La conquista de Canarias y el sometimiento

 

 

José Luis Concepción *

 

Durante la conquista (1402-1496) y una década después, la población guanche que quedó en Canarias se redujo a un tercio de los aproximadamente 60.000 habitantes que había, debido a la cruel guerra que los españoles les hicieron y a la venta de esclavos, principalmente en los mercados de Valencia y Sevilla, incluidos niños y niñas de corta edad como Sasa, de cinco años; Itahisa, de seis, y Cathaysa, de siete. (A esta última le ha dedicado una canción el cantautor Pedro Guerra, con letra de su padre, el que fue el primer presidente del Parlamento de Canarias, "Cathaysa, la niña guanche... se la llevaron los españoles"). Vivían en estas Islas unos seres nobles y pacíficos que amaban a su patria y lucharon ferozmente para intentar mantener su libertad. Los invasores europeos quedaron admirados ante la bravura de estos, ya que utilizando armas rudimentarias llegaron a obtener varias victorias sobre ellos, algunas muy significativas, como la acontecida en La Palma en 1447 frente a Guillén Peraza, quien perdió la vida y muchos de los suyos, y la de La Matanza de Acentejo en Tenerife, en 1494, en la que Alonso de Lugo salió derrotado con la muerte de unos 900 conquistadores de un total de 1.200.

 

En la isla de Canaria o Tamarán se distinguieron Doramas, que murió luchando contra una cuadrilla de españoles que lo rodearon, y Bentejuí, que prefirió suicidarse antes que entregarse. En Benahoare (La Palma), Tanausú y sus súbditos lucharon valerosamente en el cantón de Aceró (Caldera de Taburiente), que, al no poder ser vencido, Lugo le tendió una trampa para apresarlo y embarcarlo hacia España, pero se dejó morir de hambre durante el viaje. En Tenerife o Chinet, los invasores se habían dirigido al patriota y poderoso mencey Bencomo para pedirle que se sometiera al rey de España, pero éste les contestó: "Jamás me he sometido a otro hombre como yo". Nuestros antepasados guanches profesaban un fuerte amor a su tierra, pues desde 1404, que quedaron conquistadas las islas de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y, parcialmente, La Gomera, intentaron invadir a las restantes hasta 1483 que cayó Canaria, Benahoare en 1494 y Tenerife en 1496. Durante todo este tiempo, los europeos se dedicaron a saquear estas tres islas, al tiempo que introdujeron la Virgen de Candelaria y cristianizaron el sur de Tenerife.

 

Al término de la contienda les arrebataron sus tierras y ganado, destruyeron su estructura social y les prohibieron hablar su lengua. Fray Espinosa, un siglo después, escribió que "la guerra que los españoles hicieron a los naturales destas islas fue injusta, sin tener razón alguna. Pues decir que les traía el Evangelio, había de ser con predicación y no con tambor y bandera". Salvo algunos apellidos guanches que perviven, como Baute, Bencomo, Chinea, Guanche, Oramas, Tacoronte, Taño y Tarife, más el de Azuaje (este último en Venezuela), casi todos los demás naturales de estas Islas fueron bautizados con apellidos castellanos: Caballero, Cosmes, De la Fuente, De la Peña, De la Rosa, De León, Delgado, Díaz, Estévez, Fernández, Francisco, Frías, García, González, Guillén, Hernández, Izquierdo, Martín, López, Mayor, Moreno, Ortega, Pérez, Pestano, Quintana, Rodríguez, Sánchez y Santana, entre otros muchos, incluso el de los conquistadores más sanguinarios, como Vera y Lugo.

 

Todo ha sido una gran estrategia colonizadora para borrar de la memoria la realidad de la historia de Canarias, que ni siquiera se puede divulgar actualmente en los medios de difusión oficiales. El primer canario que intentó liberar nuestro Archipiélago fue el patriota Secundino Delgado, a finales del siglo XIX y principios del XX; personaje que murió joven tras sufrir duros castigos en las cárceles españolas, y quien escribió el poemario titulado "Mi Patria", con versos como los siguientes: "Si el sol que primero vi / fue el de mi Patria, en Nivaria, / ¿qué quiere España de mí? / ¿Yo olvidar donde nací, / por la madrastra arbitraria? ... Y siendo tú, Patria mía, / de aquellos bravos la madre, / ¿son tus hijos los del día? / Siendo esclava todavía, / ¿no hay quien tu yugo taladre?". Estos versos ilustran su fiel ideología soberanista, contrariamente a la de un actual partido supuestamente nacionalista que utiliza su nombre y figura como bandera. Pero el sueño de Secundino Delgado será pronto una realidad y tendremos soberanía y progreso.

 

* Presidente del Movimiento Patriótico Canario