EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA

UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

CAPITULO II (VII y V)

PERIODO COLONIAL 1471-1480

 

Guayre Adarguma *  

 

1480 Mayo 2. El invasor asesino de pueblos, Juan Rejón, con una gran carga de venganza recala en el puerto de Las Isletas, tal como recoge Abreu: “Como Juan Rejón se vio en Sevilla, dio cuenta a los comisarios de todo lo que pasaba, y la gran necesidad que había, y que convenía proveer con toda diligencia de gente; y procuró por todas vías, con favor de don Fernando Rejón, caballero del hábito de Santiago, capitán de la artillería de Sus Altezas, con cuyo pariente era muy favorecido, por quien hacía el Rey Católico y pudo tanto, que alcanzó volver a la conquista, con facultad y consentimiento de los comisarios, según quieren decir; y por más presteza se fue a Cádiz, donde tuvo también gran favor y dineros del deán de Cádiz don Juan Rejón, el cual le fletó un navío; y, metiendo en él treinta  hombres de confianza y muchos bastimentos, se embarcó en él.

 

Era el capitán Juan Rejón altivo, amigo de su voluntad y vengativo, pero buen soldado, animoso, osado y para mucho. Llegó al puerto de Las Isletas de Canaria, con próspero tiempo, a dos días del mes de mayo de 1480, víspera de la  Invención de la Cruz. Había avisado Juan Rejón a la gente del navío dijesen que no venía en él, sino que traía bastimentos y provisión para la gente que estaba en la conquista; que otro día desembarcaría, que, por ser tarde, no había lugar aquel día; que en Lanzarote quedaban otros navíos, con gente y mantenimientos.

 

Con esto estuvo la gente del real con mucho contento, con el socorro que les había llegado. Juan Rejón hizo fuese un hombre de quien se fió al real, para que, con todo secreto y disimulación, hablase al alférez Alonso Jáimez de sotomayor, su cuñado, y con el alcalde mayor, Esteban Pérez de Cabitos, y con algunos amigos suyos; y aquella noche, con todo secreto, saltó en tierra con los treinta hombres, metiéndose en casa del Esteban Pérez, alcalde mayor y su grande amigo, que era cerca de la iglesia.

 

Otro día, el de Santa Cruz, 3 de mayo, estando en misa el gobernador Pedro del Algaba, entró Juan Rejón con sus treinta hombres y otros muchos del real, diciendo: -¡Viva el Rey! Y, llegándose al gobernador, lo prendió y, sacándolo de la iglesia, lo metió en la torre con unos grillos. A este tiempo había ido el obispo don Juan de Frías a Lanzarote, a tomar posesión de su iglesia de San Marcial de Rubicón y para mandar alguna provisión. Quisieron los del real ponerse a defender al gobernador; mas, como conocieron al capitán Juan Rejón, disimularon. Después prendió al deán don Juan Bermúdez y a otros muchos amigos del gobernador y del deán, que tenía por sospechosos.

 

Andaba por el real grande alboroto entre los amigos del gobernador Pedro del Algaba; mas Juan Rejón, sacando una provisión, la dio a Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, la cual leyó Pedro Ángelo, escribano que era del real, que era de Sus Altezas, en la cual le mandaba viniese por gobernador y capitán general de la isla de la Gran Canaria y su conquista, y que prendiese a Pedro del Algaba y procediese contra él, conforme a derecho. Muchos tienen entendido que el rigor de esta provisión no haya emanado ni procedido de los  católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, nuestros señores, sino que fué orden y traza que algún enemigo del gobernador Pedro de Algaba dió.

 

Estuvo preso el gobernador con mucho recaudo y recato, desde el día de la Santa Cruz, 3 de mayo, hasta víspera de Pascua de Espíritu Santo; y en este tiempo el capitán Juan Rejón y su muy amigo Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, formaron el proceso contra Pedro de Algaba, haciéndole cargo que se carteaba con el rey de Portugal y que le vendía esta isla, y que había recibido cierta cantidad de dinero, ayudándose para ello de testigos de no buena conciencia; los cuales ellos y todos pararon en mal. Fulminado el proceso, lo sentenció a degollar, y así se ejecutó, cortándole la cabeza en la plaza de Santa Ana, (que al presente es de San Antón), por la mañana, con trompetas y voz de pregonero. También hizo proceso el capitán Juan Rejón contra el deán don Juan Bermúdez, y contra otros que entendió ser amigos y confederados del gobernador, acusando al deán de inquieto y amotinador. Embarcolos en un navío, desterrándolos; y dicen que de secreto mandó al maestre los llevase a la isla de La Gomera, y que los echase en el término donde estaban los gomeros del bando de Orone y Agana, que estaban rebelados contra Hernán Peraza, hijo de Diego de Herrera; que a causa de esta rebelión y alzamiento había pocos días que se había partido en una fusta de Canaria, que había venido al socorro, y por eso no lo halló en Canaria Juan Rejón. En relaciones antiguas se dice que Juan Rejón avisaba a los gomeros que los matasen, como amigos y confederados de Hernán Peraza. Yo no me puedo persuadir que un caballero y noble, como Juan Rejón era, quisiese a otro hombre noble causarle con traición la muerte sino que su intento fue desterrar al deán ya los demás que con él desterró, y echarlos de sí.

