Ley de Costas, ¡qué gran negocio!
Omaira Darias
Reyes
Hace
ya un tiempo que se aprobó una reforma en la Ley de Costas, la cual le ha dado unos cuantos
metros más de nuestro litoral canario a la corporación que supuestamente
protege y cuida nuestras costas. Pero esto, que en un principio parece tan
bueno y de tanto corazón se ha convertido en parte de la gran especulación que
existe y existirá en Canarias. Digo existirá porque hasta que este pueblo no se
levante un día y diga: ¡Hasta aquí hemos llegado!, no se va a conseguir
terminar con ella. Ya sé que hay mucha gente luchando por la causa, como es el
pueblo de Cho-Vito en Tenerife, la gente que ama el
Confital en Gran Canaria, o Puerto Lajas y Los Molinos en Fuerteventura, entre
otros muchos más. Todo este revuelo que se cuece por nuestras islas y de los
que pocos se enteran, ya que los medios de comunicación se encargan de ello,
son las llamadas expropiaciones, a las que muchos designamos “las
expropiaciones de Costas”.
Mi causa y mi dolor en todo esto es la gente, las personas canarias, mi pueblo. Porque
señores, en qué cabeza cabe que una Ley deje sin nada a nuestra gente. En qué
cabeza cabe que lleves viviendo en tu casa desde hace veinte o treinta años y
venga un señor a decirte que te tienes que ir porque van a tirarla
para construir una avenida con unos hoteles y apartamentos para que así, vengan
turistas a pasear y pisar la tierra en la que tú creciste, en la que viviste y
en la que luchaste para poder vivir en los años malos, y en la que disfrutaste
cuando fueron buenos. En qué cabeza cabe, señores, porque sí, de eso tratan las
expropiaciones.
Esto me lleva a hablar de las acampadas, tradición sin igual en nuestra
tierra. El que conoce Canarias lo sabe muy bien. Y en este caso, me van a
permitir que centre mi atención en mi isla, en Fuerteventura. Para nuestros
políticos es la “Isla Tranquila”, con la que cambian oro por nuestra arena,
nuestra brisa, nuestro sol y nuestra hospitalidad. Pero la paciencia de los
majoreros también se colma. Es bien conocido que Fuerteventura tiene unas
playas preciosas, las cuales nuestros políticos, Costas y todos los demás
explotadores de turno pueden vender al precio que quieran. Los majoreros, no
pintamos nada, más bien, molestamos y perjudicamos la visión de las mismas.
Pero señores, nosotros no acampamos en esas playas idílicas que sacan en sus
propagandas el Cabildo de Fuerteventura o el Gobierno de Canarias. Nosotros
acampamos en otras, que para mi gusto, son más idílicas todavía y para más inri no existen hoteles cercanos. Prácticamente desde que
nacemos, estamos en la playa, en las vacaciones vamos para la playa, un domingo soleado vamos a la playa, si nos
apetece hace surf vamos a la playa, y así podría
seguir enumerando y no pararía. El caso, es que según Costas ahora no podemos
acampar. Señores, nuestras vacaciones son esas. Unos pueden decir, no tenemos
un sueldo suficiente para irnos de viaje como hacen otros. Yo digo que probablemente
tengan razón. Pero además lo que no me llego a explicar es cómo tienen la
desfachatez de no poner un camping, ya que no existe. Sabemos que hay uno en
Pozo Negro, pero su capacidad me da hasta risa. Bueno y hace unos años se
propuso hacer uno a casi un kilómetro de la playa y en el malpei...
Lo único que hacían los Ayuntamientos de Pájara y La Oliva era darnos un permiso,
nosotros pagábamos 60 euros y si estaba todo limpio cuando te fueras, te los
devolvía. Una medida que nos parecía muy adecuada. Pero como cambió la Ley, a los Ayuntamientos no
les corresponde hacer esta tarea, le correspondería a Costas. Y le pregunto a
Costas, ¿no se puede acampar pero sí tirar lo que quedaban de casas antiguas,
que eran recuerdos de nuestro pasado y que se encontraban deshabitadas en
nuestro litoral? Porque eso es lo único que he visto que se ha hecho. Señores,
los campistas no molestan, los campistas sólo quieren disfrutar de su costa, de
su playa, de su tiempo libre y sin hacerle mal a nadie. Pero claro, ahora Costas
quiere hasta cerrar la carretera de tierra que une El Cotillo con Majanicho (en la costa norte) para que los campistas no
puedan entrar. No se pide una acampada constante durante todo el año, sólo se
pide el tiempo de Semana Santa y verano, y poder acceder al sitio cuando se
desee, pues los majoreros tienen el derecho de conocer y disfrutar de su isla.
Para quien no conozca el lugar, es un sitio que está deshabitado, no hay casas,
no hay hoteles, no hay nada, sólo playas, caletas y el malpei.
Pero parece que esta Ley de Costas llega a Canarias con reformas, ya que los
hoteles no se tiran y pueden incumplir la Ley, pero unos ciudadanos, un pueblo, el pueblo
canario, el pueblo majorero, no. A
nosotros si se nos aplica la
Ley hasta de forma cruel y sin razones lógicas. Pero yo
encuentro una... no somos un negocio, no les damos dinero a cambio de nada. Y
ya la conclusión y el futuro lo vemos todos... Nadie mira nuestra cultura,
nadie se preocupa en echar la vista atrás y volver a nuestros orígenes costeros
que todavía, menos mal, perduran en algunos rincones. Nadie quiere ver que
nosotros somos de la mar, nacemos, vivimos y morimos en ella. Nadie se da
cuenta de que ese sentimiento de nuestros ancianos de nostalgia hacia mar
existe, y está vivo en cada uno de nosotros. Nadie se da cuenta de que el mar
nos da todo, y que sobretodo, que sin él no seríamos lo que somos, siete islas
que se bañan por el Atlántico, siete islas con un aroma que eclipsa a quien las
conoce, siete islas que siempre han estado unidas en su corazón y que nadie,
absolutamente nadie, puede cambiar. Canarias, un sólo pueblo para la
explotación de los políticos y adinerados, que abusan de nuestra tierra, de
nuestro litoral. Canarias, un sólo pueblo, gobernado por el interés. Canarias,
un sólo pueblo oprimido, a merced de unos valientes que en las olas de la
corrupción no se ocupan de su trabajo de cuidar a su pueblo, protegerlo,
escucharlo y atenderlo.