EFEMÉRIDES DE
Guayre
Adarguma *
1480 Mayo 2. El invasor
asesino de pueblos, Juan Rejón, con una gran carga de venganza recala en el
puerto de Las Isletas, tal como recoge Abreu: “Como Juan Rejón se vio en
Sevilla, dio cuenta a los comisarios de todo lo que pasaba, y la gran necesidad
que había, y que convenía proveer con toda diligencia de gente; y procuró por
todas vías, con favor de don Fernando Rejón, caballero del hábito de
Santiago, capitán de la artillería de Sus Altezas, con cuyo pariente era muy
favorecido, por quien hacía el Rey Católico y pudo tanto, que alcanzó volver
a la conquista, con facultad y consentimiento de los comisarios, según quieren
decir; y por más presteza se fue a Cádiz, donde tuvo también gran favor y
dineros del deán de Cádiz don Juan Rejón, el cual le fletó un navío; y,
metiendo en él treinta hombres de
confianza y muchos bastimentos, se embarcó en él.
Era
el capitán Juan Rejón altivo, amigo de su voluntad y vengativo, pero buen
soldado, animoso, osado y para mucho. Llegó al puerto de Las Isletas de
Canaria, con próspero tiempo, a dos días del mes de mayo de 1480, víspera de
Con
esto estuvo la gente del real con mucho contento, con el socorro que les había
llegado. Juan Rejón hizo fuese un hombre de quien se fió al real, para que,
con todo secreto y disimulación, hablase al alférez Alonso Jáimez de
sotomayor, su cuñado, y con el alcalde mayor, Esteban Pérez de Cabitos, y con
algunos amigos suyos; y aquella noche, con todo secreto, saltó en tierra con
los treinta hombres, metiéndose en casa del Esteban Pérez, alcalde mayor y su
grande amigo, que era cerca de la iglesia.
Otro
día, el de Santa Cruz, 3 de mayo, estando en misa el gobernador Pedro del
Algaba, entró Juan Rejón con sus treinta hombres y otros muchos del real,
diciendo: -¡Viva el Rey! Y, llegándose al gobernador, lo prendió y, sacándolo
de la iglesia, lo metió en la torre con unos grillos. A este tiempo había ido
el obispo don Juan de Frías a Lanzarote, a tomar posesión de su iglesia de San
Marcial de Rubicón y para mandar alguna provisión. Quisieron los del real
ponerse a defender al gobernador; mas, como conocieron al capitán Juan Rejón,
disimularon. Después prendió al deán don Juan Bermúdez y a otros muchos
amigos del gobernador y del deán, que tenía por sospechosos.
Andaba
por el real grande alboroto entre los amigos del gobernador Pedro del Algaba;
mas Juan Rejón, sacando una provisión, la dio a Esteban Pérez Cabitos,
alcalde mayor, la cual leyó Pedro Ángelo, escribano que era del real, que era
de Sus Altezas, en la cual le mandaba viniese por gobernador y capitán general
de la isla de la Gran Canaria y su conquista, y que prendiese a Pedro del Algaba
y procediese contra él, conforme a derecho. Muchos tienen entendido que el
rigor de esta provisión no haya emanado ni procedido de los
católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, nuestros señores, sino que
fué orden y traza que algún enemigo del gobernador Pedro de Algaba dió.
Estuvo
preso el gobernador con mucho recaudo y recato, desde el día de la Santa Cruz,
3 de mayo, hasta víspera de Pascua de Espíritu Santo; y en este tiempo el
capitán Juan Rejón y su muy amigo Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor,
formaron el proceso contra Pedro de Algaba, haciéndole cargo que se carteaba
con el rey de Portugal y que le vendía esta isla, y que había recibido cierta
cantidad de dinero, ayudándose para ello de testigos de no buena conciencia;
los cuales ellos y todos pararon en mal. Fulminado el proceso, lo sentenció a
degollar, y así se ejecutó, cortándole la cabeza en la plaza de Santa Ana,
(que al presente es de San Antón), por la mañana, con trompetas y voz de
pregonero. También hizo proceso el capitán Juan Rejón contra el deán don
Juan Bermúdez, y contra otros que entendió ser amigos y confederados del
gobernador, acusando al deán de inquieto y amotinador. Embarcolos en un navío,
desterrándolos; y dicen que de secreto mandó al maestre los llevase a la isla
de La Gomera, y que los echase en el término donde estaban los gomeros del
bando de Orone y Agana, que estaban rebelados contra Hernán Peraza, hijo de
Diego de Herrera; que a causa de esta rebelión y alzamiento había pocos días
que se había partido en una fusta de Canaria, que había venido al socorro, y
por eso no lo halló en Canaria Juan Rejón. En relaciones antiguas se dice que
Juan Rejón avisaba a los gomeros que los matasen, como amigos y confederados de
Hernán Peraza. Yo no me puedo persuadir que un caballero y noble, como Juan Rejón
era, quisiese a otro hombre noble causarle con traición la muerte sino que su
intento fue desterrar al deán ya los demás que con él desterró, y echarlos
de sí.