 

El navío, o por voluntad del maestro, o por temporal, torció el viaje a Lanzarote y tomó puerto en Rubicón, donde el deán fue recibido con grande contento de Diego de Herrera y de doña Inés Peraza y del obispo; y les fueron hechos a él ya los que con él iban, grandes regalos y hospedaje y asimesmo se dice y afirma que todos los que fueron testigos contra el gobernador Pedro del Algaba, padecieron tristes y violentas muertes, unos entre los canarios, otros por manos de guanches en Tenerife, y otros en Berbería, de tal manera que ninguno murió su muerte natural, sino violenta. y nunca ninguno que contra la Iglesia se tornó, o con sacerdote, paró en bien. y Juan Rejón vino a morir a manos de los propios a quienes enviaba a matar, como adelante se dirá.” (Fr. J. De Abreu Galindo)

 

1480 Mayo 8. Toledo (f. 78). Comisión al dr. Antonio Rodríguez de Lillo, oidor de la audiencia y del Consejo Real, para que investigue, a petición de pedro de Vera, vecino de Jerez de la Frontera , sobre el pan que le fue robado por Charles de Valera, alcaide de la fortaleza de Santa Maria del Puerto, y Pedro del Puerto, Garcia de Laredo y Bartolomé Benitez, vecinos de dicha villa, cuando era enviado a Valencia en una carraca genovesa. Habiéndose quejado Pedro de Vera a las justicias de Jerez de la Frontera ya requerimiento de éstas, las autoridades de Santa Maria del Puerto, a pesar de lo notorio del caso, subastaron el pan y lo concedieron en 103.200 maravedis a Rodrigo de Córdoba, sin cumplir el mandamiento real de devolverlo a su dueño. Se ordena al dr. de Lillo, a quien se concede poder cumplido, que dicte sentencia evitando largas tramitaciones. Sancho. Petrus licenciatus. Fernando. Johanes doctor. Marmol. Acordada. Reg: Diego Sánchez. (E.Aznar;1981)

 

1480 Mayo 28. Toledo (f. 208). Nombramiento de dos jueces y meros ejecutores (cuyos nombres aparecen en blanco) para cobrar las bulas de la Indulgencia de Canaria debidas al maestre Diego Guillén y al bachiller Diego Rodríguez de Alcañiz, tesoreros de dichas bulas en el obispado de Cuenca. Dichos tesoreros no han podido dar cumplimiento a la orden de Diego de Soria y Francisco de Pinelo, receptores y depositarios de las bulas de la Indulgencia de Canaria, ya que muchas personas, especialmente en las villas y lugares del Maestre de Santiago, duque del Infantado, marqués de Villena y del mayordomo Andrés de Cabrera, se han negado apagarlas, a pesar de las sentencias de excomunión, siendo ésta la razón que los ha movido a solicitar los jueces y meros ejecutores, ya que la situación de la conquista de las islas impone premura en la recaudación. Se concede a dichos jueces y meros ejecutores poder cumplido, pudiendo actuar contra las personas y bienes de los que se nieguen a pagar sus deudas, y se ordena que les sea prestado todo favor y ayuda. El Rey. Camañas. Quintanilla. Acordada: Andreas. Reg: Diego Sánchez. (E.Aznar; 1981)

 

1480 Junio 4. Toledo (f. 222). Mandamiento a Diego de Soria y Gregorio Pinelo, receptores de las bulas de la Santa Indulgencia de Canaria, para que suspendan durante cuarenta días la ejecución contra los bienes de Pedro de Setién, vecino de Burgos, tesorero que fue de dichas bulas, no obstante la orden de proceder contra los que adeudasen cantidades de las citadas bulas ya que éste alega no haber podido realizar la recaudación a causa de los secuestros y embargos dictados por el Papa y los Reyes, y para que envíen antes de quince días las demandas que han puesto contra Pedro de Setién, para que el Consejo determine en ellas. La carta que contiene dicho mandamiento está dirigida a los citados Diego de Soria y Gregorio Pinelo, ya Juan de Salvatierra, vecino de Burgos. El Rey. Camañas. Rodericus. Reg: Diego Sánchez. (E.Aznar; 1981)

 

1480 Junio 4. Toledo (f. 222). Mandamiento a Diego de Soria y Gregorio Pinelo, receptores de las bulas de la Santa Indulgencia de Canaria, para que suspendan durante cuarenta días la ejecución contra los bienes de Pedro de Setién, vecino de Burgos, tesorero que fue de dichas bulas, no obstante la orden de proceder contra los que adeudasen cantidades de las citadas bulas ya que éste alega no haber podido realizar la recaudación a causa de los secuestros y embargos dictados por el Papa y los Reyes, y para que envíen antes de quince días las demandas que han puesto contra Pedro de Setién, para que el Consejo determine en ellas. La carta que contiene dicho mandamiento está dirigida a los citados Diego de Soria y Gregorio Pinelo, ya Juan de Salvatierra, vecino de Burgos. El Rey. Camañas. Rodericus. Reg: Diego Sánchez.

