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/ elPeriódico, 12-12-04Silvio Berlusconi
Josep M. Cadena
Una vez más, Silvio Berlusconi (Milan, 26-9-1936), primer ministro de Italia e importante empresario, se ha ido de rositas. Absuelto por prescripción del delito de haber corrompido a un juez --lo hizo, pero sus juzgadores han utilizado un recurso legal para no condenarle-- es un pésimo ejemplo de cómo los altos tribunales italianos pueden actuar a favor de un político que es el dueño de grandes medios televisivos, periodísticos y editoriales.
Berlusconi no tiene quien le frene. Le conocen popularmente como Il
Cavaliere y en verdad que no sólo cabalga, sino que considera perros ladradores a los
que creen en las leyes y confían en unas normas éticas y democráticas para todos, pero
que no deben estar hechas para él.
Berlusconi ya sabía que le absolverían. No ha necesitado arrepentirse ni tener
propósito de enmienda como enseña la Iglesia Católica, su vecina en Roma. Y como no
piensa en dimitir, lo único bueno para los italianos de su actual absolución es que no
convocará las elecciones anticipadas con las que había amenazado si era penado. Porque
de ganarlas, aún tendría un mandato más largo...