PALABRAS LIBERTARIAS PARA UNA CONCIENCIA CANARIA UNIVERSALISTA
DISCURSO DE INGRESO EN LA ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUAPor Víctor Ramírez
Dedicatoria: Para Francisco Tarajano Pérez y Alfonso Oshanahan Roca
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PREÁMBULO Un domingo estando errando se encontraron dos mancebos echando mano a sus fierros como queriendo pelear; y cuando estaban peleando se acercó su padre de uno: hijo mío, por compasión, ya no pelees con ninguno. Quítese de aquí mi padre, que estoy más bravo que un león; no vaya a sacar mi espada y le parta el corazón. Hijo de mal condición, por lo que acabas de hablar antes de que raye el sol la vida te han de quitar. * Lo que le encargo a mi padre que no me entierre en sagrado, que me entierre en tierra bruta donde me trille el ganado: con una mano de fuera y un papel sobredorado con su letrero que diga "Felipe fue un desgraciado" El caballo Colorado, que hace un año que nació, ahí se lo dejo a mi padre por la crianza que me dio; los tres caballos que quedan ahí se los dejo a los pobres para que siquiera digan "Felipe, Dios te perdone". * Bajaron el toro Pinto, que nunca lo habían bajado, pero ahora sí ya bajó revuelto con el ganado; y al pobrecillo Felipe la maldición lo alcanzó: en las trancas del corral el toro lo atravesó. El pobrecillo Felipe quedó todo destripado y su padre lo enterró donde lo trilló el ganado. Ya con ésta me despido, rodeado de buena gente; esto le puede pasar a un hijo desobediente. |
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NOTA: Víctor Ramírez, acompañado a la guitarra por José Pérez Santana, cantó -como inicio de su discurso- este corrido mexicano popular de finales del siglo XIX o principios del XX.
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PALABRAS LIBERTARIAS PARA UNA CONCIENCIA CANARIA UNIVERSALISTA
Buenas noches. Este comienzo cancionero tiene su explicación. La tiene porque la audición parcial de este popular corrido mexicano en boca de un joven carretero es el recuerdo más antiguo que tengo del impacto emocional y mental proporcionado por la palabra literaturizada, embellecida.
Desde su audición, para mí -niño de acaso cinco o seis años- el mundo ya no sería igual. Pues quedé prendado, hasta ahorita mismo, de la canción mexicana. Y con ella -además- aprendí a leer y escuchar cordialmente; y con ella aprendería a escribir y hablar -e inclusive cantar- sentida, honestamente.
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I
Hace alrededor de un siglo el admirado compatriota y reverenciado maestro ético y literario Benito Pérez Galdós manifestó que no era posible una revolución social y política si antes no se producía la revolución de las conciencias. Por mi parte, y siguiendo al francés Montaigne, entiendo que la conciencia puede ser considerada el conjunto de principios u opiniones que, en los diferentes medios sociales, se inculcan en la mente desde la infancia como regla y norma de lo que es recto y justo.
Y, según lo observado, acabamos considerando, más bien por pereza o para justificar egocéntricamente nuestra situación y nuestro comportamiento, que esos principios y opiniones no proceden del exterior, sino que vienen insertos en nuestra alma desde siempre y para siempre. De ahí -de esa pereza y ese egocentrismo- tal vez procedan las dificultades para la mejoría ética personal con el paso del tiempo.
Cuando Albert Eistein tenía setenta años, en mayo de 1949, la 'Monthly Review' de Nueva York le publicó una conferencia titulada significativamente "¿POR QUÉ SOCIALISMO?" -conferencia en que el siempre exiliado sabio preconizaba que sólo un socialismo mundial salvaría a la Humanidad. Como preámbulo y entre otras lúcidas apreciaciones, expuso la incontestable evidencia de que "el hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social".
E inmediatamente especificó que "es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones (la de, a la vez, inexorablemente ser solitario y permanecer social) esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente".
Con lo de "fijada hereditariamente" nos da a entender cuánto de crucial resultará para una persona, y un pueblo, el conocimiento o la ignorancia de su pasado, la fiabilidad de su memoria, la formación de su conciencia. ("Este es el país de las pausas. Aquí vivimos en una pausa eterna" -son palabras de nuestro Alonso Quesada, según nos recordó Yolanda Arencibia en su discurso de ingreso a esta misma Academia) y entendiendo lo de <<pausa eterna>> como parálisis mental y ética, como permanente interrupción vital sociopolítica).
Así puedo afirmar que pertenezco a una colectividad, a una nación, poco menos que privada de capacidad memorística -o lo que es peor, destartalada de conciencia. Sí, pertenezco a un pueblo al que se le ha forzado y se le sigue forzando a vivir ignorándose, a acumular mentiras y confusiones, a crearse una conciencia mistificada y alienada.
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Aceptamos intuitiva o razonadamente que la memoria, tanto a nivel individual como colectivo, es el soporte natural de lo que hemos dado en llamar la identidad. De ella, de la memoria, depende nuestra manera de ser personal y la manera de ser del pueblo al que pertenecemos. Mientras más recuerdes fidedignamente de ti mismo, mientras más verazmente te conozcas, más seguridad vital y más recursos creadores poseerás para encarar el presente y programar el futuro. Lo mismo puede aplicarse a una nación -como la canaria.