 

1480 Junio 12. Toledo (f. 233). Incitativa para que las justicias, así ordinarias como de hermandad, auxilien a Diego de Soria ya Francisco Pinelo, depositarios generales de las Bulas de la Indulgencia de Canaria, ya los demás tesoreros y recaudadores de dicha indulgencia, actuando contra las personas y bienes de los que se nieguen apagar lo que deben. El Rey. Camañas. Alfonsus. Quintanilla. (E. Aznar;1981)

 

1480 Junio 18. Toledo (f. 14). Seguro a favor de Ruy Sánchez de la Vega, vecino de Burgos y tesorero de la bula de la Santa Indulgencia de Canaria en el obispado de Oviedo, y de sus criados y factores. Se ordena a las Justicias del Reino que hagan pregonar dicha carta, para que nadie pueda alegar ignorancia. El Rey. Camañas. Alfonsus. Quitanilla. (E.Aznar;1981)

 

1480 Junio 18. Toledo (f. 78). Mandamiento al capitán don Martín de Cabra, del Consejo Real, ya Cristóbal de Castro, alcaide de Valencia, para que obliguen a devolver a Ruiz Sánchez de la Vega , vecino de Burgos, y tesorero de la bula de la Sant Indulgencia de Canaria en el obispado de Oviedo, los maravedís que en concepto de impetra, de quinta parte para dicha iglesia y de derecho de recaudación, superior al establecido de cinco maravedís por bula, han llevado al deán, cabildo y provisores del obispado de Oviedo, así como otros eclesiásticos y seglares, ya que la bula papal ordena que no se pague ningún tipo de derechos. Se concede a don Martín de Cabra ya Cristóbal de Castro el nombramiento de ejecutores y poder cumplido para actuar contra las personas y bienes de los que se nieguen apagar sus deudas, y se ordena que les sea prestado siendo ésta la razón que los ha movido a solicitar los jueces y meros ejecutores, ya que la situación de la conquista de las islas impone premura en la recaudación. Se concede a dichos jueces y meros ejecutores poder cumplido, pudiendo actuar contra las personas y bienes de los que se nieguen a pagar sus deudas, y se ordena que les sea prestado todo favor y ayuda. El Rey. Camañas. Quintanilla. Acordada: Andreas. Reg: Diego Sánchez. (E.Aznar; 1981)

 

1480 Junio 18. Toledo (f. 14). Seguro a favor de Ruy Sánchez de la Vega, vecino de Burgos y tesorero de la bula de la Santa Indulgencia de Canaria en el obispado de Oviedo, y de sus criados y factores. Se ordena a las Justicias del Reino que hagan pregonar dicha carta, para que nadie pueda alegar ignorancia. El Rey. Camañas. Alfonsus. Quitanilla. (E.Aznar; 1981)

 

1480 Junio 18. Toledo (f. 78). Mandamiento al capitán don Martín de Cabra, del Consejo Real, ya Cristóbal de Castro, alcaide de Valencia, para que obliguen a devolver a Ruiz Sánchez de la Vega , vecino de Burgos, y tesorero de la bula de la Santa Indulgencia de Canaria en el obispado de Oviedo, los maravedís que en concepto de impetra, de quinta parte para dicha iglesia y de derecho de recaudación, superior al establecido de cinco maravedís por bula, han llevado al deán, cabildo y provisores del obispado de Oviedo, así como otros eclesiásticos y seglares, ya que la bula papal ordena que no se pague ningún tipo de derechos. Se concede a don Martín de Cabra ya Cristóbal de Castro el nombramiento de ejecutores y poder cumplido para actuar contra las personas y bienes de los que se nieguen apagar sus deudas, y se ordena que les sea prestado todo favor y ayuda. (E.Aznar; 1981)

 

1480 Junio 18. Toledo (f.293). Carta a las justicias de las ciudades de Burgos, Santo Domingo de la Calzada, Calahorra, Logroño y Nájera y de las otras ciudades, villas y lugares de los obispados de Burgos y de Calahorra y de todo el Reino, para que a requerimiento de los tesoreros de las bulas de la Santa Indulgencia de Canaria, en los obispados de Burgos y Calahorra, les den ayuda para exigir los maravedís cobrados por personas sin su licencia y los que han cobrado por personas con su poder, que se han ausentado sin dar cuenta de lo recaudado. En ambos casos se les ordena proceder contra las personas y bienes de los deudores para saldar sus cuentas y entregar los padrones e inventarlos que dichas personas tienen para que los tesoreros puedan realizar su misión. El Rey. Camañas. Quintanilla. Rodericus. (E. Aznar; 1981)

 

1480 Agosto 18. Desembarca en Las Isletas el sanguinario asesino esclavista y masacrador de pueblos, el judío converso Pedro de Vera, tal como recoge el fraile de la secta católica Abreu Galindo: “Estaba el capitán Juan Rejón, gobernador de la isla de Canaria, contento en haber satisfecho su pecho y rencores.

