El Mundo, 24-08-2005

Té en el Sáhara

DAVID TORRES

A veces me pregunto si en este país a los ministros de Asunto Exteriores se les escoge por fotogenia o por utilidad para que en el circo de tres pistas de la política atraigan para sí toda la atención del público. Si las meteduras de pata de Ana Palacio fueron monumentales, las de Moratinos no le iban a la zaga hasta que este verano la ha metido hasta el corvejón. Porque colocar el Reino de Marruecos y la República Saharaui en una relación de igualdad sólo se le ocurre al que asó la manteca.

Es vergonzoso que una de las mayores heridas que dejó a su paso la espantosa dictadura del general Franco en el proceso descolonizador siga abierta y sangrando. Nadie, ni en la ONU ni fuera de ella, mueve un solo dedo ante la tragedia cotidiana del pueblo saharaui. Derechos humanos pisoteados, detenciones ilegales, presos en huelga de hambre y el principal heredero de toda esta enorme injusticia histórica sigue jugando al tú la llevas. Sí, usted, señor Zapatero, por si no se ha dado cuenta.

Entre las meditaciones trascendentales del presidente y la actuación estelar de Moratinos en la pista número tres, el pueblo saharaui va listo. Según la novela de Bowles y la canción de Police, si uno quiere tomar té en el Sáhara debe prepararse y dejar que sus huesos tomen el sol entre las arenas. La política exterior de Aznar consistió en hacerse unas cuantas fotos con Bush con los zapatos encima de la mesa. Sólo interesaba que salieran bien las suelas: los saharauis nunca importaron un bledo. Lo malo, señor Zapatero, es que se supone que usted es de izquierdas.

Ser de izquierdas en este caso supone tomar partido por el débil, darle un toque a Marruecos para que libere a esos presos en huelga de hambre en la Cárcel Negra de Al Aaiun, ya que los saharauis han tenido el detalle de soltar a unos cuantos cientos de prisioneros de guerra marroquíes que parecían ser uno de los frenos a la resolución del conflicto. Y todavía Trinidad Jiménez se preocupa de adornar la muerte inútil de 17 soldados en Afganistán bajo la supuesta bandera de la libertad y la democracia. A ver si se entera de que en Afganistán las mujeres como usted siguen yendo bajo un velo de dos dedos de gordo, y explíquenos cómo se come la democracia cuando una está obligada a vivir como un canario-flauta.

Mientras tanto, con semejantes camelleros, a los saharauis no les quedará más remedio que seguir tomando té en el Sáhara.