¡EL
GRAN ENGAÑO MASIVO! (I)
Ramón
Moreno
Hoy
tenía previsto escribir sobre esa lacra social, que se ha dado en llamar
“violencia de género”; pero lo haré en un próximo artículo, acuciado por
la imperiosa necesidad de salir de nuevo a la
palestra -no puedo permanecer callado, bajo ningún concepto-, ante lo
que entiendo que es un vergonzoso engaño masivo, que se está perpetrando
contra el pueblo canario, mediante la reiterada propaganda institucional que
aparece en los medios de comunicación, en la que se resaltan las “bondades”
y “logros” del llamado nuevo Estatuto de Autonomía para Canarias.
La
novedosa modalidad de una especie de
Franquicia -ya lo he dicho mil veces-, mediante la cual,

En
esa engañosa propaganda del Gobierno autonómico, se le está “vendiendo” a
los canarios, que el nuevo Estatuto “incorpora el mar a la “nacionalidad
canaria” (este calificativo me produce urticaria), lo que nos permitirá
aumentar el control de nuestras aguas”…
¡Una
auténtica falacia!, y un intolerable insulto a la inteligencia de los que
sabemos positivamente que es absolutamente incierto, por no decir imposible, que
Canarias pueda tener “aguas propias”, y mucho menos “controlarlas”, con
el actual engendro de modelo político-jurídico, por mucho que se diga. ¡Una
insidiosa y canallesca mentira, que no se convertirá jamás en verdad, aunque
se repita constantemente! ¡Un monumental fraude de Ley, del Derecho Marítimo
Internacional vigente!
¿Cómo
se puede ignorar deliberadamente, todo lo legislado en esta materia por
Otra
cosa es que Canarias -que efectivamente es un Archipiélago, por constituir un
conjunto de Islas-, no sea, jurídicamente, ni lo uno ni lo otro. Primero,
porque para ser Estado Archipelágico, tendría que ser antes, obviamente, un
Estado libre y soberano, tras haber accedido a la independencia; y ese
precisamente, ¡es el verdadero nudo gordiano de la cuestión! Y segundo, porque
para ser considerado un Archipiélago de Estado (los denominados
Estados-mixtos), es condición “sine quanon” estar en el mismo continente
que la nación a la que se pertenece, bañado por el mismo mar -como Baleares-;
características singulares que, en el caso de Canarias, no se dan
evidentemente. Canarias, en pura praxis de Derecho Internacional es, sin ningún
género de dudas, se mire por donde se mire, un anacrónico “territorio
nacional” en otro continente. O sea, un enclave de ultramar de un Estado
europeo en África, que la legalidad internacional no ampara hoy en día. Una
entelequia político-jurídica para “dar validez” a una apropiación de
territorio, por la fuerza de las armas, en un proceso de cruenta conquista y
“evangelización” (práctica muy común en aquella época) que data de más
de quinientos años, lo que ya dura el ignominioso periodo colonial español en
nuestra tierra.
Por
esa incontestable evidencia, las “Islas Canarias”, solo tienen reconocidas
internacionalmente
El
resto de los espacios marítimos entre Islas -que en un Estado Achipelágico,
serían “aguas interiores”-, son en este caso, “aguas internacionales”
con libertad de navegación, por el derecho de “paso inocente” aplicable a
los Estrechos: Parte II, Sección 3ª, Artículo 17 al 26 del Convenio citado.
Llegados
a este punto, tengo que lamentar ser reiterativo,
porque sobre este tema he hablado y escrito hasta la saciedad; pero ya he
dicho, y lo reitero ahora, que yo tengo inoculado el “principio archipelágico”,
y mis anticuerpos se revelan de inmediato ante aseveraciones inexactas y
tendenciosas como las que contiene el Artículo 3, Ámbito Territorial: Mar y
Espacio Aéreo, del nuevo Estatuto; carentes de todo rigor y fundamento, y sin
base jurídica alguna.
Y
aquí actuó como un sesudo epidemiólogo, ante los nocivos efectos de ese
“virus informativo” con el que se está infectando a la población canaria;
no solo, despertando falsas expectativas imposibles de materializar, por otra
parte, con el actual “status”, sino además, y esto es lo más grave, con el
deleznable propósito -todo apunta en una dirección-, de hacerla partícipe de
un perverso y prefabricado “sofisma consciente” en el que está inmersa la
desprestigiada “clase política”, que ha apadrinado y actuado como
“maestro de ceremonias” de ese bodrio de texto estatutario.
Porque
“definir” a Canarias (Artículo 1, del Título Preliminar) como un
“archipiélago atlántico” -supongo que por estar situado en este océano-,
no solo es una jocosa “boutade”, sino un colosal eufemismo para ocultar el
determinante “factor geográfico” de nuestra pertenencia a África; de la
que se ha querido poner “mar de por medio”, para así “alejarnos” de los
Canarias,
enero de 2007.