 

Parecio1e sería bien hacer alguna entrada en la isla, y acordó él y el alcalde Esteban Pérez Cabitos y los demás ir al término de Tamarazayte. Y, marchando con el ejército la cuesta arriba, mirando la mar vieron venir una vela en la alta mar hacia el puerto de Las Isletas, que fué causa dejasen la empresa y camino que llevaban, y fueron camino del puerto. El navío traía el viento prospero, y en breve tomó puerto. Tuvieron aviso venía en él Pedro de Vera, por gobernador y capitán general de la conquista.

 

Los Reyes Cató1icos habían sido avisados de las discordias que en Gran Canaria pasaban entre los conquistadores, y la gran necesidad que en ella se padecía; y acordaron con toda presteza proveer gobernador y capitán de confianza. Y, estando en Toledo el rey don Fernando, año de 1480, nombraron para ello a Pedro de Vera, caballero natural de Jerez de la Frontera, en quien concurrían todas las calidades que para la empresa convenían. Luego que fué proveído, se fué a Sevilla, ante los comisarios de la conquista Diego de Merlo y Alonso de Palencia; y, dándole orden e instrucción de lo que había de hacer, se vino a Jerez de la Frontera, y entre sus deudos y amigos se proveyó y dió asiento como lo proveyesen de mantenimientos para la conquista necesarios, caso que los Reyes Cató1icos o sus comisarios tardasen en mandarlos. Apercibióse de buena gente y algunos caballos, y se embarcó en Cádiz, en el navío dicho, dejando aprestados otros dos navíos en Cádiz a Hernando de Vera, su hijo, con más gente y municiones.

 

Llegó Pedro de Vera a la isla de la Gran Canaria en 18 de agosto de 1480. Vino con él Miguel de Moxica, vizcaíno, receptor de los quintos y derechos reales, y Juan de Siberio, su primo. Desembarcó luego Pedro de Vera, y les dio noticia de las provisiones que traía y que, por no detenerse, por habérselo así mandado Sus Altezas, había venido con aquel navío, por remediar alguna parte de la necesidad que se decía tenían; y que dejaba dos navíos con Hernando de Vera y Rodrigo de Vera, sus hijos, que habían de venir en su seguimiento.

 

Fué de todos obedecido; y otro día, después de su llegada, desembarcada toda la gente y caballos, se vino al real bien acompañado y a recaudo. De esta venida de Pedro de Vera ningún contento recibió Juan Rejón, ni Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor. Fuéronlo a recibir y venirse con él, mostrando contento, con que las muestras del placer y alegría daban seguridad de disculpa de lo que habían hecho en la muerte de Pedro del Algaba, gobernador, y del destierro del deán don Juan Bermúdez, el cual murió dende a pocos días, de enojo y disgusto.

 

Llegados al real, Juan Rejón aposentó a Pedro de Vera en la torre donde él tenía su aposento, y se pasó a otra casa, aunque fué muy importunado Juan Rejón de Pedro de Vera posasen entrambos juntos. Publicó luego Juan Rejón se quería ir luego a Castilla, en el navío en que había venido Pedro de Vera, a dar descargo a Sus Altezas de todo lo hecho, y dar cuenta de lo que pasaba en la conquista. Sabido por Pedro de Vera, procuró estorbárselo, dando a entender hacía el navío agua, y que sería homicida de sí mismo, si en él fuese; que esperaba otros dos navíos en que venían sus dos hijos y gente y mantenimientos, nuevos y bien aderezados, que en cualquiera de ellos podía ir mejor acomodado; que en el entretanto quería le hiciese favor y merced de su consejo, porque iría mejor y más acertado lo que traía acordado, como hombre experto y cursado en aquella conquista, y en ello hacía servicio a Sus Altezas.

 

Con buenas palabras lo fué entreteniendo, hasta que de ahí a pocos días llegó Hernando de Vera y Rodrigo de Vera, con los dos navíos que aguardaba al puerto; y, entendido eran sus hijos, dió aviso no saltasen en tierra, sin que tuviesen su orden y aviso. Otro día los fueron a recibir y venir con ellos Juan Rejón y Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, con otros muchos del real, y entraron en los navíos, y también Juan Rejón y Esteban Pérez, por ver el navío en que habían de ir a España y al tiempo que iban a salir del navío, les dijo Hernando de Vera a Juan Rejón y al Esteban Pérez que se detuviesen y se tuviesen por presos, que así cumplía al servicio de Sus Altezas; y los detuvo, con mucho recaudo y recato. Pedro de Vera les hizo proceso, y cerrado, los envió presos a Castilla, a Juan Rejón, a Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, ya Ruiz Díaz. Llegado que fué Juan Rejón a la corte, no hubo quién por parte de Pedro del Algaba pidiese cosa alguna, por estar quieto y tenerlo asegurado, dando algunos descargos, con el mucho favor que tenía en Hernán Rejón, comendador y capitán general de la artillería del rey; y se libró, y alcanzó provisión para ir a conquistar la isla de La Palma , en cuya conquista lo mataron en La Gomera.” (Fr. J. De Abreu Galindo)

 

1480. Un sábado por la mañana del mes de junio en Winiwuada bajaba el caudillo canario Doramas desde los riscos hoy conocidos como San Lázaro al cuartel del capitán de los invasores castellanos el genocida Pedro de Vera para una entrevista ya concertada.

