El engaño de la
mediana
Jamás podrá ejercer Canarias los
derechos que le corresponden sobre su mar territorial mientras siga siendo una
colonia.
Ha
dicho Paulino Rivero, en una entrevista multimedia realizada por el Grupo EL
DÍA, retransmitida por EL DÍA Televisión, Radio EL DÍA y publicada el domingo
último en las páginas de nuestro periódico, que el Gobierno de Canarias se
opone a las prospecciones petrolíferas en aguas de las Islas hasta que no se
delimite la mediana con Marruecos. Es decir, hasta que sepamos exactamente
dónde termina el mar territorial marroquí y comienza el canario, o al revés.
Lamentamos tener que decirle al presidente que está equivocado. A Paulino
Rivero lo estimamos como un gobernante inteligente y capaz, porque realmente
lo es, pero está completamente engañado en este aspecto. Jamás, lo decimos una
vez más, podrá ejercer Canarias los derechos que le corresponden sobre su mar
territorial mientras siga siendo una colonia. En consecuencia, no se podrán
realizar prospecciones ni con, ni sin el consentimiento del Ejecutivo canario.
Pensar lo contrario, como quedó patente tras las respuestas del presidente a
las preguntas formuladas por los periodistas de esta Casa que lo entrevistaron,
es creer en una inocentada antes de tiempo; el día de los inocentes, don
Paulino, es el 28 de diciembre. Y no nos tome a mal la broma porque usted es
una persona, insistimos en ello, en la que hasta hoy confiamos mucho. Mañana,
ya veremos.
La situación real es distinta por mucho que
nos disguste. No es posible que unas islas como las nuestras, actualmente
colonizadas por un país europeo, tengan aguas propias frente a las costas de
África. En pocas palabras, no podemos tener derecho sobre nuestro mar
territorial sin antes poseer todas las competencias sobre nuestra propia tierra.
Por supuesto, cuando hablamos de competencias plenas no nos referimos a las que
nos confiere esa tomadura de pelo para el pueblo canario que es el Estatuto de
Autonomía -poco podemos esperar de una ley establecida por
Por desgracia,
tampoco somos dueños, ni podremos serlo mientras no alcancemos el estatus de
país libre, de las aguas interiores canarias recogidas en el mapa que ilustra
este editorial[1]. Por utilizar un
ejemplo mencionado en su día por Adán Martín -presidente, en general, nefasto
para los intereses de Tenerife, pero con algunos aciertos-, nuestra situación
respecto al mar que rodea a las Islas es parecida a la de una casa cuyos
moradores fuesen dueños de las habitaciones, pero no de los pasillos que las
unen. ¿Aguas internacionales entre Tenerife y Canaria, por ejemplo? Ojalá fuese sólo ese nuestro mal. La realidad es mucho más
dramática para nosotros, pues esas aguas en la práctica son marroquíes. No
olvidemos que la zona económica exclusiva del Reino alauita abarca todo el
Archipiélago, con excepción de El Hierro y una parte de
Una línea
divisoria que, para abundamiento de males, el Gobierno español no tiene prisa
en establecer por dos motivos. El primero, por la dificultad que encierra
hacerlo ateniéndose estrictamente al Derecho internacional. El segundo, aunque
no menos importante que el primero, es el deseo expreso del Gobierno de
Zapatero de no enfrentarse a su vecino del Sur. En esta línea, antes o después
le cederán a Mohamed VI
la cosoberanía de Ceuta y Melilla como fase
previa a la entrega de estas ciudades a Marruecos, tras lo cual no habrá ningún
impedimento para hacer lo mismo con Canarias. Madrid hizo exactamente esto con
el Sahara y los saharauis en 1975.
A pesar de todo, siempre hemos confiado en
que Paulino Rivero entiende esta situación, si bien prefiere actuar con
mesura; excesiva mesura, a nuestro entender. Nos desilusionan, en cambio, las
reiteradas manifestaciones de otro tinerfeño valioso, como es el caso de
Ricardo Melchior, sobre el papel de CC a la hora de conseguir que el
Archipiélago deje de ser una región española -algo que en realidad nunca ha sido,
por mucho que se empeñe
Sin embargo, nos sorprende, don Ricardo.
Junto con don Paulino, es usted el político más valioso que ha tenido CC.
Lástima ese giro suyo de última hora. ¿A cuenta de qué ha decidido convertirse,
de pronto y sin motivos, en canarión y peninsular?
No nos cabe en la cabeza que tantos y tantos
canarios sigan narcotizados por la idea de que no podemos volar libres. ¿Por
qué debemos soportar la indignidad de no ser nosotros mismos? ¿Por qué hemos de
renunciar a reivindicar la memoria de nuestros padres, así como a seguir privados
de las riquezas que hoy en día sólo benefician a los españoles? Lo único que
nos mantiene como españoles es el temor a la fuerza de las armas que un día,
también por la fuerza, nos conquistaron.
* Editorial El
Día, 16-12-2008
[1] aguas interiores y mar territorial
Monográfico aguas marítimas canarias