Declive petrolero, ¿renacimiento
nuclear?
Juan Jesús
Bermúdez
Actualmente, la energía nuclear, con sus alrededor de 439
centrales, provee al Mundo del 6% de su energía primaria (alrededor del 15% de
la energía eléctrica consumida). Después de cerca de dos décadas de escasa
construcción de nuevas centrales, hoy se encuentran en proceso de instalación
unos 22 nuevos reactores, y cerca de 50 se encuentran en fase de planificación,
según la World Nuclear Association, en lo que parece ser un revival nuclear
de principios de siglo, aunque en buena medida, la construcción de esas
centrales vendría a “compensar” la retirada de circulación de decenas de viejas
instalaciones construidas al amparo de la crisis de suministro de combustibles
fósiles de los años 70, y que tienen dificultades para ampliar su vida útil.
La fisión nuclear se presenta por parte de sus defensores
como la opción más viable para compensar las estrecheces energéticas que el
Mundo va a afrontar de forma creciente en la era “pospetróleo” de la que
hablara el ex primer ministro francés, Dominique de villepin, debido al declive
del petróleo, realidad ya hoy reconocida por destacadas instancias. Sin
embargo, importantes condicionantes parece que harán inviable estos deseos de
mantener muchos años más el ritmo de crecimiento mundial, ya no tan solo en lo
que respecta a los combustibles fósiles, sino también por límites en las
posibilidades de expansión del desarrollo nuclear.
Así, el físico nuclear Michael Dittmar expuso recientemente
en ASPO – 6 (Cork – Irlanda), basándose en datos de Agencias de la energía
nuclear, que las reservas conocidas de uranio deberían durar 49 años, con la
tasa actual de uso (esto es, menos años si se incrementa la “planta nuclear”).
Además, según la consultora especializada en energía nuclear Ux Consulting
Company (UXC), la producción de uranio registró su cenit en el año 1981, y
desde 1989 las necesidades de uranio de las centrales nucleares son mayores que
la extracción. Esta situación ha provocado, junto a otros factores que, una vez
consumidas las reservas extraídas en décadas anteriores, el precio del uranio
se haya multiplicado por diez en los últimos tres años. De hecho, el mismo
Dittmar estima que alrededor del año 2009/2010, del 5 al 10% de las centrales
nucleares tendrán ya problemas de suministro del combustible. Tampoco los
proyectos de reactores de IV generación, como son llamados, parecen ser hoy
realidad, y únicamente existe algún prototipo que no está en funcionamiento
aún, y se espera su desarrollo para un incierto futuro de décadas. David
Fleming, de FEASTA, considera que el uso del plutonio, que se obtiene
básicamente como subproducto del uranio en las centrales nucleares, tiene
también, lógicamente, límites importantes de disponibilidad, al ser derivado de
éste; y, por otro lado, en relación al uso del Torio, hoy precisa de plutonio o
uranio para su fisión, lo que nos lleva de nuevo al problema de la
disponibilidad de éstos. Por su parte, la fusión nuclear, intentando simular
nada menos que las reacciones solares en la Tierra, es todo un ejemplo de lo
que el hombre moderno se ha llegado a plantear, para mofa de las Leyes de la
física: como se ha dicho, hace cincuenta años era la energía del futuro, y hoy
también lo es, para dentro de otros cincuenta años…
Nos recuerda Marcel Coderch en Foreign Policy que la
energía nuclear es enormemente cara en su construcción, y sobre todo en el
cómputo total de gestión de sus residuos; que está lejos de ser neutral en
emisiones de Dióxido de carbono, dado su largo proceso de construcción,
actividades de minería precisos (extraer una tonelada de la roca madre de donde
a su vez se extrae el uranio, precisa el movimiento de más de 1.000 de
materiales). Al fin y al cabo, la energía nuclear es totalmente dependiente del
funcionamiento de una sociedad industrial con petróleo abundante, aunque éste
está empezando a ser cada vez más escaso. Este experto ha calculado “que si se
quisiera generar toda la electricidad mundial con la alternativa nuclear,
habría que construir dos reactores por semana durante los próximos 50 años”.
Qué decir de los crecimientos previstos en la demanda energética para los
próximos veintitrés años, en los que la Agencia Internacional de la Energía
prevé incrementos de hasta el 60% del requerimiento de nuevos recursos
energéticos.
La opción cianuro de la que habla el filósofo Jorge
Riechmann (carbón y nuclear), para abastecer la creciente demanda, llevará a la
humanidad, si no lo evitamos, a un incremento aún mayor de la concentración de
gases de efecto invernadero a la atmósfera, y a una proliferación nuclear
sumamente peligrosa para nuestro Planeta, y no sólo por la inasumible gestión
de residuos radiactivos que estamos dejando a próximas generaciones, en todo un
ejemplo de cómo nuestras sociedades están agotando rápidamente, no sólo sus
recursos energéticos, sino el sentido común que se le suponía al ilustrado
hombre de la revolución industrial.