Iba escoltado Doramas en aquella mañana calurosa, al atravesar lo que es hoy la plaza de Santa Ana, por el faycan de Telde Acorayta; el de Agüimes: Egenacar, y por el de Arucas: Guriruguian. El Jefe caminaba enérgico, reluciendo su torso fornido y bella musculatura, usando unas sandalias de cuero de cabra con gruesas tiras que le llegaban hasta las mismas rodillas, al tiempo que empuñaba su temible espada de tea y su rodela de drago.

La comitiva de canarios, acrecentada por tres guerreros escogidos en los cantones de Moya, se dirigía al feudo del invasor para aquella reunión trascendental, como era la de un canje de prisioneros entre invasores y canarios. Una esperanza que parecía iba a ser dichosa, porque lograba desaparecer refriegas y escaramuzas en diferentes puntos de nuestra Isla. Por tal motivo, esa reunión anunciada causó gran júbilo porque determinaba el fin de muchos sufrimientos y la paz tan acariciada.

Como decíamos al principio, cruzó Doramas la plaza de Santa Ana de forma arrogante para dirigirse al acuartelamiento del capitán Pedro de Vera, situado en aquel entonces en un ángulo norte de lo que es hoy la Casa de Colón. Una vez en los dominios militares del general, se hizo anunciar el caudillo canario con olímpica indiferencia, hasta que pasados unos instantes hace su presencia Pedro de Vera, el cual, afectuosamente, invita a la comitiva a pasar a los interiores del cuartel y les invita a tomar agua fresca para saciar la intensa sed de todos los viajantes.

El capitán Pedro de Vera, una vez dispuesto para el parlamento acordado por ambas partes, ordena que se retiren los vasallos que escoltan a Doramas, al tiempo que presenta a sus subordinados: capitán Miguel de Mujica, su primo Juan Siberio, Miguel de Trejo de Carvajal y a su hermosa esposa la infanta canaria Thenesoya Vidina, casada con el  normando Maciot Perdomo de Bethencourt.

En la conversación entablada entre los dos jefes se deduce desde un principio que el Vera no trata de profundizar el tema de canje de prisioneros, lo que se traduce más bien en una encerrona cuando el invasor tuvo la osadía sorprendente de vociferar amenazas e improperios a los nativos, exigiendo sin condiciones la entrega inmediata de unos sesenta prisioneros españoles en los cantones de Galdar. Además, el capitán Pedro de Vera, sin intervenir sus subalternos, acusó a los guerreros de Doramas de salvajes porque quemaban vivos a muchos prisioneros castellanos.

Repetimos, ante las duras alusiones del general en la histórica entrevista, Doramas, sereno y persuasivo, respondió a Pedro de Vera que en las guerras no se admitían piedades como ocurría con sus compañeros de raza, que además de ser despojados de sus tierras y ganados, eran torturados y muertos a tiros por los arcabuceros castellanos si se resistían, para más tarde ser encadenados en las playas de Arguineguin, o Guiniguada, esperando ser vendidos como esclavos negros en los mercados de Sevilla y Valencia.

El capitán español, descompuesto y humillado, ante las referencias del caudillo canario, quien se negó a aceptar la imposición de la religión católica, rechazando el bautismo cristiano, hizo intervenir como decíamos anteriormente a los suyos para comunicarles su funesta decisión de decretar la famosa trampa de detener y encarcelar a Doramas y acompañantes aprovechando la ventajosa situación.

Ante el delicado momento e injusta decisión de Pedro de Vera, el capitán Miguel de Mujica y Thenesoya Vidina se negaron a secundar semejante patraña, convenciendo al capitán invasor de no realizar una traición de tanta bajeza. Y sobra decir por lo tanto que toda la comisión isleña se marchó como mismo había venido. (Julio Vera Trujillo.)

1480.  "Estando la reina Isabel en Calatayud el año de 1480 llegaron algunos de los pobladores de la Gran Canaria a prestarle obediencia, apurados por los agravios del capitán Pedro de Vera, encargado de su reducción". Esta información la entresacó de Zurita, en cuyas Crónicas no encontraba, el académico bilbilitano, referencias del presunto encuentro de 1483. Vicente de la Fuente en su "Historia de Calatayud", publicada en 1880, se quejaba de las escasas visitas que el monarca aragonés hacía a su Reino, y que no siempre que acudía a Zaragoza lo hacía a Calatayud. Añade que, El Archivo del Ayuntamiento de Calatayud tampoco aportó ninguna. Todos los testimonios y documentos se limitaban a revelar una visita a Calatayud de un guanarteme, que no era el de Gáldar, sino el de Telde -Gran Canaria estaba dividida en estos dos reinos-, y el viaje no tuvo por finalidad la firma del Tratado de Unificación, sino transmitir las quejas contra los métodos inhumanos de Pedro de Vera. Se sigue hablando de 1480 y no de 1483. Miguel Ángel Ladero Quesada, de la Universidad de Madrid, especifica que, en noviembre de 1480, el guanarteme de Telde fue presentado a los Reyes Católicos en Calatayud, y que en 1487? se capturó a la mujer del guanarteme de Gáldar y luego a él mismo, siendo bautizado en Castilla como Fernando Guanarteme en el verano de 1483 -no habla de Calatayud. Antonio Rumeu de Armas en su libro "Gran Canaria" sigue una línea expositiva similar a la que estamos desarrollando.