Si se te ha forzado a memorizar mentiras y amañadas mistificaciones, acabarás creyéndote algo que no eres y acabarás actuando contra ti mismo al depender de inteligencias y voluntades ajenas. Esto, sin ambages, es lo que se ha hecho y se continúa haciendo con nosotros, con los canarios.
Por ello tanto nos hemos deteriorado humana y socialmente, y tanto hemos contribuido pasiva o activamente a la degradación del ecosistema que nos acoge. No, no es un suicidio colectivo, no es el socorrido vacaguaré; es colonial envenenamiento sutil, casi siempre imperceptible por haber sido cegados e insensibilizados con implacables miedos e ininterrumpidas falacias durante siglos.
La enajenación -el no pertenecernos- corrompe, pudre subrepticiamente. Y la ignorantación, el memorizar mentiras y mistificaciones, enajena, aliena. Nos obliga a vivir ajenos a nosotros mismos, contrarios a nosotros mismos, al pertenecer a otros -como acabo de decir-, al depender siempre de voluntades despectivas e intereses rapiñeros foráneos. Debido a esto se acaba siendo naturalmente endófobos.
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Asimismo la memoria es, consecuentemente, la médula activadora de la conciencia (ese motivador conocimiento que tenemos de nosotros y de cuanto nos circunda y atañe). Ésta, la conciencia, se forma casi exclusivmente con palabras: sí. Mas, además de ser la médula activadora de nuestra conciencia, de ser el soporte dinámico de nuestra identidad, la memoria es la facultad para aprender, para adquirir los conocimientos que constituirán nuestra conciencia y -por ende- nuestra personalidad -tanto en lo individual como en lo social.
Aprender es, en esencia, memorizar. Según sean la calidad de la memorización y la cantidad estructurada de lo que se memorice, así serán el aprendizaje realizado y el conocimiento adquirido. Así será nuestra conciencia; así será nuestra personalidad.
No resulta lo mismo, por ejemplo, aprender y decir que Canarias es una provincia, una región, una comunidad autónoma, una parte de España, una entidad europea ultraperiférica, que aprender y manifestar que es una nación sojuzgada por una potencia foránea, que es una Patria sometida a punta de pistola y corrupción, que es una posesión económica de ultramar a la que se trata como a prostituta indefensa, que es territorio archipielágico noroesteafricano colonizado hasta la extenuación. No, no resulta lo mismo; es radicalmente lo contrario. Y todo depende de la utilización de palabras, es decir, de conciencia.
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II
Siguiendo con Albert Einstein, oigamos qué decía él a continuación de lo expuesto anteriormente: "Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el AMBIENTE en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la ESTRUCTURA de la sociedad en la que crece, por la TRADICIÓN de esa sociedad, y por su VALORACIÓN de los tipos particulares de comportamiento".
De ahí la tremenda importancia que poseen las palabras impuestas por la oficialidad en todos los estratos de nuestra existencia -desde lo familiar hasta lo profesional, pasando por lo académico, lo lúdico...- y de las palabras adquiridas fuera de esa imposición, como en clandestinidad subversiva y casi siempre con lecturas, para la conformación de nuestra conciencia canaria -es decir, verdaderamente universalista- personal y social.
Con estas palabras clandestinas, subversivas, adquiridas en lecturas, únicamente en lecturas, y contra las palabras impuestas por la oficialidad colonial desde la mismita cuna, se transformaría mi conciencia. Y con la transformación surgiría la rebeldía libertaria, el insobornable anhelo de rendención personal y de emancipación de mi Patria.
*No, no hay palabras neutras, ni siquiera las más íntimamente privadas; todas están cargadas de finalidad partidista más o menos consciente. Y como el pueblo al que pertenezco apenas lee, tanto en los estratos analfabetizados como en los cultivados, y como desde todas las instancias de adoctrinamiento -familia, vecindad, medios de comunicación, instituciones docentes, tribunas de erudición, manifestaciones intelectuales...- se nos apabulla con mendacidades y amedrentamientos, resulta muy difícil -casi imposible- acceder a palabras iluminadoras, libertarias, dignificantes.
Hemos sido y continuamos siendo un pueblo al que se le ha privado y se le sigue privando de acceso a referencias iluminadoras, dignificantes. Aquí la sabiduría -que ha existido y existe- acaba siendo poco menos que onanista, que masturbatoria, muy poco -o nada- fecunda socialmente.
Si constatamos que el ambiente en que nos hemos criado y desarrollado es un ambiente de plena enajenación; si constatamos que la estructura social de nuestra Patria es una estructura colonial abusiva porque no podemos mínimamente defendernos ni plantar cara con un mínimo de orgullo libertario al inclemente poder metropolitano español; si constatamos que la tradición del pueblo al que pertenecemos está pletórica de miedos y de ignorantaciones y vacía de ejemplos dignificantes; si constatamos que nuestra escala de valores es castradoramente endófoba e ignominiosamente servil ante lo foráneo... muy poco o casi nada nos queda para la esperanza.
Tan sólo nos queda -más por instinto de supervivencia que por razonada esperanza- una pizca de rabiosa confianza en los golpes de azar con que tantas veces nos sorprende la Historia.
