Otro día de las
poblaciones indígenas
Justo
Fernández Rodríguez
En Canarias se están produciendo
suficientes hechos políticos, económicos, sociales o laborales negativos como
para dedicarles una atención exclusiva pero, nuestros gobernantes, incluida la
oposición, en sus diversas escalas, andan de "vacaciones", visitando
islas o territorios exóticos o maniobrando para ganar los congresos que van a
celebrar PSC, PP y CC en los próximos meses. Mientras el PP ha impedido
cualquier alternativa a José Manuel Soria y Coalición Canaria se debate entre
el "soberanismo" y el "estado libre asociado" a los
sectores empresariales afines, la estrategia de algunos socialistas es
continuar siendo una fuerza política complementaria de Coalición Canaria, a
cambio de algunos cargos y prebendas, para lo que se suman a la ofensiva de
ambos partidos, orientada a obstaculizar e impedir que Juan Fernando López
Aguilar pueda encabezar el cambio profundo que necesita Canarias, en beneficio
de los ciudadanos y en contra de la corrupción y la deshonestidad generalizada
en la acción política. A esa estrategia, algunos la denominan "relevo
generacional".
El otoño se presenta caliente. Motivos sobran. El conflicto de Educación no
parece tener una solución cercana, la división sindical continúa beneficiando
la estrategia del Gobierno. Ahora, soportamos los billetes de tranvía y guagua
más caros de España; las mayores cifras de desempleo, con el menor coste
laboral para los empresarios y una inflación superior a la del resto de
autonomías. Encabezamos la tasa de paro juvenil, con un 35,6%; la
siniestralidad laboral, con resultado de muerte, se ha incrementado en el
primer semestre un ¡¡92,3%!!, sin que el Gobierno
canario haya dicho una sola palabra. Puede resultar lógico: las victimas sólo
son trabajadores. Ellos defienden otros intereses.
Sin embargo, estos ejemplos de una situación inadmisible, la peor de España y
de
Existen más de cinco mil comunidades
indígenas, alrededor de 370 millones de personas, en más de setenta países.
Representan el testimonio y la herencia de la diversidad cultural de nuestra
historia. Hablan más de cuatro mil lenguas en peligro de desaparición, de las
6.700 que existen en la actualidad. Aunque no superan el 5% del total de la
población mundial, agrupan al 10% de los más pobres, siendo víctimas de la
vulneración sistemática de sus derechos. Más de cien sociedades farmacéuticas
financian proyectos para estudiar su conocimiento acerca de las plantas
medicinales.
Durante los últimos treinta años, muchos indígenas se han desplazado de sus
tierras tradicionales a las zonas urbanas, buscando oportunidades de empleo o
educativas. Hoy, más del 50% vive en ciudades. Muchas de sus comunidades
continúan siendo masacradas, encontrándose al borde de la extinción.
Las mujeres indígenas son objeto de doble discriminación, como mujeres y como
indígenas. Padecen de pobreza extrema, tráfico, analfabetismo, imposibilidad de
acceso a sus tierras ancestrales, cuidados médicos inexistentes o escasos y
violencia en la esfera privada y pública, exacerbada cuando existen conflictos
que convierten a la mujer en blanco de la violencia, mientras han de continuar
su trabajo diario, trayendo leña o agua para la familia.
El 23 de diciembre de 1994,
Todas estas decisiones, aparentemente, importantes, se produjeron en medio de
la gran ofensiva neoliberal de globalización económica, quedando aparcadas y
sin que la mayoría de los gobiernos realizaran el mínimo esfuerzo para ponerlas
en marcha. Los graves incumplimientos de todos estos compromisos; la desidia de
la mayor parte de los gobiernos y la incapacidad de los organismos
internacionales, incluidas las Naciones Unidas, para imponer sus propios
acuerdos y decisiones les obligó a propugnar, el 22 de diciembre de 2004, un
"Segundo Decenio de los Pueblos Indígenas".
Casi cuatro años después, el pasado 9 de agosto el secretario general de las
Naciones Unidas lanzaba un mensaje más de justificación del rotundo fracaso que
de un balance de objetivos alcanzados. "En 1994, las Naciones Unidas se
situaron en la vanguardia de la promoción y protección de los derechos de los
pueblos indígenas, para poner fin a su marginación, su extrema pobreza, la
expropiación de sus tierras ancestrales y demás violaciones graves de los
derechos humanos que habían padecido y continúan padeciendo. De hecho, en el
sufrimiento de los pueblos indígenas se plasman algunos de los episodios más
oscuros de la historia del hombre".
Más realista ha sido la intervención de la alta comisionada de las Naciones
Unidas, para los Derechos Humanos, Kyung-wha-Kang. Denuncia la presión, en América Latina, de
empresas mineras, petroleras, sojeros, buscadores de
oro y diamantes, que logran el paraguas de los gobiernos para avasallar la
naturaleza y, con ella, a los indígenas. Se producen denuncias diarias, que solo
se conocen en las redes de comunicación de los indios, porque no tienen sitio
en los medios de comunicación libres, referidas a muertes, torturas,
violaciones y engaños a comunidades y pueblos a los largo del continente, sin
importar las leyes vigentes y, siempre, en relación de las tierras que ocupan y
el uso de los recursos naturales.
Constituye una broma, de mal gusto