Hay una variante en las referencias de Rumeu. Según él, al llegar el guanarteme de Gáldar a la metrópoli se le trasladó en la primavera de 1483 a Madrid, en donde estaban los Reyes Católicos. El régulo de Gáldar se bautizó con el nombre de Fernando.

Recopilado lo expuesto, comprobamos que la llegada del guanarteme de Gáldar a Castilla, y su bautizo como Fernando, a sí como su compromiso de ayudar a los conquistadores fue en 1483, en un lugar que oscila, según la fuente de consulta, entre Castilla, Madrid y Sevilla, pues ya se ha justificado que en aquellas fechas el rey Fernando estaba en Córdoba entrevistándose con Abu Abdallah. Tampoco hemos de olvidar que la guerra de Granada comenzó en 1482 y la costumbre del rey aragonés era estar siempre junto a sus tropas.

De las muchas crónicas e investigaciones llevadas a cabo, sólo la crónica de Gómez Escudero -la única que circulaba editada en 1936- y que es -según los entendidos- la que más contradicciones y errores contiene, habla de Calatayud. En dicho texto se dice que el monarca gran canario desembarcó en Sevilla, pasó a Granada y de allí marchó a Calatayud.

El error es doble, si tenemos en cuenta que un año antes había comenzado la guerra de Granada y la capital granadina no se rindió a los castellanos hasta 1492, por lo que parece difícil que la corte que acompañaba al guanarteme pudiese circular por zona enemiga, con la particularidad de que la guerra por el último reducto musulmán se llevaba a cabo durante la primavera y el verano y descansaba con el frío, y la llegada de los isleños fue en verano. (Sergio Zapatería G.)

1480 Diciembre 10. Medina del Campo (f.50). Poder a Juan de Torres, corregidor de las villas, valles y merindades de Trasmiera, Peña Melera, Valdebeseros, Peña Samago, Peña Rubia y Val de los Herreros, para que en nombre de Sus Altezas pueda prometer palabra y seguridad de perdón a los delincuentes de su jurisdicción y del marquesado de Santillana y tierra del conde de Castañeda, salvo a los reos de traición, delito de falsa moneda, falsedad hecha en nombre de los reyes y saca de monedas de oro o plata, que fueren a servir a su costa en la conquista de Gran Canaria por espacio de seis meses, contados desde el día en que se presentaren a Pedro de Vera, capitán y gobernador de dicha isla, y de Miguel de Moxica, receptor de la misma. Se ordena a las justicias que no actuen contra las personas o bienes de quienes muestren la concordia hecha con Juan de Torres y fe de Pedro de Vera y Miguel de Moxica de haberla cumplido, pudiéndole exigir únicamente la restitución de los bienes que hubiesen tomado; y se ordena al chanciller ya los notarios que les libren las cartas y sobrecartas de perdón que necesitasen, con obligación de ser perdonadas por las justicias. La Reina. Rodericus. (E. Aznar; 1981)

 

1480 Diciembre 18. Medina del Campo (f. 56). Carta a las justicias ordinarias y de hermandad del Principado de Asturias ya Rodrigo de Salazar, pesquisidor de dicho Principado, y Gonzalo Bernaldo Quirós, a quienes se nombra jueces y meros ejecutores; para que a requerimiento de Diego de Soria y Gregorio Pinelo, depositarios de los maravedís de la Santa Indulgencia de Canaria, hagan pagar lo que deben a los encargados por el difunto Ruiz Sánchez de la Vega, tesorero que fue de dicha Indulgencia en el obispado de Oviedo, de recaudar los maravedís de tales bulas y que han quedado con ellos, a los que los recaudaron sin su poder ya los que tomaron o se empadronaron para tomar las bulas y no las han pagado; y para que obliguen a los empadronadores a devolver los padrones. Se concede a dichos jueces poder cumplido para actuar contra las personas y bienes de los deudores y se ordena que se les dé todo favor y ayuda. La Reina. Rodericus. (E. Aznar; 1981)

 

1480 Diciembre 18. Medina del Campo (f. 77). Provisión a petición de Diego de Soria y Gregorio Pinelo, depositarios de los maravedís de la Indulgencia de Canaria, para que sean levantados los embargos que sobre los maravedís de dicha bula han puesto algunas justicias, a requerimiento de ciertos frailes, que no han cobrado 1o que se les debe por la predicción de tales bulas. La Reina. Avila. Rodericus. (E. Aznar; 1981)