*Así y todo, únicamente en la palabra radica la posibilidad de una transformación de nuestras conciencias -tal como exigía Galdós para una transformación de la sociedad. Con palabras veraces y honorables -frente a las mendaces y corruptas coloniales-, con palabras iluminadoras y altivas -frente a las oscurecedoras y humillantes coloniales-, con palabras emancipatorias y solidarias -frente a las sumisas y autistas coloniales-, con palabras libertarias y responsabilizadoras -frente a las serviles y enajenantes coloniales- sólo será posible la educación de nuestros pueblo.
Digo educación, entendiendo ésta como el camino que saca de las tinieblas de la ignorancia y del aherrojamiento hacia la luz del conocimiento -como instrumento de ejercitar la voluntad sin alienación- y de la libertad -como capacidad de responsabilizarnos sin tutelajes deshumanizadores.
Pues lo contrario es el adiestramiento, la instrumentalización meramente animal, la deshumanización -como decía Franz Fanon que era el objetivo de todo colonialismo.
* * *III
Estoy aquí por eso, por haber utilizado públicamente la palabra a través de mi obra literaria narrativa y periodística. Ya dije que no hay palabra pública, y menos aún la intencionadamente pública como es la literaria, que sea neutral, que no haya tomado y que tome partido en todos los terreros de la contienda existencial. No la hay, ni siquiera la supuesta o intencionadamente purista.
Si vivir es inexorablemente contender, la literatura en todas sus manifestaciones es pura contienda, acaso la más específicamente humana de las contiendas humanas: al pretender la incidencia social, la participación activadora en el otro, en el que nos escucha o lee.
Y -ya dije antes- con lecturas, reflexionando sentidamente las palabras producidas por conciencias ajenas liberadas o buscando libertad, constaté que mi conciencia y las de mis paisanos se habían formado y se siguen formando con palabras amedrentadas e ignorantadadas, con palabras subyugantes.
Constaté que pertenezco a un pueblo al que se le ha privado de alma eficaz, de alma capaz de conocerse y de energetizarse para la rebeldía, para la existencia vivífica.
Del alma -a cuya concreción llamamos conciencia- dícese que tiene tres potencias: la memoria, el entendimiento y la voluntad. Si pertenezco a un pueblo al que tiránicamente se le ha impedido ejercer eficazmente la memoria -negándosenos o mistificándosenos el conocimiento de nuestro pasado-, jamás podré sentir y nutrirme verdaderamente de las raíces que me sustentan, jamás podré saber quién verdaderamente soy (es como si se me privara de toda referencia a mi infancia, adolescencia, juventud: fotos, recuerdos...; existí, sí, pero no sé cómo llegué hasta aquí, quién en verdad soy...; es como si se me impidiera contemplarme en un espejo, como si se me obstaculizase para palparme, para preguntar a otro por mi imagen...).
Y tendré que vivir alienado, inconsistente, en permanente sensación de eventualidad. Y no sólo viviré así, sino que no podré dinamizar la otra potencia del alma, el entendimiento. Y no la podré dinamizar porque, para entender, hay que aprender y aprender es simple y llanamente memorizar.
De ahí la aculturización alienante, poco creativa y rebelde, del canario. De ahí -como dije anteriormente- el onanismo egocéntrico, la infecundidad social, de nuestras sabidurías.
Siempre son fuereños los que en verdad han pensado por y para nosotros. Y lo políticamente correcto es limitarnos a papagayearles lo que se nos fuerza a memorizar de ellos. No podemos ser originales -salvo en rarísimas excepciones incomprendidas o ninguneadas o a las que rápidamente se les busca y atribuye un mentor o modelo extranjero- y nuestros méritos sólo podrán ser medidos según la altura de cuanto copiemos o glosemos a lo creado por otros. El entendimiento no nos pertenece.
Y sin entendimiento propio, por colonizados indefensos, nunca podremos alcanzar la responsabilidad de autodirigirnos, de autoadministrarnos. Y no la podremos alcanzar porque, al ser ajeno el conocimiento, también será ajena la voluntad que nos guíe.
De ahí que sólo hayan podido ser palabras alienantes, incapacitadoras, palabras que atemoricen e ignoranten, las que conformen nuestra conciencia individual y nuestra conciencia colectiva. Y éstas sólo producen palabras confundidoras y sumisas -y por muy sabios que seamos.
*Reflexionando sobre esto, me vino a la memoria EL MANIFIESTO DE LA IDENTIDAD CANARIA (subtitulado CANARIAS EN EL SIGLO XXI y con el veraz epígrafe Nada puede ser amado sin ser previamente conocido), manifiesto que encabeza un excelente libro divulgativo editado por el Centro de la Cultura Popular Canaria acabando 1999.
De esto precisamente, de que no podamos amar verazmente a nuestra Patria canaria -al desconocerla como tal, como verdaderamente Patria-, se han encargado todas las policías colonizadoras culturales siglo tras siglos hasta ahora.
