inmigración muy dramática. Estos son flujos
que en realidad se dan en muchísimas fronteras calientes, como en la mejicana
con EEUU, en el Magreb o la que ustedes viven con los
cayucos. Indudablemente noto y veo que es motivo de una discusión y de un
análisis muy profundo, lo cual considero muy positivo. Pero los problemas están
en los países de origen: en su pobreza, en su subdesarrollo, en la falta de
calidad institucional y de seguridad, y en las guerras civiles y no civiles.
"Unos treinta mil"
-¿Cuántos argentinos calcula que hay actualmente en las Islas?
-Pues es muy difícil tener una cifra concreta por distintas razones.
Cuando uno hace una encuesta
solicitando a los municipios el empadronamiento municipal, hay muchos
argentinos que son italoargentinos. Estos son
argentinos comunitarios porque tienen nacionalidad italiana. Después están
aquellos argentinos nativos pero que son españoles por ser hijos o nietos de
españoles. Consecuentemente, en el empadronamiento municipal figuran corno
españoles, y cuando uno quiere detectar cuántos argentinos hay aparece la
nacionalidad española y no la argentina. Y luego están los argentinos que no
tienen doble nacionalidad. Si sumamos todos ellos, más aquellos que han
contraído matrimonio y se han nacionalizado, más los que han pasado una
estancia legal de dos años y la han adquirido, y por tanto ya no son argentinos
a los efectos de empadronamiento, estimamos que somos unos 30.000.
-Usted ejerce de cónsul para todo el Archipiélago, ¿cómo ve la
evolución de la comunidad argentina en las Islas?
-Creo que hay distintas etapas de la colonia argentina aquí en las
Canarias. Hay gente que lleva ya 20 años residiendo en las Islas. Estos son un
grupo de profesionales vinculados a la odontología, a la medicina, a la
psicología, a la psiquiatría, al ámbito paramédico, como los enfermeros. Son
gente que llegó en una época en que
España en general y Canarias en particular requerían este tipo de
servicios. Gente que se asentó durante largo tiempo, muy integrada, con hijos
que se han educado en Canarias, que hablan como los canarios y que han
estudiado en
Integración
-¿Cree que la comunidad argentina se está integrando bien en
Canarias?
-Sí, yo creo que sí, y no lo digo con demagogia. Realmente creo que la
colonia argentina es una colonia que se está integrando bien. No es una
comunidad conflictiva, es laboriosa porque emigró para trabajar y para
forjarse un futuro, que fue además emigrante por una situación coyuntural en
nuestro país. Y por lo que percibo es una colonia trabajadora que a lo mejor en
sus inicios ha tenido que hacer trabajos que no eran los suyos en Argentina, y
que, poco a poco, han ido escalando. A lo mejor aquél que tuvo que venir para
lavar copas, hoy en día se pudo integrar en lo que era su labor en Argentina. Y
hay otra gente que aún no se ha podido insertar en su actividad de origen pero
con gran esmero lo está haciendo, inclusive algunos pueden aportar una pequeña
ayuda a su familia.
-¿No cree que los argentinos que llegan a Canarias,
y que siguen consumiendo productos propios de su tierra en vez de probar los de
aquí, están dificultando su propia integración?
-No, porque una cosa no quita la otra, al contrario, yo creo que
juntas enriquecen. Porque ese argentino come mojo y gofio. Además, nosotros no
tenemos cultura del pescado y acá comen cherne. En definitiva, lo que provoca
es un enriquecimiento porque en el medio local se van aceptando nuevas
realidades y a la vez el emigrante si no se integra sería un suicidio para
él.
-Algunos profesores que tratan con alumnos argentinos se quejan de que
estos no cesan de usar vocablos típicos de su país, ¿que le parece?
-Es una de las parcelas donde a lo mejor el inmigrante debe realizar
un esfuerzo para adaptarse. ¡Caramba!, si el profesor me va a calificar y
sabemos que estamos en un medio donde la terminología es diferente a la
nuestra, debemos esforzarnos. Mi idea
no es que él se amolde a mí, sino que como yo soy el visitante trato de
facilitar las cosas. Es preciso esforzarse porque el otro no tiene que hacer
el esfuerzo, éste lo tiene que hacer el que se está integrando.
-Lo que la comunidad canaria echa quizás en
falta es que el inmigrante haga un poco de esfuerzo por adaptarse. En el caso
de los africanos tienen la barrera del idioma, pero en el de los argentinos no
es así.
Sí, es comprensible y lo comparto. Yo creo
que hay que hacer siempre el esfuerzo, por un problema de educación con el
país que nos recibe.
-Usted que está en contacto continuamente
con la población argentina, ¿qué necesidades cree que puede tener?
Bueno, siempre existe una nostalgia, que
está inserta, que lleva un tiempo porque en todo proceso migratorio no es la primera
generación la que supera la nostalgia, son los hijos. La bisagra está en los
hijos, son estos los que, más que integrarse, se asimilan al medio, porque ya
hablan como el lugar, cambian muchas cuestiones y vienen con un acervo cultural
diferente. Creo que ese es el punto más complicado, el de superar la
nostalgia, que está ligada a una especie de frustración por haber tenido que
emigrar.
Tareas del consulado
¿La ubicación del
consulado en Granadilla responde a que es por esa zona donde se establece la
mayor colonia de argentinos?
-Se ha debido a diversos factores. El
número uno es que el grueso de la colonia argentina en Tenerife está en el Sur.
El segundo es que las autoridades del ayuntamiento, muy conscientes de la problemática
migratoria que existe en su zona, entendieron que debían actuar. El pueblo que
recibe la inmigración no es responsable de la misma, pero cuando ya la recibió
tiene el compromiso de propiciar la integración, la inserción y de limar
cualquier tipo de asperezas para que esa sociedad funcione bien y se amolde.