El
navío, o por voluntad del maestro, o por temporal, torció el viaje a Lanzarote
y tomó puerto en Rubicón, donde el deán fue recibido con grande contento de
Diego de Herrera y de doña Inés Peraza y del obispo; y les fueron hechos a él
ya los que con él iban, grandes regalos y hospedaje y asimesmo se dice y afirma
que todos los que fueron testigos contra el gobernador Pedro del Algaba,
padecieron tristes y violentas muertes, unos entre los canarios, otros por manos
de guanches en Tenerife, y otros en Berbería, de tal manera que ninguno murió
su muerte natural, sino violenta. y nunca ninguno que contra
1480
Mayo 8. Toledo (f. 78). Comisión al
dr. Antonio Rodríguez de Lillo, oidor de la audiencia y del Consejo Real, para
que investigue, a petición de pedro de Vera, vecino de Jerez de
1480
Mayo 28. Toledo (f. 208). Nombramiento
de dos jueces y meros ejecutores (cuyos nombres aparecen en blanco) para cobrar
las bulas de
1480
Junio 4. Toledo (f. 222). Mandamiento
a Diego de Soria y Gregorio Pinelo, receptores de las bulas de la Santa
Indulgencia de Canaria, para que suspendan durante cuarenta días la ejecución
contra los bienes de Pedro de Setién, vecino de Burgos, tesorero que fue de
dichas bulas, no obstante la orden de proceder contra los que adeudasen
cantidades de las citadas bulas ya que éste alega no haber podido realizar la
recaudación a causa de los secuestros y embargos dictados por el Papa y los
Reyes, y para que envíen antes de quince días las demandas que han puesto
contra Pedro de Setién, para que el Consejo determine en ellas. La carta que
contiene dicho mandamiento está dirigida a los citados Diego de Soria y
Gregorio Pinelo, ya Juan de Salvatierra, vecino de Burgos. El Rey. Camañas.
Rodericus. Reg: Diego Sánchez. (E.Aznar; 1981)
1480
Junio 4. Toledo (f. 222). Mandamiento
a Diego de Soria y Gregorio Pinelo, receptores de las bulas de la Santa
Indulgencia de Canaria, para que suspendan durante cuarenta días la ejecución
contra los bienes de Pedro de Setién, vecino de Burgos, tesorero que fue de
dichas bulas, no obstante la orden de proceder contra los que adeudasen
cantidades de las citadas bulas ya que éste alega no haber podido realizar la
recaudación a causa de los secuestros y embargos dictados por el Papa y los
Reyes, y para que envíen antes de quince días las demandas que han puesto
contra Pedro de Setién, para que el Consejo determine en ellas. La carta que
contiene dicho mandamiento está dirigida a los citados Diego de Soria y
Gregorio Pinelo, ya Juan de Salvatierra, vecino de Burgos. El Rey. Camañas.
Rodericus. Reg: Diego Sánchez.
1480
Junio 12. Toledo (f. 233). Incitativa
para que las justicias, así ordinarias como de hermandad, auxilien a Diego de
Soria ya Francisco Pinelo, depositarios generales de las Bulas de la Indulgencia
de Canaria, ya los demás tesoreros y recaudadores de dicha indulgencia,
actuando contra las personas y bienes de los que se nieguen apagar lo que deben.