Las palabras amedrentadoras e ignorantadoras de la Iglesia nacional católica española antes y de los centros docentes y medios de comunicación social ahora son las que han deformado y siguen deformando nuestra conciencia, la conciencia del canario: conciencia que, como señalé antes, sólo se ha alterado hacia la rebeldía con palabras adquiridas de conciencias rebeldes -también extranjeras- y con las invencibles palabras del pasado que han permanecido en nuestro subconsciente colectivo aguardando la energía libertaria de esas palabras extranjeras para transformarnos el pensamiento y la sensibilidad contra el inclemente poderío metropolitano.
*En ese manifiesto se exponía la indudable e ignominiosa verdad de que "Durante la mayor parte de su historia el pueblo canario ha vivido al margen de su Identidad, es decir, sin el conocimiento de sus raíces y de las implicaciones de su realidad. Ha estado, por tanto, de espaldas a la construcción de su futuro. (De espaldas no, sino de rodillas y mirando al suelo -diría yo)
>>Un reciente pasado huérfano de libertad, caracterizado por el caciquismo y la dictadura, (¡como si ahora hubiera cambiado en esencia la situación¡) impidió que en los centros educativos, culturales y sociales de Canarias se estudiara, de forma regular y profunda, nuestra Historia, Geografía, Economía,... condenando a nuestro Archipiélago al analfabetismo funcional, y por tanto a la ausencia de una sólida personalidad como pueblo diferenciado".
Todo esto, repito, es muy cierto, indignantemente cierto, es la incontestable y miserienta realidad. Pero la pregunta es la de siempre: ¿cómo salir de esta situación ignominiosa tanto en lo personal como en lo social?, ¿tan sólo quejándonos en soledad y dejando constancia oculta en un libro que -como todos- será poquísimamente o nada leído? ¿esperando de rodillas o tumbado de bruces que el verdadero y único poder que nos aherroja -el colonial español- propicie ese conocimiento liberador, dignificante?
Esa memoria sólo se podrá reavivar desde la independencia, desde la capacitación para programar por nosotros mismos nuestro destino nacional -pues programar el futuro de una sociedad es la esencia de toda política; y ésta ahora e implacablemente es colonial y, por ende, jamás propiciará que amemos a nuestra Patria: pues nos impide conocerla.
Y continúa el loable en intenciones -¡sí!- manifiesto exponiendo que "El siglo XXI nos presenta, además, nuevos y trascendentales desafíos que tenemos que asumir ineludiblemente desde una perspectiva progresista. Entre ellos cabe destacar:
-La defensa de nuestro patrimonio histórico-cultural. (¿Cómo lo defendemos si toda nuestra Patria está prostituida, si la mangonean chulescamente y la poseen mórbidamente voluntades codiciosas fuereñas y si los poderes públicos aquí devienen puro esbirrismo que protegen a los mangoneadores y poseedores y que aherrojan los mínimos conatos de rebeldía dignificadora, emancipatoria? ¿cómo lo defendemos?)
-La búsqueda de las fórmulas más adecuadas para un mejor reparto de la riqueza. (¿Cómo las buscamos y cómo las hallaremos? ¿Rezándole a la correspondiente virgen colonial española según la isla: de La Peña, de La Candelaria, del Pino, de Los Reyes...? ¿O suplicando poniéndonos de rodillas en la punta del respectivo muelle para que no nos invadan más depredadores?)
-La potenciación de las nuevas tecnologías en el marco de la máxima justicia social, afrontando los procesos de globalización desde la perspectiva de rechazar frontalmente la uniformización, pero abriéndonos sin límites ni complejos a la intercomunicación con las diferentes culturas del mundo. (¿a qué viene esto último, esto de sin límites ni complejos a la intercomunicación si estamos incapacitados para tener nuestra verdadera cultura -entendiendo ésta como producto y productora de creaciones populares y artísticas y científicas originales y libres- y mucho menos para poder elegir responsablemente lo benéfico de otras culturas y otras tecnologías? ¿a qué venía esto si aquí todo se impone según la voluntad colonial española?)
-La más rotunda conservación de nuestra naturaleza, desde la CONCIENCIA de nuestra propia fragilidad como territorio, y del reconocimiento de que constituye nuestro primer recurso y la base sobre la que habrá de asentarse -desde la filosofía de la sustentabilidad- el desarrollo económico del siglo XXI".
Pero da no la casualidad de que, pese a que aún poblemos Canarias más de un millón de descendientes directos de canarios precoloniales, lo que llaman los manifestantes Nuestra naturaleza no es nuestra. Debería ser nuestra, pero no lo es.
De igual manera que personalmente no me considero un sujeto con derechos, sino con concesiones coloniales que acaban cuando el poder colonial así lo considere y disponga, tampoco he podido considerarme copropietario de la naturaleza de mi Patria, sino un simple residente ocasional de ella -y pese a saberme sentidamente descendiente pleno de amazikes precoloniales (como dice uno de los personajes de mi novela en marcha Liviano tenemos el sueño los apátridas, "aquí no somos canarios, compadre, aquí sólo podemos estar de canarios hasta que ellos quieran")
Al permanecer nuestra Patria prostituida -alienada para beneficio total del Proxeneta y de sus compinches- no tenemos capacidad para conservarla ni mucho menos para orientarla y beneficiarnos de ella. Ahí está la realidad, impertérrita, para quien quiera -si puede, claro- constatarla.
