Canarias, ¿frontera Sur?

Juan Jesús Ayala

Canarias: la coladera de Europa, África, América y Asia. Falta Oceanía. Ya se completará, no nos preocupemos por ello.

Mal asunto cuando los bautismos geográficos nos tocan de cerca y se hacen con tiralíneas demasiado intencionados para que esto sea así, ya que estableciendo límites hay muchos que se quedan dentro del espacio geográfico, incólumes e intocables, dejando para otros el problema que en vez de entrar en vías de solución se estanca, se agiganta y como en el caso de Canarias hasta compromete y dificulta la convivencia.

Se nos dice que el intenso crecimiento económico de Canarias es lo que hace de imán para que se acerque hacia las islas una inmigración escandalosamente incontrolada la cual se aposenta en las zonas de crecimiento turístico y en aquellas en donde la construcción y los servicios demandan mano de obra o bien que los canarios desechamos o porque no se tiene la fuerza de trabajo suficiente para ocupar todas las plazas que requiere un modelo económico alocado -turismo, construcción- que está tocando fondo.

Canarias como parte de esa frontera sur está siendo traspasada por donde tiene sus portillos que son los puertos y aeropuertos y por los desgraciados que chocan contra sus roquedales y que llegan por medio de barcos nodrizas, pateras o cayucos. ¿Y cuál es el número de irregulares que actualmente están en las Islas y que tipo de negocios o trabajos realizan? ¿Lo sabemos? Tajantemente no. Los expedientes de expulsión que se han efectuado nos pueden poner de manifiesto que se ha cumplido con lo que la ley establece o por el contrario, decirnos también que son más los que se quedan y que una vez cumplidos los cuarenta días de reclusión y no ser repatriados -¿a dónde?- circulan libremente por nuestro territorio. Entre 1999 y el 2003 se ejecutaron 25.817 expulsiones siendo las más significativas las de inmigrantes magrebíes, subsaharianos, Mali, Ghana, Nigeria, Senegal, Mauritania y Guinea, entre otros. Y la autoridad competente nos dice también que son frecuentes las repatriaciones de latinoamericanos como colombianos, ecuatorianos y paraguayos, lo mismo que europeos del Este, rumanos y rusos, así como asiáticos de origen chino y paquistaní.

Según el reciente proceso de normalización de trabajadores extranjeros impulsado en el 2005 al amparo del nuevo reglamento que desarrolla la Ley Orgánica al respecto acabó con la presentación de solicitud en las islas de 23.211, algo mas del 3% de las casi 700.000 a escala nacional española, lo cual nos pone en pista que el número de irregulares que soporta el Archipiélago y esta cifra está totalmente desfasada. Además se sabe que existe el fenómeno que aquellos que son devueltos a sus países, cuando se saben al que pertenecen, cuando pueden vuelven a insistir en el regreso para traspasar una vez más esa frontera Sur, sambenito que se le ha puesto a Canarias.

Estamos cansados de decir y de oír que la inmigración irregular, la de menor cuantía, corresponde a la que viene en esos navios miserables que mal llegan a las costas pero la importante, sin, quitárselo a esta, es la que nos visita para quedarse por los puertos y aeropuertos; cansados estamos de oírlo en los distintos foros que se habilitan para entretener el problema así como por los portavoces en las Islas del Gobierno central y del autonómico.

¿Qué hacer? Se sabe también que en determinados foros políticos para la inmigración donde, al fin, Canarias tiene presencia se le toma en serio. ¿Seguro? Habrá que creer que no. Con las Islas se está jugando al gato y al ratón, sobre todo, los que representan al Gobierno central desde la Delegación del Gobierno que están en su papel de apaciguadores que nos dice que el que entra sale. ¿Entonces, si esto es así, de dónde aparece tanto foráneo? ¿Por qué esa desgarradora aculturización a la que se está sometiendo a las Islas que ya Fuerteventura y Lanzarote nos duelen en el alma? ¿Qué está sucediendo para que la venda que tienen los responsables delante de los ojos siga siendo negra y no se enteren que se está jugando con fuego y que no valen los procedimientos que se emplean porque ahí está la evidencia y discutirla es perder el tiempo?

Frontera Sur, ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo la frontera dejará de ser vulnerable y un hazmerreír para aquellos que saben cientos de trucos para traspasarla y quedarse aquí y paseando como Pedro por su casa? ¿Hasta cuándo se seguirá mirando para otro lado? Quizás cuando la situación se nos escape de las manos y sea irreductible.

Se ha estudiado el fenómeno de la inmigración irregular desde la vertiente política y sociológica y se sabe de su aportación positiva en el desarrollo de los países, pero hay muchos, Alemania e Inglaterra, entre ellos, que se lo han pensado y puesto coto y deciden cuántos son los que deben entrar y cuántos los que deben salir. Y ¿por qué?, porque tienen un censo perfectamente elaborado de los que hay y saben qué mano de obra les hace falta y para qué tipo de trabajos. Aquí nada de nada. Somos así de displicentes, nos conformamos y cuando se levanta la voz aparece la adjetivación de xenofobia y no se sabe cuantas zarandajas más. Eso es demagogia barata y jugar al electoralismo y cuando los problemas se plantean no solo hay que adelantarse a que los acontecimientos se produzcan, sino que además hay que tener el valor suficiente y la elegancia política para llamar a las cosas por su nombre y no coger el rábano por las hojas.

Y, además, tener claro dónde estamos. Que somos frontera Sur de la Unión Europea. Bien. Pero frontera con todas las condiciones y exigencias que debe tener una frontera en cualquier parte del mundo, con las medidas de protección necesarias y no ser como es Canarias: la coladera de Europa, África, América y Asia. Falta Oceanía. Ya se completará, no nos preocupemos por ello.