 

1480 Diciembre 18. Medina del Campo (f.183). Provisión a petición de Diego de Soria y Gregorio Pinelo, depositarios de los maravedís de la Indulgencia de Canarias, remitiendo a Alfonso Díaz de Cuevas, alcalde mayor de Burgos, el pleito que aquéllos tratan con Francisco de Arceo, vecino de Burgos, que pasó en primera instancia ante los Idos. de Miranda y de la Torre, quienes condenaron a Francisco de Arceo a pagar 210.000 maravedís, habiendo apelado éste a Rodrigo de Fuentes, teniente de alcalde, por Antonio Sarmiento, alcalde mayor, quien no quiso conocer en él y lo remitió al Consejo Real ya los oidores de la Audiencia, Corte y Chancillería. Se otorga poder cumplido a Alfonso Díaz de Cuevas y se ordena al escribano ante quien pasó dicho proceso que se le entregue en un plazo de tres días, a partir del momento en que le fuere mostrada esta carta, pagándole Diego de Soria y Gregorio Pinelo su salario. La Reina. A vila, Rodericus. (E. Aznar; 1981)

 

1480 Diciembre 18. Medina del Campo (f.197). Comisión a Alonso Díaz de Cuevas, alcalde mayor de Burgos, a petición de Diego de Soria y Gregorio Pinelo, depositarios y receptores generales de los maravedis de la Santa Indulgencia de Canaria, y de los tesoreros y recaudadores de dicha Indulgencia, para que se informe de los daños que éstos dicen haber recibido de los embargos y secuestros, puestos por el Papa y el Rey, y para que obligue a los tesoreros y recaudadores a pagar lo que deben a Diego de Soria y Gregorio Pinelo, descontando los daños, si son ciertos, causados por tales secuestros, recibiendo fianzas llanas y abonadas del montante del descuento. Se declaran sin apelación sus sentencias y emplazamientos, salvo la sentencia definitiva ante el rey y los de su Consejo, y se le concede poder cumplido para proceder contra las personas y bienes de los que se nieguen a pagar sus deudas. La Reina. Avila. Acordada: Rodericus.  (E. Aznar; 1981)

 

1480 Mayo 3. En Winiwuada (Las Palmas) los invasores europeos de la secta católica celebraba una misa en la ermita de San Antonio Abad cuando irrumpió el mercenario al servicio de Castilla Juan Rejón, espada en mano, escoltado por hombres adictos. Había llegado a la isla durante la noche procedente de la península ibérica y dispuesto a vengarse de Pedro de Algaba. En el interior del templo, Rejón entregó al alcalde de los invasores Esteban Pérez de Cabitos un pergamino real, para que procediera a su lectura.

 

El escribano Angelo leyó la real providencia por la que los nefastos Reyes Católicos indultaban a Juan Rejón de todos los cargos imputados por Algaba y lo restituían en los cargos anteriores, al tiempo que le ordenaban que terminara la conquista de Tamaránt (Gran Canaria). Pedro de Algaba fue encarcelado y juzgado por traición, siendo condenado a morir en la horca.

 

1480 Diciembre 12. La Corona de Castilla envía otra armada para reforzar las tropas de invasión en la isla Tamaránt (Gran Canaria)  se partió el capitán Miguel de Moxica con los doscientos vizcaínos, los más ballesteros, despacharon los Reyes Católicos con toda diligencia al asistente de Sevilla Diego de Merlo, que de la gente que tenía Hernán Darias Saavedra, mariscal y provincial de la Santa Hermandad de la Andalucía, proveyese luego dos compañías de jinetes y una de ballesteros, de las cuales vinieron por capitanes Esteban de Junqueras, hidalgo valiente, con ciento y cincuenta ballesteros, y el capitán Pedro de Santiesteban con treinta jinetes, y el capitán Cristóbal de Medina, con veinte y cinco jinetes. Los cuales se embarcaron en San Lúcar de Barrameda, en cinco navíos.

 

Corrieron tormenta, y los cuatro navíos llegaron en salvo al puerto de Las Isletas, y fueron muy bien recibidos, con mucho contento. El otro navío, en que venía Esteban de Junqueras con parte de la infantería, arribó a la isla de Lanzarote y en la barra del Arrecife, por falta del piloto, se perdió. Diego de Herrera los recogió y proveyó de lo necesario y los encaminó a Canaria en dos navíos que allí estaban.

 

El gobernador Pedro de Vera, viéndose poderoso con los socorros que le habían llegado, determinó salir en busca de los canarios que andaban alzados en las sierras. Los cuales como supieron había venido el Guanarteme don Fernando de Gáldar, lo vinieron a ver y visitar. El cual contó grandes cosas y las mercedes que había recibido de Sus Altezas, y las que a todos haría, si se redujesen. Y, para mejor tratarlo y efectuarlo con todos los canarios, se fue a Gáldar y a la sierra, donde todos los demás estaban alzados, recogidos y hechos fuertes. Púsoles delante el peligro y riesgo que todos corrían, no queriendo rendirse y obedecer, por el gran poder que los Reyes Católicos tenían.