>>Todos estos retos suponen que Canarias tiene que apostar decididamente por el más firme compromiso de su IDENTIDAD, entre otras vías a través de los planes educativos y la actividad de los centros culturales y sociales.
Insisto: la conciencia del canario tiene que seguirse formando y conformando con palabras mendaces y amedrantadoras. Los planes educativos -<<inducativos>>, como muy bien señala Francisco Tarajano- en una colonia son coloniales. Para el poder colonial la identidad del colonizado es la de un poseído, la de un ser enajenado, la de alguien que está pero no es. Jamás podremos esperar palabras libertarias, dignificantes, de los poderes que aquí se ejercen, poderes inevitablemente esbirriles.
>>Es imprescindible que todos conozcamos nuestro pasado y presente, con hondura y objetividad, si queremos construir un futuro necesariamente Democrático, Igualitario, Justo y Solidario entre nosotros y el resto del mundo".
Estoy de acuerdo. Pero la lucha sólo puede comenzarse buscando y encontrando la soberanía de nuestra Patria, la independencia plena de Canarias, la capacitación de soberanamente poder elegir asociaciones e interdependencias con otros Estados.
Sin esta capacitación, sólo nos queda el llanto, la queja, los sueños paralizantes de una realidad irrealizable. Del poder español sólo podemos esperar lo que éste aquí soberbiamente ha sabido y sabe dar: aherrojamiento y miserabilización.
* * *IV
Ciento diez y seis compatriotas fueron los firmantes de este impecable en voluntad -pero impracticable en la realidad si no nos alzamos- manifiesto.
Unos bastantes años antes les había respondido un excelso, por crudelísimo, esbirro -guanche completo él- con palabras pletóricas de permanente actualidad mientras sigamos siendo posesión noroesteafricana de España -que así se reconocía sin tapujos por canarios españolistas de buena voluntad como el mismo Galdós, o Bethencourt Alfonso, Nicolás Estévanez, Fernando León y Castillo y demás.
Se encuentra esta respuesta adelantada casi siglo y medio, según leí en la página 41 de "AMADOS COMPATRIOTAS. ACERCA DEL IMPACTO DE LA EMANCIPACIÓN AMERICANA EN CANARIAS", libro de Manuel de Paz-Sánchez, también editado por el entrañable CCPC.
A petición de Madrid, el Capitán general Francisco Tomás Morales Afonso -abuelo del poeta preindependentista Tomás- elaboró un largo informe, en el que consideraba totalmente infundados los recelos sobre la lealtad isleña. En varias de mis reflexiones periodísticas he recurrido a dicho informe porque -insisto- su actualidad es lacerantemente plena. Decía así, con la sinceridad petulante del militar ante pueblerío indefenso y casi muerto de miedo y hambre:
"Desengáñese V.E.: En Canarias ni las revoluciones políticas de los pueblos de la Península, ni la influencia de los rebeldes de las Américas, ni las doctrinas subversivas del orden social; nada es capaz de alterar la fidelidad de sus habitantes. Su SITUACIÓN TOPOGRÁFICA, su POBREZA misma, esa IMPOSIBILIDAD FÍSICA Y MORAL de poder sostener interior o exteriormente cualesquiera movimientos de revolución ¿dejarían de ser constantemente poderosos obstáculos para las tentativas de los innovadores?".
(Informe del CGral de Canarias, Sta Cruz de Tfe, 10 diciembre 1827)
*Sí, señores: ahí, en toda esa incapacidad para la defensa, al estar el territorio de nuestra Patria fragmentado para poder defendernos bélicamente (al estar militarmente -sí- aquí España) y en toda esa indignidad de forzosamente ser pobres (al depender nuestro sustento de los poseedores fuereños y de sus cómplices nativos) y de estar miserabilizados física y moralmente para poder rebelarnos, se ha mantenido y se sigue manteniendo la españolidad de mis compatriotas que se consideren españoles.
Y repensando esto no tengo más remedio que reincidir en estas palabras clarividentes del entrañable Frantz Fanon escritas hace casi medio siglo:
"Que el combate anticolonialista no se inscribe de golpe en una perspectiva nacionalista es lo que la historia nos enseña".
"Durante mucho tiempo el colonizado dirige sus esfuerzos hacia la supresión de ciertas iniquidades: trabajo forzado, sanciones corporales, desigualdades en los salarios, limitación de los derechos políticos, etc."
Aquí han jugado un papel negativísimo, policialmente colaboracionista con el poder colonial del español, muchos guanches -sic- izquierdistas de inclusive buena fe. No han tenido en cuenta, o no han querido tenerlo -por miedo o codicia-, que el internacionalismo sólo se puede practicar entre naciones soberanas, jamás desde una situación colonial.
"Este hambre por la democracia contra la opresión del hombre va a salir progresivamente de la confusión neoliberal universalista para desembocar, a veces laboriosamente, en la reivindicación nacional."
Ya constatamos, con cierta esperanza, cómo en cada vez más compatriotas -muy laboriosamente, sí- se abren los ojos del espiritu para ver que ninguna opresión es mayor, más aherrojadora y denigrante, que la colonial. (Pues ésta abarca todas las opresiones, multiplicadas al máximo).
