Memoria
histórica e indignidad
Justo Fernández Rodríguez
La polémica abierta
por la intención del juez Garzón de reclamar un censo de víctimas de
Manuel Fraga,
entusiasta ministro franquista, partidario de
La ofensiva contra
Garzón y las familias de cientos de miles de desaparecidos, encabezada por los
sectores neofascistas del PP, ha tenido una figura que puede batir todos los
récords de cinismo personal y político. Pedro J. Ramírez, después de calificar
la acción del juez de "truculenta garzonada",
lo ha acusado, pese a sus excelentes relaciones cuando pretendían acabar con
Felipe González, de "orientar sectariamente la justicia en una única
dirección ideológica".
Las hemerotecas son un
problema para quienes, digan lo que digan, siempre pretenden tener razón. En
1998, El Mundo, en su editorial (11-12-98), consideraba el
procesamiento de Pinochet por el juez Garzón, acusado "de la desaparición
y muerte de cerca de 5.000 personas, de la tortura de 50.000 y de la detención
arbitraria de 300.000", como una "noticia histórica", porque
cubría "el vacío de un tribunal penal internacional".
Nueve meses más tarde,
cuando Garzón dictó auto de procesamiento contra 98 militares y policías
argentinos, el editorial de El Mundo (3-11-99) consideraba que
"la posibilidad de que toda violación de los derechos humanos sea
perseguida no puede sino ser considerada positiva". ¿Por qué ha cambiado
de criterio?
Sin embargo, los
alemanes e italianos, que padecieron la dominación nazi-fascista, no están
sometidos al tormento, que dura setenta años, de tener que poner en su carné de
identidad, en sus tarjetas de visita o en los remites de sus cartas, los
nombres de los responsables de que no hayan podido enterrar a sus familiares
asesinados o "desaparecidos". Eso sí que puede considerarse Memoria
Histórica.
"La aparición del
cadáver del último alcalde republicano de Los Llanos de Aridane
y de otras cuatro personas, torturadas y asesinadas fríamente, durante los
primeros días de
Meses de excavaciones
de los tres hijos del alcalde, después de una extraña revelación antes de
morir, dieron como resultado el descubrimiento de la fosa común en la que se
encontraban cinco cadáveres con balas en el cráneo. El lugar donde aparecieron
los cadáveres coincide con la zona en que sus familiares, amigos y conocidos
suponían.
Pese a los riesgos de
represalias, algunos ciudadanos vigilaban por las noches los alrededores de la
cárcel y sabían cuándo sacaban presos para ser asesinados. Vecinos de Tajuya, Las Manchas o Los Charcos confirmaban que la
tenebrosa caravana había pasado por allí. En Fuencaliente, unos kilómetros más
allá, nadie vio pasar los coches.
Es lógico que muchas
personas de Los Llanos de Aridane hayan rememorado
aquellos negros días de represión injustificada; de asesinatos inexplicables y
de terror permanente de las familias que, con justificación o sin ella, podían
ser acusadas de demócratas, republicanas o "de izquierdas". Algunos quieren
explicar la furia asesina que se desató en un territorio a miles de kilómetros
del frente más cercano en la ira de Franco al conocer que la isla de
La verdad es que la
"resistencia" duró poco. Una semana después, el Canalejas
disparó dos cañonazos sobre Santa Cruz de
Muchos llanenses volvieron a repasar sus recuerdos, extrañándose
de la inevitable convivencia de las familias de las víctimas con quienes
"el pueblo", en voz baja y temerosa, señalaba como responsables de
esas atrocidades.
De padres a hijos, de
abuelos a nietos, fueron pasando los nombres de los desaparecidos y de los que,
con pistola y camisa azul, interrogaban, apaleaban, daban purgantes y cometían
toda suerte de tropelías con sus convecinos, sin más causa que un odio
irracional, alimentado por resentimientos personales o intereses económicos
concretos.
Es claro que, 57 años
después, no se pueden exigir responsabilidades, y mucho menos reactivar los
odios que dieron lugar a tales barbaridades. Es posible, y hasta probable, que
los familiares de las víctimas hayan podido perdonar. Pero los ciudadanos no
deben olvidar que la ideología y los intereses económicos que dieron lugar a
tales atrocidades no han desaparecido. Sé que la transición pacífica, del
franquismo a la democracia, fue consecuencia de un pacto político por el que no
se pedirían responsabilidades de las actuaciones en
No podemos olvidar.
José María Aznar amenaza con reconducir al Partido Popular a sus orígenes de
"derecha sin complejos". En Italia, el nuevo primer ministro Silvio
Berlusconi continúa su deriva fascista. Hasta su ministro de Defensa, Ignacio