BONO,
MARAVILLAS Y EL SURREALISMO
Francisco Javier González *
André
Bretón, cuando en Mayo de 1935 vino a Tenerife, invitado por “Gaceta de Arte”
para
Más allá de ese surrealismo artístico, Canarias es, a
fuer de políticamente surrealista, asirocada. Proclamar que “el Teide es el
pico más alto de España” o que Canarias es “la frontera sur de Europa”, es tan
surrealista como que un polinesio diga que “las playas de Papeete son las
mejores de Francia y sus cocos los más dulces de Europa”. ¡Cosas de la colonialidad!
Ese surrealismo asirocado no pasa, sin embargo, de ser una patética
manifestación de ignorantación, y
alienación, un sarpullido intelectual y moral, subproducto del síndrome del
colonizado, pero, ¿cómo diagnosticamos el surrealismo que invade, antes y
ahora, a España? ¿síndrome de metrópoli
capitidisminuida o manifestación enfermiza del imperio de cartón? Porque, no
puede ser otra cosa que verdadero surrealismo político, el que gobierne un
partido autodefinido como “socialista” y “obrero” dentro de una monarquía con
un Rey nombrado por un enano dictador, poseedor de solitaria neurona, que
condenó a muerte a millones de sus compatriotas y a varios miles de colonizados
africanos, pero que nos demuestra cotidianamente que dejó todo “atado y bien atado”, y así sigue, cual
nuevo Cid, ganando batallas jurídicas después de muerto, obligando a los
asesinados a cohabitar con sus asesinos en el Valle, antes de Cuelgamuros y
ahora “de los Caídos”, y continúe luciendo su nombre criminal y el de sus
adláteres en las calles y plazas de la metrópoli y sus colonias, con especial
abundancia en
Surrealismo político es el que permite elaborar y
aprobar una Ley de Memoria Histórica, pero impide enterrar dignamente a los
asesinados alevosamente por el fascismo, eso si, con la absolución previa urbi - hispaniarum- et orbe de una Iglesia que declaró
“Cruzada” a lo que en realidad fue un genocidio cometido en nombre de Dios y su
Santa Religión contra todo contubernio judeo-masónico-comunista, rojos todos
ellos con rabo sulfuroso y demoníacos cuernos, lo que justificaba que el cura
párroco de San Gines en Arrecife, J. Ramírez, pidiera que “a las rojas les abrieran la barriga para que no pudieran parir
más demonios” o que en el “Catecismo
Patriótico” del Obispo de Aguere, el tétrico Fray Albino, afirmara que “los demócratas liberales, como sabandijas ponzoñosas escóndense en mechinales inmundos, para
seguir desde las sombras arrojando baba y envenenando el ambiente” por lo que
al fusilarlos se les convencía para confesar y lo lograban con un 10% de los
terribles rojos. ¿Y como llamaríamos a que mi profesor de religión en el
entonces Instituto de Canarias en Aguere,
J. Ortega, musa religiosa de las “Brigadas
del Amanecer”, fuera a las clases portando pistola bajo la sotana?
Surrealismo político en estado puro es el que hemos visto estos días
cuando un Presidente, también “socialista” y “obrero”, del Congreso que -es un
suponer- representa al Pueblo Español, incluyendo a los “sabios de librea” coloniales que, nos decía Secundino, “van a las Cortes a hacerle la venia al
amo”, acepte alborozado la propuesta de su
opusdeístico Vicepresidente segundo, obviamente miembro del PP, para colocar
una lápida mural en ese Congreso, recordando a una monja carmelita, María
Maravillas de Jesús Pidal y Chico de Guzmán, hija de los Marqueses de Pidal,
por el mérito, según ellos, de haber nacido en un edificio de
Desde luego que la “madre” Maravillas tiene otros méritos más
relevantes pero igual de maravillosos. El ultraconservador Papa Juan Pablo II
había “beatificado” a 228 españoles en el decenio de
La que si es surrealista es la propia Sor Maravillas. Si hoy cualquiera
se colgara del pelo durante horas de una viga del techo “por amor a Jesús”,
probablemente terminara en un psiquiátrico; si además durmiera durante días de
rodillas y vestida por la misma causa, el diagnóstico sería irrevocable y lo
atiborrarían de psicotropos. Pero no, como fundaba conventos, todo eso era un
síntoma seguro de santidad, como síntoma de lo mismo se consideró que, al
morir, tras aquellos escasamente higiénicos días y noches arrodillada y
vestida, oliera a nardos durante los tres días que se la tuvo expuesta, todo lo
cual lo atestiguan sus hagiografías. Lo que no es políticamente surrealista
sino simplemente norma, es que CiU y PNV hayan
apoyado entusiásticamente la propuesta (el diputado Beloki,
el que protesta porque frente a la puerta de su despacho tenga el retrato del
presidente fascista Esteban Bilbao, también vasco, la apoya “porque fue una persona que rindió un
favor a la sociedad en virtud de sus creencias). Si lo es que de los dos representantes del PSOE en
Ahora, en otro alarde de surrealismo, El Sr. Bono, el que echó con
cajas destempladas de “su” Congreso a un viejo veterano republicano que portaba
una bandera tricolor que juró defender, nos dice que donde dije Digo, digo
Diego y que de lápida nada, que si quiere se encargue de ella Gallardón que
pa’eso es alcalde. Yo, para que no pierda la vena surrealista, y como
colonizado hijo de la madre de todos los surrealismos -Bretón dixit- le propongo que,
sin tener que llamar hijos de puta a sus compañeros de partido, sustituya la
plaquita maravillosa por una estatua ecuestre del General Pavía y que, con
caballo incluido, la ponga en el atrio de entrada. Iría a tono con su
personalidad.
Canarias a 19 de noviembre de
2008