El Rey. Camañas. Alfonsus. Quintanilla. (E. Aznar;1981)
1480
Junio 18. Toledo (f. 14). Seguro a
favor de Ruy Sánchez de la Vega, vecino de Burgos y tesorero de la bula de la
Santa Indulgencia de Canaria en el obispado de Oviedo, y de sus criados y
factores. Se ordena a las Justicias del Reino que hagan pregonar dicha carta,
para que nadie pueda alegar ignorancia. El Rey. Camañas. Alfonsus. Quitanilla.
(E.Aznar;1981)
1480
Junio 18. Toledo (f. 78). Mandamiento
al capitán don Martín de Cabra, del Consejo Real, ya Cristóbal de Castro,
alcaide de Valencia, para que obliguen a devolver a Ruiz Sánchez de
1480
Junio 18. Toledo (f. 14). Seguro a
favor de Ruy Sánchez de la Vega, vecino de Burgos y tesorero de la bula de la
Santa Indulgencia de Canaria en el obispado de Oviedo, y de sus criados y
factores. Se ordena a las Justicias del Reino que hagan pregonar dicha carta,
para que nadie pueda alegar ignorancia. El Rey. Camañas. Alfonsus. Quitanilla.
(E.Aznar; 1981)
1480
Junio 18. Toledo (f. 78). Mandamiento
al capitán don Martín de Cabra, del Consejo Real, ya Cristóbal de Castro,
alcaide de Valencia, para que obliguen a devolver a Ruiz Sánchez de
1480
Junio 18. Toledo (f.293). Carta a las
justicias de las ciudades de Burgos, Santo Domingo de la Calzada, Calahorra,
Logroño y Nájera y de las otras ciudades, villas y lugares de los obispados de
Burgos y de Calahorra y de todo el Reino, para que a requerimiento de los
tesoreros de las bulas de la Santa Indulgencia de Canaria, en los obispados de
Burgos y Calahorra, les den ayuda para exigir los maravedís cobrados por
personas sin su licencia y los que han cobrado por personas con su poder, que se
han ausentado sin dar cuenta de lo recaudado. En ambos casos se les ordena
proceder contra las personas y bienes de los deudores para saldar sus cuentas y
entregar los padrones e inventarlos que dichas personas tienen para que los
tesoreros puedan realizar su misión. El Rey. Camañas. Quintanilla.
Rodericus. (E. Aznar; 1981)
1480
Agosto 18. Desembarca en Las Isletas
el sanguinario asesino esclavista y masacrador de pueblos, el judío converso
Pedro de Vera, tal como recoge el fraile de la secta católica Abreu Galindo:
“Estaba el capitán Juan Rejón, gobernador de la isla de Canaria, contento en
haber satisfecho su pecho y rencores.
Parecio1e
sería bien hacer alguna entrada en la isla, y acordó él y el alcalde Esteban
Pérez Cabitos y los demás ir al término de Tamarazayte. Y, marchando con el
ejército la cuesta arriba, mirando la mar vieron venir una vela en la alta mar
hacia el puerto de Las Isletas, que fué causa dejasen la empresa y camino que
llevaban, y fueron camino del puerto. El navío traía el viento prospero, y en
breve tomó puerto. Tuvieron aviso venía en él Pedro de Vera, por gobernador y
capitán general de la conquista.
Los
Reyes Cató1icos habían sido avisados de las discordias que en Gran Canaria
pasaban entre los conquistadores, y la gran necesidad que en ella se padecía; y
acordaron con toda presteza proveer gobernador y capitán de confianza. Y,
estando en Toledo el rey don Fernando, año de 1480, nombraron para ello a Pedro
de Vera, caballero natural de Jerez de la Frontera, en quien concurrían todas
las calidades que para la empresa convenían. Luego que fué proveído, se fué
a Sevilla, ante los comisarios de la conquista Diego de Merlo y Alonso de
Palencia; y, dándole orden e instrucción de lo que había de hacer, se vino a
Jerez de la Frontera, y entre sus deudos y amigos se proveyó y dió asiento
como lo proveyesen de mantenimientos para la conquista necesarios, caso que los
Reyes Cató1icos o sus comisarios tardasen en mandarlos. Apercibióse de buena
gente y algunos caballos, y se embarcó en Cádiz, en el navío dicho, dejando
aprestados otros dos navíos en Cádiz a Hernando de Vera, su hijo, con más
gente y municiones.
