Del sí, señor Rivero; al non, monsieur Chirac
Ramón Moreno
El pasado fin de semana fue pródigo en acontecimientos políticos que, si bien, fueron distintos y distantes tienen, en cambio, ciertas connotaciones, pese a que estuvieron marcados por muy distinto signo.
Me refiero al Congreso de Coalición Canaria, celebrado en Santa Cruz, y al referéndum francés para sancionar el nuevo Tratado de la UE, sustituto del de Niza, llamado eufemísticamente Constitución Europea. Y alguien se preguntará: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? En mi modesta opinión, bastante. Primero, porque Canarias figura en el Título VII, Disposiciones Comunes, Artículos III-424 de esa pretendida constitución, junto a los Departamentos Franceses de Ultramar (DUM): Martinica, Guadalupe, Guayana Francesa y Reunión y a los archipiélagos portugueses de Azores y Madeira.
Y segundo, porque CC, siguiendo miméticamente los dictados de Madrid, votó sí en la consulta española, con el pírrico resultado afirmativo de todos conocido; y que pone en cuestión la iniciativa de ZP -pegado como una lapa al Eje París-Berlín-, de ser los primeros europeos.
Aparte de otras consideraciones que sería prolijo comentar ahora, lo cierto es que el non francés pone de manifiesto dos palpables realidades. Una, para las metrópolis europeas sus posesiones de ultramar, no son prioritarias, ante las importantes cuestiones de Estado, otorgando a estos enclaves un tratamiento y un orden secundario. Y dos, está claro que aunque "a la mona se la vista de seda, mona es y mona se queda".
¿Qué quiero decir? Pues lisa y llanamente, que la inclusión de las Islas Canarias (en lugar de archipiélago canario, ¡que no es lo mismo!) en el nuevo Tratado de la Unión, con las llamadas Regiones Ultra Periféricas (RUP), supone un reconocimiento expreso e inequívoco de la extraterritoriaüdad de Canarias respecto de España, con todo lo que ello implica. De ahí, que el Gobierno socialista no quiera que esa ultraperificidad se recoja en el Texto del nuevo Estatuto de Autonomía, lo que daría carta de naturaleza a la verdadera situación geo-política de Canarias: territorio nacionaí español en África, que la legalidad internacional no ampara hoy en día.
Pero, aparte del incuestionable hecho colonial canario, al que me he referido en diversos medios y en diferentes foros de debate, lo que me interesa resaltar ahora -cada uno en su contexto-, son los dos acontecimientos citados que, por orden cronológico, me llevan primero al congreso de la Coalición. En el saínete -con tintes kafkianos- en el que se ha convertido la política canaria, este pueblo, por otra parte, tan proclive al jolgorio y al divertimento, ha presenciado imperturbable la puesta en escena del III Congreso de Coalición Canaria, que para algunos fue una gozada, pero del que conviene sacar algunas conclusiones.
Llama la atención, no por lo insólita, sino por lo reiterativa, la modalidad a la búlgara de los eventos congresuales de algunas formaciones políticas, y el de CC no fue una excepción. Asistimos (es un decir, porque yo no estuve), a una auténtica eclosión de adhesiones inquebrantables -que evidencia un preocupante fenómeno social, en auge, donde la figura incólume resplandeciente, tocada de un hato de divinidad, de Paulino Rivero, emergió de las profundidades de las divisiones internas, los pleitos y las puñaladas traperas, para volver a ocupar, por tercera vez consecutiva, la egregia presidencia de Coalición Canaria, con la abrumadora mayoría del 95% de los cerca de 1000 compromisarios acreditados.
Este no es un tema menor, en absoluto. En todos los confines de nuestro Archipiélago (hasta en la mítica San Borondón) debe saberse que estamos ante un verdadero fenómeno de masas, ante un ser irrepetible, que posee además el don divino de la ubicuidad (alcalde perpetuo de El Sauzal, Parlamentario, Presidente de la Comisión del 11M, Portavoz del Grupo de CC... y devoto creyente). Un auténtico prodigio de la Madre Naturaleza (y de la que lo parió), que los canarios no nos merecemos; y que pasará a la historia, por su promiscuidad política a la hora de pactar. ¿Qué dice La Obra a todas estas?
En lo referente a la bandera tricolor con las siete estrellas verdes, y que ésta haya sido asumida por la organización, no hace más nacionalista a CC. Es un gesto más hacia la galería. Hasta que la burguesía canaria no se involucre y haga suyo el verdadero nacionalismo canario, no hay nada que hacer. ¿Representa acaso Coalición Canaria a todo ese importante estrato social? Porque, está claro que históricamente, cuando la burguesía se ha subido al tren (en este caso la guagua) del nacionalismo, aunque sea en marcha, ha procurado, por todos los medios, llegar a su destino.
Con respecto al referéndum en Francia -País firmante del originario Tratado de Roma-, los galos han dicho un claro y rotundo non merci a la llamada Constitución Europea. Con una participación del 70%, el 56% de los votantes, frente al 44% que dijo oui, envió un diáfano mensaje al presidente francés: monsieur Chirac, c'estfini.
La destitución del jefe del ejecutivo, Jean-Pierre Raffarin, sustituido por el diplomático y ex ministro de AA.EE. Dominique de Villapin, y el nombramiento de Nicolás Sarkozy como ministro del interior, ha sido la fulminante respuesta de Chirac a la crisis; donde el gran aglutinador del non, el ex primer ministro Laurent Fabius, no ha dicho la última palabra.
Más significativo aún, ha sido el no holandés, que con una participación del 63% obliga al gobierno de este País -también fundador del anterior Mercado Común- a replantearse seriamente el nuevo Tratado Constitucional.