¿Por qué no nombres guanches?

 

Cambiar los nombres significativamente franquistas de ocho calles santacruceras es una medida acertada. Existen asuntos municipales más importantes de los que debería ocuparse el Ayuntamiento capitalino, sin duda, pero no es menos cierto que una ley específica obliga a suprimir y retirar los símbolos de la dictadura que aún quedan en las vías públicas.

Sin embargo, hubiese sido más adecuado rebautizar esas ocho calles con nombres guanches. ¿Por qué no llamar calle de Pelinor a la que antes se denominaba García Morato? Nada tenemos contra la Tolerancia, el Perdón, los Sueños, el Olvido o el Amor, pero, ¿por qué nombres de sentimientos en vez de Cathaysa o Pelicar? Mucho nos tememos que por una razón muy sencilla: Miguel Zerolo es un nacionalista auténtico, pero está aterrorizado porque los socialistas le han echado encima a la Justicia. Eso lo obliga a moderar su lenguaje. Además, ¿qué apoyo puede esperar el alcalde por parte del actual Consistorio capitalino? No olvidemos que la Corporación municipal de Santa Cruz está formada por nacionalistas tibios, socialistas políticamente enemigos de Canarias y populares obedientes a sus jefes de la Metrópoli. Concejales todos ellos que se niegan a admitir su origen guanche, pues se están llenando los bolsillos en esta situación de vergonzoso colonialismo español.

Afortunadamente, contamos con nacionalistas auténticos; con patriotas de verdad. Es el caso de José Luis Concepción, presidente del Movimiento Patriótico Canario, cuyo artículo de mañana recomendamos a nuestros lectores. Ya anunciábamos ayer que por su importancia lo hemos incluido en la misma página de nuestro editorial de los domingos. Quien no se convierta en soberanista o independentista tras leer ese artículo, no es un auténtico canario. Debemos recordar cómo se masacró a un pueblo hijo de Dios y, en consecuencia, libre. Cómo hombres y mujeres, niñas y niños, que vivían felices en los valles y montes de sus islas, fueron sometidos a la Corona de Castilla, esclavizados y vendidos en las Cortes europeas como animales en un mercado de ganado. Cómo fue borrada su cultura en menos de un siglo. Cómo les usurparon los conquistadores su identidad, al cambiarle sus nombres auténticos por otros españoles. Una aculturación que se ha prolongado hasta nuestros días mediante el miedo y la amenaza. Por eso el alcalde de Santa Cruz no se ha atrevido a sustituir nombres franquistas con otros de origen guanche.

Son estos hechos los que nos hacen repudiar a los amantes de la españolidad de Canarias, a los isleños tibios y a los nacionalistas de su bolsillo, que engañan al pueblo con la mentira de defender su identidad. Eso es lo que dicen cuando llegan las elecciones. Pasadas éstas y sentados ellos en sus poltronas, no les interesa nada más que engordar el patrimonio personal.

Lo peor es que muchos canarios, paralizados por el miedo a la libertad, no hacen nada para poner fin a tanta ignominia. ¿Cómo es posible que rechacen la libertad? No obstante, estamos convencidos de que la verdad, la razón, la lógica, el patriotismo, la dignidad, el ansia de ser nosotros mismos -qué desgracia ir por el mundo como españoles sin serlo porque somos isleños alejadísimos de la metrópoli- terminarán por imponerse.

 

Comentario de El Día, 20-12-2008