Llegó
Pedro de Vera a la isla de la Gran Canaria en 18 de agosto de 1480. Vino con él
Miguel de Moxica, vizcaíno, receptor de los quintos y derechos reales, y Juan
de Siberio, su primo. Desembarcó luego Pedro de Vera, y les dio noticia de las
provisiones que traía y que, por no detenerse, por habérselo así mandado Sus
Altezas, había venido con aquel navío, por remediar alguna parte de la
necesidad que se decía tenían; y que dejaba dos navíos con Hernando de Vera y
Rodrigo de Vera, sus hijos, que habían de venir en su seguimiento.
Fué
de todos obedecido; y otro día, después de su llegada, desembarcada toda la
gente y caballos, se vino al real bien acompañado y a recaudo. De esta venida
de Pedro de Vera ningún contento recibió Juan Rejón, ni Esteban Pérez
Cabitos, alcalde mayor. Fuéronlo a recibir y venirse con él, mostrando
contento, con que las muestras del placer y alegría daban seguridad de disculpa
de lo que habían hecho en la muerte de Pedro del Algaba, gobernador, y del
destierro del deán don Juan Bermúdez, el cual murió dende a pocos días, de
enojo y disgusto.
Llegados
al real, Juan Rejón aposentó a Pedro de Vera en la torre donde él tenía su
aposento, y se pasó a otra casa, aunque fué muy importunado Juan Rejón de
Pedro de Vera posasen entrambos juntos.
Con
buenas palabras lo fué entreteniendo, hasta que de ahí a pocos días llegó
Hernando de Vera y Rodrigo de Vera, con los dos navíos que aguardaba al puerto;
y, entendido eran sus hijos, dió aviso no saltasen en tierra, sin que tuviesen
su orden y aviso. Otro día los fueron a recibir y venir con ellos Juan Rejón y
Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, con otros muchos del real, y entraron en
los navíos, y también Juan Rejón y Esteban Pérez, por ver el navío en que
habían de ir a España y al tiempo que iban a salir del navío, les dijo
Hernando de Vera a Juan Rejón y al Esteban Pérez que se detuviesen y se
tuviesen por presos, que así cumplía al servicio de Sus Altezas; y los detuvo,
con mucho recaudo y recato. Pedro de Vera les hizo proceso, y cerrado, los envió
presos a Castilla, a Juan Rejón, a Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, ya
Ruiz Díaz. Llegado que fué Juan Rejón a la corte, no hubo quién por parte de
Pedro del Algaba pidiese cosa alguna, por estar quieto y tenerlo asegurado,
dando algunos descargos, con el mucho favor que tenía en Hernán Rejón,
comendador y capitán general de la artillería del rey; y se libró, y alcanzó
provisión para ir a conquistar la isla de
1480.
Un sábado por la mañana del mes de junio en Winiwuada bajaba el caudillo
canario Doramas desde los riscos hoy conocidos como San Lázaro al cuartel del
capitán de los invasores castellanos el genocida Pedro de Vera para una
entrevista ya concertada.
Iba escoltado Doramas
en aquella mañana calurosa, al atravesar lo que es hoy la plaza de Santa Ana,
por el faycan de Telde Acorayta; el de Agüimes: Egenacar, y por el de Arucas:
Guriruguian. El Jefe caminaba enérgico, reluciendo su torso fornido y bella
musculatura, usando unas sandalias de cuero de cabra con gruesas tiras que le
llegaban hasta las mismas rodillas, al tiempo que empuñaba su temible espada de
tea y su rodela de drago.
La comitiva de
canarios, acrecentada por tres guerreros escogidos en los cantones de Moya, se
dirigía al feudo del invasor para aquella reunión trascendental, como era la
de un canje de prisioneros entre invasores y canarios. Una esperanza que parecía
iba a ser dichosa, porque lograba desaparecer refriegas y escaramuzas en
diferentes puntos de nuestra Isla. Por tal motivo, esa reunión anunciada causó
gran júbilo porque determinaba el fin de muchos sufrimientos y la paz tan
acariciada.