En ese sentido, el ayuntamiento nos ofreció un comodato con unas oficinas en
San Isidro de Abona, por lo que las autoridades argentinas les están muy
agradecidas.
-¿Cuál es el nexo de unión entre dos
comunidades tan parecidas como son la española, la canaria, en este caso, y la
argentina?
-Lo primero que me impactó después de haber
servido en
-Respecto a su labor como cónsul, ¿le ha
dado tiempo a plantearse una serie de objetivos en esta nueva etapa que va a
cubrir?
-La comunidad argentina en Canarias tenía
un problema acuciante en cuanto a la paralización de sus trámites. El Consulado
Argentino central está en Madrid, por lo que muy pocos podían trasladarse
hasta allí para solucionar sus visados, certificados o matriculas consulares.
Había mucha gente parada con trámites elementales que nadie les podía resolver
aquí. Desde que hemos abierto, tenemos un mínimo de 50 ó 60 personas todos los
días. Es un desborde continuo. En este sentido debo disculparme con las autoridades
locales y los demás colegas consulares porque no he podido hacer las visitas
"protocolares" que debía. Pero en cuanto regularicemos esta
situación podré abrirme hacia el mundo.
-Por esta parte, la labor de cónsul podría
parecer un poco lejana en el trato con los recurrentes, ¿o usted los atiende
directamente?
-Sí, sí, yo estoy en el mostrador. Hay
gente que inclusive me recrimina que cómo un cónsul está dando números. Trato
de tener un contacto directo con la gente, sobre todo en esta primera etapa,
donde se está formando y se está entrenando al personal que va a atender
personalizadamente a los compatriotas. El cónsul tiene que estar presente en la
atención al público porque podrá haber trámites estandarizados pero también
habrá otros totalmente atípicos que requieren del cónsul para saber cómo
enfocarlo desde el punto de vista jurídico.
"Medidas oportunas"
-Los permisos de residencia en Canarias
suponen sólo el 5,5 por ciento de toda España, ¿qué le parece que Coalición
Canaria, en el Gobierno autonómico, abogue por rebajar ese porcentaje?
-Pues no me atrevería a emitir una opinión.
Entiendo que el punto de vista de las autoridades sea el de fijar políticas en
materia inmigratoria. Creo que es lógico que toda
autoridad fije sus políticas en la materia y esto pasa, y lo digo como alguien
al que le gusta el tema migratorio no como cónsul, por acuerdos y políticas
coherentes, que traten de transparentar estas situaciones.
-¿Entiende usted que Canarias, como un territorio limitado con
recursos escasos, no puede soportar tal presión demográfica?
-Sí, sí, está claro, pero yo he visto que han tomado medidas muy
oportunas. Se han abierto embajadas en África, se han hecho acuerdos con países subsaharianos,
se han firmado acuerdos para controles en el mar, de colaboración con esos
países en vías de desarrollo... Se ha hecho un conjunto de acciones que antes
no estaban previstas, con miras a mejorar el control de las mafias del tráfico
de inmigrantes. Se han tomado medidas que han sido positivas. Claro que no
todas pueden tener efectos inmediatos. La inmigración a veces es imparable, no
la para una barrera, una frontera o una zanja.
-El Ejecutivo central llevó a cabo hace unos años un
proceso de regularización.
-Pues si me atengo a nuestra colonia, que se regularizaron unos 24.000
argentinos, creo que fue positiva, porque en definitiva fue transparentar una
realidad sociológica que estaba ahí. Creo que normalmente el problema que se
plantea en este aspecto es si hay efecto llamada o no. Yo creo que no, que lo
que hay es efecto espantada, es decir, si uno en
determinada hora pico, en un país cualquiera está viendo "Falcon Crest" o
"Dinastía" y dice ¡caramba!, si ahí se vive como en estas series, o
las películas. Yo creo que el efecto llamada lo provoca ese tipo de cultura
globalizada, donde uno ve que en el primer mundo viven como viven y que si
además llegan tienen trabajo. Porque la gente no pide limosna, logra trabajos
donde la gente local no los quiere. Así que realmente no sé si existe el efecto
llamada, para mí existe el efecto exclusión o desbandada desde el origen.
-La solución no pasaría entonces por cerrar las fronteras sino por
mejorar la estancia en los países.
-Sí, esto lo digo a nivel personal, no como cónsul, sino como
estudioso del tema. Yo creo que de alguna manera ponerle coto a la inmigración
irregular, al tráfico de personas, pasa fundamentalmente por un mejor y mayor
desarrollo en los países de origen. Yo creo que la gente, salvo por escasas
razones como estudios, emigra porque quiere, pero normalmente no lo hace por
gusto, sino porque sus condiciones en el país de origen suelen ser
complicadas.
-Canarias recibe, grosso modo, dos tipos de inmigración, la que llega
en cayuco y la que llega en avión, ¿en qué se diferencian?
-Yo creo que la inmigración para empezar debe ser legal, debe ser una
inmigración organizada desde el punto de vista de que todo inmigrante aporta su
documentación, su identidad, eso es fundamental, el respeto a la ley y a la
legislación son claves. De otra manera, a lo que se tiende es al tráfico
ilícito de personas y a todas las consecuencias que sabemos. Respecto a la
pregunta que me hace de la diferencia, yo creo que son evidentes al tratarse de
dos realidades diferentes. Creo que la gente que llega en avión viene
mayoritariamente de América Latina, con nexos culturales muy cercanos,
idiomáticos, religiosos, históricos. Y la inmigración procedente de África
responde a otra realidad.
Fuente:
El Día, 5 agosto
2007
Fernando A.
Ferrer