"Pero la impreparación de las élites, la ausencia de enlace orgánico entre ellas y las masas, su pereza y, hay que decirlo, la cobardía en el momento decisivo de la lucha van a dar origen a trágicas desventuras."
Es lo grave: al no haber podido o sabido enfrentarnos a la situación colonial contundetemente con una conciencia emancipada y emancipatoria, nuestra realidad ha degenerado de tal manera que el futuro -inclusive el inmediato- no puede ser más desolador a poco que se reflexione sobre él.
De ahí que recuerde, al pronto, unas observaciones del francés Jean Paul Sartre que, enfrentado al imperialismo de su Patria, escribió irónicamente mostrando las argumentaciones y respuestas políticas de los "sanos" compatriotas suyos cuando la Guerra de Argelia, argumentaciones y respuestas que pueden aplicarse plenamente a nuestra deplorante realidad...:
(1º) El problema argelino -diremos "canario"- es primeramente económico; demos de comer al colonizado;
(2º) a continuación hay que atender socialmente al argelino -diremos "canario"-: proporcionémosle escuela y médico;
(y 3º) por último es psicológico, con su complejo de inferioridad: permitámosle participar de algún modo -siempre bajo nuestro mando, claro- en el gobierno de su país -(lo que aquí se ha dado en llamar "autonomía").
...con una gran diferencia: nosotros -al contrario que los argelinos en aquel tiempo de hace casi medio siglo- aumentamos día tras día nuestra indefensión, nuestra incapacidad para redimirnos.
* * *V
Y en lo que respecta a mi presencia aquí, ingresando en la Academia Canaria de la Lengua (tras dudarlo mucho porque para mí la labor del escritor que ha elegido no vivir de la literatura sino vivir la literatura -ocasionalmente, como toda vivencia- sólo puede ejercerse desde la soledad solidaria) escribí hace tiempo, para uno de mis escritos periodísticos, uno en que reflexionaba yo sobre un texto del escritor keniata Ngugi wa Thiong'o, texto titulado "MI TESTAMENTO" y que era el epílogo de su novela "PÉTALOS DE SANGRE".
Escribí que objetivarlo todo consiste, esencial y subrepticiamente, en podar las capacid-ades de auténtica mejoría humana personal y colectiva. Consiste en cortar las únicas ramas de una posible solidaridad institucionalizada porque la finalidad inherente de todo poder es dañar con impunidad. Y la impunidad surge y se alimenta de la organización institucional de lo social humano impuesta desde y al servicio del poder.
De ahí la, necesaria para el poder, academización, la necesaria organización institucional de todos los conocimientos -incluidos y principalmente los artísticos.
Academizar suele acabar deviniendo control de lo más vital humano por los necrófilos detentadores o servidores del Poder; puede acabar equivaliendo a sometimiento policial de la rebeldía vívida y vivificadora, sometimiento policial al poder de sumisos sometedores empavonados de erudición.
Academizar puede y suele devenir objetualizar lo vivificante esterilizándolo, es entronizar lo disecado sobre lo vivo vivificante.
Por eso las Academias corren inexorablemente el riesgo de acabar convirtiéndose en gendarmerías necrófilas. Suelen acabar convirtiéndose en esto si no se ponen, generosa y contundentemente, al servicio de la digneficación del pueblo, dignificación mediante el apalabramiento de lo más dignamente humano. Pues las conciencias, todas e ineludiblemente, -insisto- se forman y reforman con palabras; según sean éstas, así serán aquéllas.
Lo de poner las Academias al servicio dignificador del pueblo ha resultado y sigue resultando difícil, muy difícil. Lo ha resultado y resulta porque el académico suele ser hombre fascinado por el Poder que somete y daña desde la legalidad impuesta. El académico suele acabar seducido y acortesanado por ese Poder; suele encerrar su sabiduría en el cofre de su onanista vanidad. Es lo triste.
*Siguiendo con el caso del keniata Ngugi -y que tiene mucho que ver con mi presencia aquí ahora-, expuse que un asunto es el prioritario propósito del Poder: el asunto de mantener alejado del conocimiento histórico -y de la autoestima revolucionaria- al pueblo.
Tiene éste, el pueblo, que creerse y sentirse incapaz de elegir y respon-sabilizarse de su destino. Tiene éste, el pueblo, que resignarse a poner su vida a los pies del poderoso y de los lacayos intelectuales y artísticos de éste.
"El otro asunto es la evidencia de que la aculturación, la ignorantación, la invasión apabullante de productos 'culturales' obnubiladores fuereños (con el ninguneo, con el aherrojamiento, con la muerte, con la corrupción, de la cultura propia) se ha convertido en la estrategia preferida por todo poder aherrojador, necrófilo" -escribí en su momento.
"Sólo en la propia cultura -en la superación creativa de lo material- radica la necesaria rebeldía para no caer en la caquexia y para mejorar individual y socialmente. Y toda mejoría individual y social requiere acabar, o al menos enfrentarse, con el Poder explotador, paralizador" -añadí.
*Pues cultura es, esen-cialmente, vivificar el espíritu mediante la materia que somos. Y el espíritu popular vivo (no caquéxico, como suele ser el espíritu de todo pueblo colonizado) es invencible aunque siempre esté perdiendo.