Como decíamos al
principio, cruzó Doramas la plaza de Santa Ana de forma arrogante para
dirigirse al acuartelamiento del capitán Pedro de Vera, situado en aquel
entonces en un ángulo norte de lo que es hoy la Casa de Colón. Una vez en los
dominios militares del general, se hizo anunciar el caudillo canario con olímpica
indiferencia, hasta que pasados unos instantes hace su presencia Pedro de Vera,
el cual, afectuosamente, invita a la comitiva a pasar a los interiores del
cuartel y les invita a tomar agua fresca para saciar la intensa sed de todos los
viajantes.
El capitán Pedro de
Vera, una vez dispuesto para el parlamento acordado por ambas partes, ordena que
se retiren los vasallos que escoltan a Doramas, al tiempo que presenta a sus
subordinados: capitán Miguel de Mujica, su primo Juan Siberio, Miguel de Trejo
de Carvajal y a su hermosa esposa la infanta canaria Thenesoya Vidina, casada
con el normando Maciot Perdomo de
Bethencourt.
En la conversación
entablada entre los dos jefes se deduce desde un principio que el Vera no trata
de profundizar el tema de canje de prisioneros, lo que se traduce más bien en
una encerrona cuando el invasor tuvo la osadía sorprendente de vociferar
amenazas e improperios a los nativos, exigiendo sin condiciones la entrega
inmediata de unos sesenta prisioneros españoles en los cantones de Galdar. Además,
el capitán Pedro de Vera, sin intervenir sus subalternos, acusó a los
guerreros de Doramas de salvajes porque quemaban vivos a muchos prisioneros
castellanos.
Repetimos, ante las
duras alusiones del general en la histórica entrevista, Doramas, sereno y
persuasivo, respondió a Pedro de Vera que en las guerras no se admitían
piedades como ocurría con sus compañeros de raza, que además de ser
despojados de sus tierras y ganados, eran torturados y muertos a tiros por los
arcabuceros castellanos si se resistían, para más tarde ser encadenados en las
playas de Arguineguin, o Guiniguada, esperando ser vendidos como esclavos negros
en los mercados de Sevilla y Valencia.
El capitán español,
descompuesto y humillado, ante las referencias del caudillo canario, quien se
negó a aceptar la imposición de la religión católica, rechazando el bautismo
cristiano, hizo intervenir como decíamos anteriormente a los suyos para
comunicarles su funesta decisión de decretar la famosa trampa de detener y
encarcelar a Doramas y acompañantes aprovechando la ventajosa situación.
Ante el delicado
momento e injusta decisión de Pedro de Vera, el capitán Miguel de Mujica y
Thenesoya Vidina se negaron a secundar semejante patraña, convenciendo al capitán
invasor de no realizar una traición de tanta bajeza. Y sobra decir por lo tanto
que toda la comisión isleña se marchó como mismo había venido. (Julio Vera
Trujillo.)
1480.
"Estando la reina Isabel en Calatayud el año de 1480 llegaron
algunos de los pobladores de
Hay una variante en las
referencias de Rumeu. Según él, al llegar el guanarteme de Gáldar a la metrópoli
se le trasladó en la primavera de
Recopilado lo expuesto,
comprobamos que la llegada del guanarteme de Gáldar a Castilla, y su bautizo
como Fernando, a sí como su compromiso de ayudar a los conquistadores fue en
1483, en un lugar que oscila, según la fuente de consulta, entre Castilla,
Madrid y Sevilla, pues ya se ha justificado que en aquellas fechas el rey
Fernando estaba en Córdoba entrevistándose con Abu Abdallah. Tampoco hemos de
olvidar que la guerra de Granada comenzó en 1482 y la costumbre del rey aragonés
era estar siempre junto a sus tropas.
De las muchas crónicas
e investigaciones llevadas a cabo, sólo la crónica de Gómez Escudero -la única
que circulaba editada en 1936- y que es -según los entendidos- la que más
contradicciones y errores contiene, habla de Calatayud. En dicho texto se dice
que el monarca gran canario desembarcó en Sevilla, pasó a Granada y de allí
marchó a Calatayud.
El error es doble, si
tenemos en cuenta que un año antes había comenzado la guerra de Granada y la
capital granadina no se rindió a los castellanos hasta 1492, por lo que parece
difícil que la corte que acompañaba al guanarteme pudiese circular por zona
enemiga, con la particularidad de que la guerra por el último reducto musulmán
se llevaba a cabo durante la primavera y el verano y descansaba con el frío, y
la llegada de los isleños fue en verano. (Sergio Zapatería G.)
