Teodoro Santana
Pues va a ser que no. Este tratado constitucional europeo, que venía como un trágala, ha sido derrotado por la ciudadanía francesa. Y rematado por la holandesa. No hay nada como estar informado, y tener una larga tradición democrática. También es cierto que no hay nada como recibir un tantarantán para empezar a fabular explicaciones, a cual más atrevida. La más graciosa es la de las "razones internas". Como si todos los que votaron "sí" lo hicieran sólo por razones "externas". O, ya puestos, extraterrestres.
El "No" es muy buena noticia para Canarias. No sólo porque aparecer como "ultraperiféricos" en el tratado no impedía la desaparición de la mayor parte de los fondos europeos (entre otras cosas, porque sus criterios y cuantías no se regulaban). Razón más que suficiente para nuestro "no". Sobre todo si tenemos en cuenta los beneficios que Europa saca de Canarias. O el que tengamos que ser consumidores obligados de sus excedentes agrícolas y lácteos (y, encima, subvencionados con el REA).
No, lo peor de este tratado para Canarias era que ponía todo nuestro futuro en manos de los lobbys de poder en la Comisión y de los intereses de los Estados en el Consejo europeo. O sea, una Canarias supeditada a las decisiones externas. Y a la que se prohibía el desarrollo de políticas industriales autónomas que permitan romper con las estructuras económicas de dependencia.
La unanimidad de los partidos del bloque de poder (CC, incluida Nueva Canarias, PP y PSOE) en pedir el "sí" al tratado, no sólo tropezó con que más de dos terceras partes de las canarias y de los canarios no apoyaron el engendro, sino que ahora han quedado ridiculizados por la ciudadanía francesa y holandesa. Vaya papelón. Y no vean el de CCOO y UGT.
En cuanto a Europa, la crisis de la socialdemocracia, dramatizada en la división de los socialistas franceses y en la ruptura de Oskar Lafontaine con el SPD alemán, deja de nuevo un futuro abierto a la izquierda consecuente y al avance de las posiciones transformadoras. Enhorabuena, citoyens.