"Para Ngugi y para todo escritor no cortesano, la única cultura verdaderamente universal -por lo popular solidario- es la nacional insumisa (ejemplos sobran: desde Cervantes a Rulfo, desde Rubens a Picasso, desde Chopin a Theodorakis (y por citar artistas notorios extranjeros, no canarios -que los ha habido y los hay)".
Pero luego añadí -pues, pese a todo, no he perdido la fe en que la canarización de las instituciones puedan cumplir misiones de conscienciación, de desmodorramiento:
"De ahí el odio repugnante de los necrófilos canarios españoli-stas a la fundación de La Academia Canaria de la Lengua. Cumplen ellos, los necrófilos, con su papel envilecedor: de eso comen y medran. (Esto lo feché el 11 de noviembre del 95)".
"He llegado a la conclusión de que un primordial objetivo de toda potencia explotadora es matar el pudor -el decoro, la vergüenza, el respeto propio- al intelectual, al artista, especialmente al escritor. Matárselo mediante sobornos más o menos embaucadores, mediante chantajes, amedrentamientos acobardadores, y principalmente inculcándole desprecio aristocrático y desconfianza elitista hacia el pueblo al que se pertenece, del que se procede, con el que se debería luchar ".
* * *VI
Y como gratitud a la bondad de uno de mis maestros -siendo yo escritor colonizado que pugna por dejar de ser colonizado-, ahí van estas palabras de don Antonio Machado Ruz: quien tuvo la inmensa fortuna, no deseada -claro-, de morir y de que permanezcan sus restos fuera de Borbonia. Son éstas:
"Escribir para el pueblo, ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos -claro está- de lo que él sabe... Escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de NUESTRA PATRIA; es escribir para los hombres de otras razas, de otras tierras y de otras lenguas".
Ya lo he respondido bastantes veces: si procuro escribir bien, si acepto el duro reto de intentar hacer una literatura de calidad contrastada, es principalmente por y para poder utilizarla en la destrucción del agobiante ignominioso muro de este torreón carcelario en que España tiene convertida a mi Patria.
Repito: todos los escritores que den a la luz pública su obra, todos sin excepción (incluso los que se esconden tras supuestas o reales extravagancias, tras supuestos o reales esoterismos conceptuales y formales, productos más de la egocéntrica mimosería que de la altruista rebeldía), todos, estamos irremisiblemente instados a participar en el enamoramiento o la desafección de su Patria.
Ghandi dejó manifestado: "Soy un humilde servidor de la India y, al intentar servir a la India, estoy sirviendo a la Humanidad". "Para mí, Patriotismo rima con Humanidad. Soy Patriota porque soy hombre y humano". "No se puede ser no violento de verdad y permanecer pasivo ante las injusticias sociales".
Mas la peor de las injusticias, por sibilinamente degeneradora, por inmisericordemente esterilizadora, es la situación colonial. Considero imposible e incluso malévolamente hipócrita, en una Patria colonizada, pregonar que se lucha por mejoras humanas sociales si no se está luchando veraz y plenamente por la emancipación nacional.
Acaso lo más aberrante -lo imperdonable- que ha impuesto el poderío metropolitano español -siglo tras siglo ininterrumpida e implacablemente- en el alma del canario haya sido, sea todavía, el que éste acabase -insisto- teniendo miedo de amar a su Patria Canaria para luego, consecuentemente y como dijo Ghandi, poder en verdad amar a la Humanidad.
"La patria es una raíz y un destino" - escribió el nada sospechoso de vacuo patrioterismo Eduardo Galeano en su artículo "Prohibido Olvidar". Guste o repugne, nuestra verdadera raíz son canarios precoloniales y ancestros colonizados, y nuestro único destino mejorador está en la digna capacidad de comportarnos como pueblo responsable y no sojuzgado. Esta dignidad sólo será posible con la independencia solidaria.
En nuestra Patria a lo más que ha llegado el intelectual honesto -el que sirve a la Verdad para servirse de la Verdad, el que pone sus talentos al servicio de su pueblo- es a señalar los síntomas de nuestra enfermedad. Nunca se atrevieron -por miedo o ignorantación- a nombrar nítidamente la patología -colonialismo- ni al agente patógeno -España, como estructura de poder colonial y jamás como Patria de los españoles que no han actuado colonizadoramente contra nosotros.
Y como ejemplo claro de cuanto he dicho, de la reacción de los próceres ante nuestra realidad voy a recurrir a algo que escribí y me publicaron hace unos pocos años:
"Paso de buey, tripas de lobo y hágase el bobo" fue el consejo que diera Fernando León y Castillo -otro canario codicioso que tal se las trajo contra nuestra pobre Patria Canaria y al que tanto se sahumeria pública y rastreramente aún hoy- a Benito Pérez Galdós, su condiscípulo de la infancia. Se lo dio cuando ejercía aquél de embajador español en París, a través de una breve misiva fechada el 17 de enero de 1901 (contaban ambos los casi sesenta años de edad) y contestando, a un preocupado Galdós, sobre cómo enfrentarse a las dificultades para publicar Nazarín en Francia.