1480
Diciembre 10. Medina del Campo (f.50).
Poder a Juan de Torres, corregidor de las villas, valles y merindades de
Trasmiera, Peña Melera, Valdebeseros, Peña Samago, Peña Rubia y Val de los
Herreros, para que en nombre de Sus Altezas pueda prometer palabra y seguridad
de perdón a los delincuentes de su jurisdicción y del marquesado de Santillana
y tierra del conde de Castañeda, salvo a los reos de traición, delito de falsa
moneda, falsedad hecha en nombre de los reyes y saca de monedas de oro o plata,
que fueren a servir a su costa en la conquista de Gran Canaria por espacio de
seis meses, contados desde el día en que se presentaren a Pedro de Vera, capitán
y gobernador de dicha isla, y de Miguel de Moxica, receptor de la misma. Se
ordena a las justicias que no actuen contra las personas o bienes de quienes
muestren la concordia hecha con Juan de Torres y fe de Pedro de Vera y Miguel de
Moxica de haberla cumplido, pudiéndole exigir únicamente la restitución de
los bienes que hubiesen tomado; y se ordena al chanciller ya los notarios que
les libren las cartas y sobrecartas de perdón que necesitasen, con obligación
de ser perdonadas por las justicias. La Reina. Rodericus. (E. Aznar;
1981)
1480
Diciembre 18. Medina del Campo (f.
56). Carta a las justicias ordinarias y de hermandad del Principado de Asturias
ya Rodrigo de Salazar, pesquisidor de dicho Principado, y Gonzalo Bernaldo Quirós,
a quienes se nombra jueces y meros ejecutores; para que a requerimiento de Diego
de Soria y Gregorio Pinelo, depositarios de los maravedís de la Santa
Indulgencia de Canaria, hagan pagar lo que deben a los encargados por el difunto
Ruiz Sánchez de la Vega, tesorero que fue de dicha Indulgencia en el obispado
de Oviedo, de recaudar los maravedís de tales bulas y que han quedado con
ellos, a los que los recaudaron sin su poder ya los que tomaron o se
empadronaron para tomar las bulas y no las han pagado; y para que obliguen a los
empadronadores a devolver los padrones. Se concede a dichos jueces poder
cumplido para actuar contra las personas y bienes de los deudores y se ordena
que se les dé todo favor y ayuda. La Reina. Rodericus. (E. Aznar; 1981)
1480
Diciembre 18. Medina del Campo (f.
77). Provisión a petición de Diego de Soria y Gregorio Pinelo, depositarios de
los maravedís de la Indulgencia de Canaria, para que sean levantados los
embargos que sobre los maravedís de dicha bula han puesto algunas justicias, a
requerimiento de ciertos frailes, que no han cobrado 1o que se les debe por la
predicción de tales bulas. La Reina. Avila. Rodericus.
(E. Aznar; 1981)
1480
Diciembre 18. Medina del Campo
(f.183). Provisión a petición de Diego de Soria y Gregorio Pinelo,
depositarios de los maravedís de la Indulgencia de Canarias, remitiendo a
Alfonso Díaz de Cuevas, alcalde mayor de Burgos, el pleito que aquéllos tratan
con Francisco de Arceo, vecino de Burgos, que pasó en primera instancia ante
los Idos. de Miranda y de la Torre, quienes condenaron a Francisco de Arceo a
pagar 210.000 maravedís, habiendo apelado éste a Rodrigo de Fuentes, teniente
de alcalde, por Antonio Sarmiento, alcalde mayor, quien no quiso conocer en él
y lo remitió al Consejo Real ya los oidores de la Audiencia, Corte y Chancillería.
