El espíritu de Manrique

Alberto Cañete

Si hacemos un somero repaso a algunas de las ocasiones en las que los canarios hemos puesto el grito en el cielo frente a los planes auspiciados por nuestros gobernantes, veremos que no son anécdotas perdidas en un laberinto de planteamientos políticos; muy al contrario, obedecen a un modus operandi perfectamente entramado y entretejido.

Desde Veneguera y Arinaga en Gran Canaria, pasando por Corralejo y Tindaya en Fuerteventura o Malpaso en el Hierro, hasta El Rincón y Vilaflor en Tenerife, todas las acciones políticas han obedecido a espurios intereses económicos ajenos a ese bien común que se han encargado de vocear al pueblo de Canarias. żO qué son, si no, las operaciones de las playas de Valleseco y Las Teresitas? żO las de Montaña Blanca y Famara en Lanzarote? żY el radar de Taborno? żY las torretas de Vilaflor? żY la incineradora de Arico? żY el parque marítimo de Jinámar en Gran Canaria? żY el istmo de Las Palmas? żY la Vía de Ronda de La Laguna? żY la ampliación de la Autopista del Sur de Tenerife? żY la vía de Cornisa de Santa Cruz? żY el Malpaís de Güimar? żY...?

Eso sin mencionar las extracciones indiscriminadas de áridos, los vertederos incontrolados, la limpieza –cuando no el hundimiento- de barcos frente a nuestras costas, las piscifactorías, la muerte y varado de delfines, tortugas y otras especies, los parques eólicos ruinosos y sin mantenimiento, etc.

Son muchas y variadas, pero todas responden al mismo esquema: especulación, dinero fácil, corrupción. Y no hay más. żY les extraña que un ministro español les ponga las peras al cuarto diciendo verdades como puños? żY qué hacen sus correligionarios en las Islas picaporteando a la puerta del Gobierno autonómico? Así, el último capítulo de esta macabra novela es la gran operación del puerto industrial de Granadilla. Es la primera vez que, antes de la aparición del primer petrolero, el piche ha enfangado a todos los que defienden esta infraestructura portuaria. De una parte, los empresarios (constructores, hoteleros, banqueros, importadores) aunados en las Cámaras de Comercio y las federaciones empresariales; sus intereses no dejan de ser los lícitos de su propia actividad, pero adolecen de ética, al secundar posiciones economicistas neoliberales de difícil justificación. De otra parte, la clase política de Tenerife, empezando por el propio Ayuntamiento de Granadilla y siguiendo por las consejerías insular y autonómica de Medio Ambiente, supeditados todos a los mismos intereses y haciendo oídos sordos, no ya a las recomendaciones públicas y privadas, sino a las propias sentencias europeas. Todo justifica el mal necesario del Puerto.

Qué decir de nuestra prensa, radio o televisión, secundando –salvo excepciones- esta misma estrategia. Por último, la oposición municipal y parlamentaria, que se muestra tibia a la hora de denunciar los excesos y desenfrenos urbanísticos. Después, todos harán lo mismo que cuando las protestas por la Vía de Ronda de La Laguna o por las torres de Vilaflor: jugarán al engaño y a la doble moral, apoyando en sus despachos lo que después denuncian asistiendo a las manifestaciones.

Por eso, cuando personas que añaden a un reconocido prestigio personal y profesional el hecho de que no ganan nada más que su gusto por el trabajo bien hecho y el deber cumplido, que brindan su tiempo, sus conocimientos científicos y su dedicación a defender públicamente a nuestras Islas, que tienen el apoyo de instituciones como nuestras universidades o las centrales sindicales con mayor implantación en Canarias, nos llaman a todos a la movilización para evitar un desmán ecológico, debemos responderles: que sí, que estamos con ustedes, que somos ustedes.

El reconocimiento debe ir hoy a todos y todas los que componen y colaboran con la Asamblea por Tenerife, por su valor, decisión y amplitud de miras. Ellos, junto a la Coordinadora de El Rincón, Ben-Magec Ecologistas en Acción, Los Verdes, Atan, Greenpeace, el Colectivo Salvar Veneguera, el Foro Contra la Incineración, la Plataforma en defensa de la playa de Valleseco, el colectivo Toda la Isla es Vilaflor y muchos más, son los herederos del espíritu de Manrique.