DESDE
EL GUINIGUADA
NEGOCIO
Y CULTO LOS DIOSES DEL OLIMPO
Félix
M. Arencibia
La tarde se
refugia bajo el manto gris tristón de la panza de burro. Doramas Martín, el viejo profesor universitario, recuerda todavía los ecos
de las recientes Olimpiadas de Pequín y lo relaciona con otros eventos
deportivos (fútbol, tour, ahora la vuelta a España,
el tenis…). Piensa que vivimos en una sociedad demasiado competitiva y que quién no triunfa
según los cánones que se le imponen es un fracasado. Quiere compartir sus ideas
con un amigo ex deportista. Hola Andrés Pestana:
Espero que
estés bien de salud y te mantengas en forma como siempre lo has hecho. Bueno,
te has podido fijar como se eleva a rango de dioses del olimpo a los ganadores
de medallas y en especial a algunos. Ahí tenemos los casos del velocista
jamaicano Uniair Bol, el nadador estadounidense Maikel Help, al
tenista Rafael Nadal y algunos
otros. Se trata del culto al ganador, los que no están entre los que disputan
las finales apenas se les menciona. El sistema capitalista rentabiliza la
imagen del triunfador para vender sus productos, pero antes se ha endiosado al
deportista ganador, como es el caso también de Fernando Alonso. El que no gana es como si no existiera, tanto que
muchos de ellos tratan de ganar a cualquier precio, incluido el dopaje, aún poniendo
en peligro su salud.
La mayoría de
los espectadores se identifican pasivamente con unos u otros deportistas, casi
siempre con los ganadores o con posibilidades de serlo. Esta
identificación la aprovecha el sistema
para hacer funcionar la máquina del consumo. El deporte se convierte en un gran
negocio. Son cada vez más los países que invierten más en él. Además se estimula el nacionalismo
que algunos tanto condenan. Los antiguos países comunistas también lo hacían pero
por otros motivos, principalmente para darle prestigio al sistema.
Con todos
esto, Pestana, son pocos valores se les enseñan a
nuestros niños y jóvenes. Ya se ha quedado caduco aquello de que lo importante
es participar. La fiebre de los adultos por el deporte se les contagia a los
hijos. Además se les convierte también en voraces consumidores de reliquias
deportivas como son las camisetas y los más insospechados productos. Se le
estimula a emular al triunfador cuando la mayoría no va a alcanzar su nivel, se
les hace competir e incluso a cualquier precio. Otro ejemplo en los que nota la
falta de valoración del esfuerzo y la superación es la poca repercusión
mediática que tienen las olimpiadas paraolímpicas.
Entre estos atletas existen múltiples ejemplos a imitar por su coraje y afán de
superación, pero de dichas olimpiadas no se da apenas información.
Bueno, amigo Pestana, te dejo con estos sentidos versos de nuestra poeta
Ana Déniz
(Santa Brígida): “La incertidumbre es un espejismo / de sombras, luces;
asombros, llantos, / camino de movediza arena”.
http://doramas1924.blogspot.com