Se otorga poder cumplido a Alfonso Díaz de Cuevas y se ordena al escribano ante
quien pasó dicho proceso que se le entregue en un plazo de tres días, a partir
del momento en que le fuere mostrada esta carta, pagándole Diego de Soria y
Gregorio Pinelo su salario. La Reina. A vila, Rodericus. (E. Aznar; 1981)
1480
Diciembre 18. Medina del Campo
(f.197). Comisión a Alonso Díaz de Cuevas, alcalde mayor de Burgos, a petición
de Diego de Soria y Gregorio Pinelo, depositarios y receptores generales de los
maravedis de la Santa Indulgencia de Canaria, y de los tesoreros y recaudadores
de dicha Indulgencia, para que se informe de los daños que éstos dicen haber
recibido de los embargos y secuestros, puestos por el Papa y el Rey, y para que
obligue a los tesoreros y recaudadores a pagar lo que deben a Diego de Soria y
Gregorio Pinelo, descontando los daños, si son ciertos, causados por tales
secuestros, recibiendo fianzas llanas y abonadas del montante del descuento. Se
declaran sin apelación sus sentencias y emplazamientos, salvo la sentencia
definitiva ante el rey y los de su Consejo, y se le concede poder cumplido para
proceder contra las personas y bienes de los que se nieguen a pagar sus deudas.
La Reina. Avila. Acordada: Rodericus. (E.
Aznar; 1981)
1480
Mayo 3. En Winiwuada (Las Palmas) los
invasores europeos de la secta católica celebraba una misa en la ermita de San
Antonio Abad cuando irrumpió el mercenario al servicio de Castilla Juan Rejón,
espada en mano, escoltado por hombres adictos. Había llegado a la isla durante
la noche procedente de la península ibérica y dispuesto a vengarse de Pedro de
Algaba. En el interior del templo, Rejón entregó al alcalde de los invasores
Esteban Pérez de Cabitos un pergamino real, para que procediera a su lectura.
El
escribano Angelo leyó la real providencia por la que los nefastos Reyes Católicos
indultaban a Juan Rejón de todos los cargos imputados por Algaba y lo restituían
en los cargos anteriores, al tiempo que le ordenaban que terminara la conquista
de Tamaránt (Gran Canaria). Pedro de Algaba fue encarcelado y juzgado por
traición, siendo condenado a morir en la horca.
1480
Diciembre 12. La Corona de Castilla
envía otra armada para reforzar las tropas de invasión en la isla Tamaránt
(Gran Canaria) se partió el capitán
Miguel de Moxica con los doscientos vizcaínos, los más ballesteros,
despacharon los Reyes Católicos con toda diligencia al asistente de Sevilla
Diego de Merlo, que de la gente que tenía Hernán Darias Saavedra, mariscal y
provincial de la Santa Hermandad de la Andalucía, proveyese luego dos compañías
de jinetes y una de ballesteros, de las cuales vinieron por capitanes Esteban de
Junqueras, hidalgo valiente, con ciento y cincuenta ballesteros, y el capitán
Pedro de Santiesteban con treinta jinetes, y el capitán Cristóbal de Medina,
con veinte y cinco jinetes. Los cuales se embarcaron en San Lúcar de Barrameda,
en cinco navíos.
Corrieron
tormenta, y los cuatro navíos llegaron en salvo al puerto de Las Isletas, y
fueron muy bien recibidos, con mucho contento. El otro navío, en que venía
Esteban de Junqueras con parte de la infantería, arribó a la isla de Lanzarote
y en la barra del Arrecife, por falta del piloto, se perdió. Diego de Herrera
los recogió y proveyó de lo necesario y los encaminó a Canaria en dos navíos
que allí estaban.
El
gobernador Pedro de Vera, viéndose poderoso con los socorros que le habían
llegado, determinó salir en busca de los canarios que andaban alzados en las
sierras. Los cuales como supieron había venido el Guanarteme don Fernando de Gáldar,
lo vinieron a ver y visitar. El cual contó grandes cosas y las mercedes que había
recibido de Sus Altezas, y las que a todos haría, si se redujesen. Y, para
mejor tratarlo y efectuarlo con todos los canarios, se fue a Gáldar y a la
sierra, donde todos los demás estaban alzados, recogidos y hechos fuertes. Púsoles
delante el peligro y riesgo que todos corrían, no queriendo rendirse y
obedecer, por el gran poder que los Reyes Católicos tenían.