 

Algunos se movieron con aquestas palabras y se vinieron con él; pero los más no quisieron, por haber elegido un valiente canario por capitán, llamado Tajarte; y con él estaba un hijo del Guanarteme de Telde, que pretendía heredar la isla. Éstos reprehendieron al Guanarteme de Gáldar don Fernando, poniéndole delante el mal tratamiento que Pedro de Vera había usado y tenido con los canarios, sus hermanos, que se habían tornado cristianos, que no sabían qué se hubiese hecho; que lo mismo harían de ellos, pues no les guardaban la palabra. Rogáronle y persuadíanle se fuese con ellos, que todos morirían y lo harían señor de la isla, que no tratase de darse y pusiéronse en los montes y sierras, y lugares dificultosos y ásperos de subir, cerrando los pasos; y en un lugar fortísimo llamado Ventagay (de donde tomó el nombre el valiente canario Ventagay) se puso una cuadrilla de canarios bien armados, donde tenían copia de mantenimientos.

 

Volvióse al real el Guanarteme don Fernando, con Juan Mayor, que había ido con él, y dió razón a Pedro de Vera de lo que había pasado con los canarios y su obstinación, y la fortificación que tenían hecha en los pasos, y el riesgo que la gente tenía, si no iban con recato y consejo. Pedro de Vera, oída la razón de don Fernando, viendo la pertinacia y dureza que los canarios tenían, hizo apercebir la gente. (Abreu Galindo; 1977:226)

 

1480 Diciembre 20. Medina del Cainpo (f.61). Incitativa a las justicias ordinarias y de la hermandad de Vitoria, Orduña, Salvatierra, Treviño, Miranda, La Puebla , Santavilla, Peñacerrada, La Ribera , valle de Quartango y valle de Ayala, y a García de Alvarado, alcaide de la fortaleza de Alegría, para que obliguen apagar a Diego de Soria y Francisco de Pinelo, depositarios de los maravedís de la bula de la Santa Indulgencia de Canaria, a los que tomaron o se empadronaron para tomar la bula y no las han pagado, y en caso de fallecimiento de éstos a sus herederos. Se concede a García Alvarado el nombramiento de juez y mero ejecutor, y poder cumplido para actuar contra las personas y bienes de los que se nieguen apagar sus deudas. La Reina. Avila. Rodericus.

(E. Aznar; 1981)

 

1480 Diciembre 22. Medina del Campo (f.86). Incitativa a petición de Fernando de Cabrera, receptor general que fue de la isla de Gran Canaria, ordenando a Diego de Merlo, miembro del Consejo Real y asistente de Sevilla, ya las justicias de dicha ciudad que no hagan ejecución en sus bienes, ni en los de su fiador de la Has, puesto que no recibió los quintos necesarios para pagar las deudas contraídas en su cargo y porque éstas serán pagadas por el nuevo receptor Miguel de Muxica. Acompaña la relación de soldados y trabajadores a quienes se debe dinero, éstos son: Lucas, Pedro de Madrid, Lope y dos hombres que les servían por herreros, los carpinteros y aserradores Andrés Jiménez y dos hijos, que adobaban galletas, Pedro de Cazalla, Rodrigo, Juan García y un compañero, los albañiles y tapiadores Cristobal de Céspedes, Alonso García, Antón García de Oñoro y Juan Sánchez de Morón, el calafate Diego Calafate, el tonelero Bartolomé Sánchez, quien hizo prender en Sevilla Fernando de Cabrera, los zapateros Juan Vizcaíno, Sarave, Lebrón y otros dos, el hacedor de molinos Diego carpintero de lo prieto, un maestro que adobaba sillas de caballo, dos hombres que tenían a su cargo un molino, y los peones Pedro de Madrid, Fernando de La Algaba, Salazar, Juan de Castro, Juan de Burgos y Juan de Frías, más otros cuyos nombres no se recuerdan. Se une también la lista de las personas que adelantaron dinero, que son las siguientes: el mercader granadino Bernal Sánchez que prestó 30.000 maravedis más o menos, los escribanos de la isla Alonso de Salamanca y Pedro de la Fuente, que dieron 50.000 más o menos, Juan Rodríguez que dió 1.000 más o menos, Diego Fernández que entregó 8.000 más o menos, el vecino de Jerez Diego Gil de Tocina que adelantó 25.000 más o menos, el escudero Juan de León que prestó 5.000 de un caballo, la Iglesia de Santa Ana que dió 800 y el vecino de Fuerteventura Alonso Viejo que adelantó 3.000 aproximadamente, y Pedro de Argüello, Juan Sánchez de Morón, el sastre Juan Jorge, el genovés Marcellín, el vecino de Sevilla Pedraza, Diego de Cabrera criado de .Micer Agostín y Pedro de La Algaba vecino de Lepe, cuyas cantidades no son recordadas, y Diego Simón a quien se le deben 35.000 por una carabela. La Reina. Santander. Acordada: Rodericus, Nunios. (E. Aznar; 1981)

 

* Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen  

Eguerew, wamendi 7º akano.