Orígenes religiosos
José
A. Infante Burgos
Los primeros
centros de culto que se construyeron en las islas no datan del siglo XV de nuestra era, sino de mucho antes de la propia
existencia de Cristo. Concretamente en La Palma, como muestra palpable de la huella que de
una manera u otra perdura en todas las comarcas de cada una de las islas, las
cumbres que rodean la Caldera
de Taburiente son testigos mudos de la presencia de los primeros humanos que
construyeron, al aire libre, unos amontonamientos de piedras en forma circular
con un perímetro o circunferencia plagada de piedras hincadas en el suelo y
rellenos de rocas y/o lajas de distintos tamaños. Se trata de sencillos
recintos sagrados que supuestamente constituyen las primeras manifestaciones
arquitectónicas religiosas de la isla. Los amontonamientos, muy deteriorados de
piedras, se presentan aislados o agrupados configurando un sistema que
teóricamente rinde culto al Sol en el momento de la llegada del Nuevo Año
(solsticio de invierno), justo en el mismo instante en que asoma, al amanecer,
por los picos más elevados de las montañas de las cumbres de Garafía, Puntagorda, Tijarafe y Tenerife. Esta tradición ancestral
de orientar los templos hacia los solsticios continuó hasta nuestros días. Las
iglesias cristianas, no sólo las de la isla de La Palma, orientan en una gran
parte de casos su cabecera hacia el Sol naciente del verano y los pies hacia el
Sol poniente del invierno. En el santuario ritual del Lomo de Las Lajitas
(Garafía), a 2.100 m.
de altitud, conformado por 18 ó 19 amontonamientos de piedras, con más de 80
grabados rupestres, se celebraban dos momentos cruciales en la vida sagrada de
los antiguos pobladores de la
Isla. El primero tenía como referencia la primera luna llena
después del solsticio de verano. El segundo sucede cuando llega el nuevo año
("por Navidad"), en el que los aborígenes probablemente se preparaban
para recibir a la madre Abora (el Sol). Es un ritual
repetido en muchas civilizaciones, entre ellas la egipcia y que todos los años
se nos puede mostrar en el amanecer, justo en el momento en que el Sol asoma
por detrás del Roque de los Muchachos, la montaña más alta de Ben-awara.
Los primeros
pobladores que desembarcaron en Canarias lo hicieron, con bastante probabilidad,
desde finales del neolítico, acentuándose su llegada entre el siglo V a. C. y
el siglo V d. C. Las barreras marinas, desde esas épocas, no fueron impedimento
para los movimientos cercanos y de supervivencia de la humanidad en ninguna
parte del globo. Pertenecían a tribus de presencia constatada, anterior y
posterior, en la zona cercana y que, además, al establecerse definitivamente en
islas, quedaron aislados e incomunicados casi absolutamente desde entonces
hasta la llegada de los primeros exploradores o piratas europeos a partir del
siglo XIII.
Que su matriz
demostrada era un pueblo de la zona original de África que vivió desde ese
entonces una auténtica odisea, con la desecación más acentuada y brutal de su
entorno vital, una primera presión militar romana y una fuerte y definitiva
colonización radical, musulmana y árabe.
D. Antonio Cubillo
citó y reprodujo, en octubre del año 1998, al historiador francés, J. Mesnage, "L'Afrique chrétienne", París 1912, pág.
488, en el que cuenta que existió en Mauritania Cesarea
(parte de la actual Argelia) -la antigua Juba-, un Obispo bacanariensis,
en el año 484 de nuestra era. Según el autor citado, "podría ser que
"ba" o "va" indique en líbico la
pertenencia a una rama común o simplemente a una colectividad étnica, Canarii o Canariensis". De
esta manera nos encontraríamos nuevamente con los canarii,
en el África del Norte, en el siglo V. En un contexto líbico-bereber, la partícula ba inicial
se refiere siempre al padre o también, en un contexto cristiano, al sacerdote o
padre. Los berberes suelen decir ba
o baba, siempre refiriéndose al padre. No olvidemos que ya en el siglo V, antes
de la colonización musulmana, había muchos padres de la Iglesia originarios de
África del Norte; San Agustín, Tertuliano, San Cipriano y otros muchos, y no
debe extrañarnos que la parte de la tribu de los Canarii
mantenida en África hubiese sido ya cristianizada y al sacerdote o al obispo de
los Canarii se le llamase bacanariensis.
En caso contrario,
tremenda casualidad, ¿no?
infburg@yahoo.es
Fuente:
El Día, 14-12-2008