Algunos
se movieron con aquestas palabras y se vinieron con él; pero los más no
quisieron, por haber elegido un valiente canario por capitán, llamado Tajarte;
y con él estaba un hijo del Guanarteme de Telde, que pretendía heredar la
isla. Éstos reprehendieron al Guanarteme de Gáldar don Fernando, poniéndole
delante el mal tratamiento que Pedro de Vera había usado y tenido con los
canarios, sus hermanos, que se habían tornado cristianos, que no sabían qué
se hubiese hecho; que lo mismo harían de ellos, pues no les guardaban la
palabra. Rogáronle y persuadíanle se fuese con ellos, que todos morirían y lo
harían señor de la isla, que no tratase de darse y pusiéronse en los montes y
sierras, y lugares dificultosos y ásperos de subir, cerrando los pasos; y en un
lugar fortísimo llamado Ventagay (de donde tomó el nombre el valiente canario
Ventagay) se puso una cuadrilla de canarios bien armados, donde tenían copia de
mantenimientos.
Volvióse
al real el Guanarteme don Fernando, con Juan Mayor, que había ido con él, y dió
razón a Pedro de Vera de lo que había pasado con los canarios y su obstinación,
y la fortificación que tenían hecha en los pasos, y el riesgo que la gente tenía,
si no iban con recato y consejo. Pedro de Vera, oída la razón de don Fernando,
viendo la pertinacia y dureza que los canarios tenían, hizo apercebir la gente.
(Abreu Galindo; 1977:226)
1480
Diciembre 20. Medina del Cainpo
(f.61). Incitativa a las justicias ordinarias y de la hermandad de Vitoria, Orduña,
Salvatierra, Treviño, Miranda,
(E.
Aznar; 1981)
1480
Diciembre 22. Medina del Campo (f.86).
Incitativa a petición de Fernando de Cabrera, receptor general que fue de la
isla de Gran Canaria, ordenando a Diego de Merlo, miembro del Consejo Real y
asistente de Sevilla, ya las justicias de dicha ciudad que no hagan ejecución
en sus bienes, ni en los de su fiador de la Has, puesto que no recibió los
quintos necesarios para pagar las deudas contraídas en su cargo y porque éstas
serán pagadas por el nuevo receptor Miguel de Muxica. Acompaña la relación de
soldados y trabajadores a quienes se debe dinero, éstos son: Lucas, Pedro de
Madrid, Lope y dos hombres que les servían por herreros, los carpinteros y
aserradores Andrés Jiménez y dos hijos, que adobaban galletas, Pedro de
Cazalla, Rodrigo, Juan García y un compañero, los albañiles y tapiadores
Cristobal de Céspedes, Alonso García, Antón García de Oñoro y Juan Sánchez
de Morón, el calafate Diego Calafate, el tonelero Bartolomé Sánchez, quien
hizo prender en Sevilla Fernando de Cabrera, los zapateros Juan Vizcaíno,
Sarave, Lebrón y otros dos, el hacedor de molinos Diego carpintero de lo
prieto, un maestro que adobaba sillas de caballo, dos hombres que tenían a su
cargo un molino, y los peones Pedro de Madrid, Fernando de La Algaba, Salazar,
Juan de Castro, Juan de Burgos y Juan de Frías, más otros cuyos nombres no se
recuerdan. Se une también la lista de las personas que adelantaron dinero, que
son las siguientes: el mercader granadino Bernal Sánchez que prestó 30.000
maravedis más o menos, los escribanos de la isla Alonso de Salamanca y Pedro de
la Fuente, que dieron 50.000 más o menos, Juan Rodríguez que dió 1.000 más o
menos, Diego Fernández que entregó 8.000 más o menos, el vecino de Jerez
Diego Gil de Tocina que adelantó 25.000 más o menos, el escudero Juan de León
que prestó 5.000 de un caballo, la Iglesia de Santa Ana que dió 800 y el
vecino de Fuerteventura Alonso Viejo que adelantó 3.000 aproximadamente, y
Pedro de Argüello, Juan Sánchez de Morón, el sastre Juan Jorge, el genovés
Marcellín, el vecino de Sevilla Pedraza, Diego de Cabrera criado de .Micer
Agostín y Pedro de La Algaba vecino de Lepe, cuyas cantidades no son
recordadas, y Diego Simón a quien se le deben 35.000 por una carabela. La
Reina. Santander.
Acordada: Rodericus, Nunios. (E. Aznar;
1981)
Eguerew,
wamendi 7º akano.