"No olvides aquella norma de conducta de los <maúros> de Canarias: <paso de buey, tripas de lobo y hágase el bobo>" fueron sus palabras exactas según lo leído en la página 134 del libro GALDÓS POLÍTICO, de la profesora norteamericana Verónica P. Dean-Thacker. Supongo que esa misma norma de vida es la que siempre se nos ha aconsejado y se nos continúa aconsejando a los canarios maúros -es decir, "moros", o "magos" de Magec, guanches de ayer y de hoy.
"Paso de buey": tenemos que andar siempre despacito y según órdenes del pastor colonizador, del invasor o de alguno de sus tantos esbirros coloniales que -traidores- se ponen a su servicio por unas mezquinas monedas. Mirando al suelo también siempre, para ignorar cuanto nos rodea, pastando la miseria que nos permiten los invasores, sin más meta que el matadero cuando ya no les hagamos falta.
"Tripas de lobo": significa que debemos continuar insensibilizados para la rebeldía, tras siglos de envilecedora sumisión bajo la tiranía española. Debemos continuar ignorantándonos con las mentiras que implacablemente se nos han hecho y hacen asumir como <verdades> mediante los cuantiosos instrumentos de colonización <cultural> hispana -prensa, radio, televisión, colegios, universidades. Debemos continuar así para poder asimilar, impasibles, bestializados, toda la mierda desmoralizante que desde siempre España nos ha hecho cruelmente tragar.
"Hacerse el bobo": Debemos los canarios estudiar, diplomarnos, obtener licenciaturas y doctorados, practicar artes y literaturas, sí, pero haciéndonos cobardemente el bobo, no encarando decididos e indignados al poderío opresor español. Debemos los más cultos guanches, los letrados maúros o magos actuales, poner nuestros talentos y nuestras capacidades al mercenario servicio de fuereños rapiñeros, no al de la liberación de nuestra machacada Patria Canaria.
*Vivir aquí suele ser acumular frustraciones e incrementar los miedos con que nacemos. Uno de mis miedos ha sido y sigue siendo, precisamente, frustrarme. Por eso he escrito mucho más de lo que jamás pensé e incluso quise.
Otros de mis muchos miedos es ser un traidor o un ingrato. Por esto agradezco de corazón el nombramiento de académico -y pese a haber preferido que no lo hubiesen hecho. Pero los terreros de contienda existencial no los elijo yo; surgen por azar y procuro -por no ir contra mi conciencia, sí- aprovecharlos y bajar a ellos a contender. Y la Academia Canaria de la Lengua (Sí: Canaria, distinta y no parte de la Española) es uno de esos terreros.
El entrañable Secundino Delgado aconsejaba que el apostolado de la Idea había que hacerlo entre los paisanos y no contra los paisanos. Todos los canarios son canarios; yo no me siento más canario que nadie, y mucho menos por cuestiones ideológicas, es decir, de conciencia politizada.
Martí decía que Patria es el trozo de Humanidad al que se pertenece. Ese trozo de Humanidad al que pertenezco se llama Canarias, no España. Y mi deber como artista -al igual que a cada momento el músico checo Anton Dvorac preconizaba- es luchar por la mejoría de mi país, de mi Patria.
Repito: gracias a quienes han optado por permitírseme la oportunidad de hacerlo desde esta institución y gracias a quienes han asistido a escucharme esta breve declaración de principios.
Y para concluir como comencé, permítaseme cantar otra canción mexicana, acompañado por la guitarra del fraternal amigo Pepe Pérez Santana. La canto por gratitud a Jose Alfredo Jiménez, su compositor -al que considero el más querido de mis maestros literarios y éticos-, y porque su letra -escuchada siendo yo adolescente en la inigualable voz de Jorge Negrete- marcó mi rumbo vital. Me refiero a la ranchera EL HIJO DEL PUEBLO, que dice así:
Es mi orgullo haber nacido en el barrio más humilde, alejado del bullicio de la falsa sociedad; yo no tuve la desgracia de no ser hijo del pueblo, yo me cuento entre la gente que no tiene falsedad. Mi destino es muy parejo, yo lo quiero como venga: soportando una tristeza o detrás de una ilusión; voy camino de la vida muy feliz con mi pobreza; como no tengo dinero, tengo mucho corazón. Descendiente de Cuauctémoc, mexicano por fortuna (yo diría: "Doramas" y "guanche alzado"), desdichado en los amores (lo que en mi caso no es cierto) soy bohemio y trovador; pero cuantos millonarios quisieran vivir mi vida pa enfrentarse a la pobreza sin sentir ningún temor. Es por eso que es mi orgullo ser del barrio más humilde (yo decía "del barrio de San Roque), alejado del bullicio de la falsa sociedad; yo compongo mis canciones pa que el pueblo me las cante (yo podría pensar con el tiempo: "tengo escrito algunos libros pa que mi pueblo se ayude") y si un día el pueblo me falla ese día voy a llorar". |
(Yo, por supuesto, nunca he pensado llorar por eso, pues de mi pueblo, en este asunto de la literatura, no tengo por qué esperar nada gratificante...; aunque... ¡nunca se sabe!)
Gracias de nuevo.
Las Palmas de Gran Canaria, 26 de mayo del 2004.