La Vanguardia, 9-8-01

ARGEL. (Redacción y agencias.) -

El Gobierno sella Argel para impedir la entrada a miles de manifestantes bereberes

Bajo un sol de justicia, miles de manifestantes procedentes de la Cabilia fueron bloqueados a las puertas de Argel, mientras se producían algunos enfrentamientos en diversos puntos de la ruta, con 15 heridos leves en Naciria y en la capital con algunas detenciones.

Convocados por la Coordinadora de Tribus y Pueblos de la Cabilia, querían marchar hacia la Presidencia, en Argel -pese a la prohibición del acto- para denunciar la represión en su región. La fecha no se escogió en balde: ayer se inauguraba el Festival Mundial de la Juventud y de los Estudiantes, al que la capital da cobijo hasta el día 16, con la asistencia de 15.000 participantes de 140 países. Un evento que la oposición tilda de pura propaganda del régimen tutelado por los militares.

"Larga vida a Argelia sin generales" y "Ulachs' mah ("No al olvido", una referencia a los muertos en esos meses de movilizaciones) fueron algunas de las consignas coreadas ante las espectaculares barreras policiales. Un dispositivo parecido pretendió evitar otra marcha en Argel el pasado 14 de junio. Se desató la violencia y por lo menos hubo 6 muertos. Escarmentados, ayer los líderes cabileños recomendaron a los manifestantes que no llevaran ningún objeto asimilable a una arma y que en caso de ser bloqueados hicieran sentadas "sin provocar".
Las reivindicaciones de los cabileños vienen resonando desde abril, cuando el estallido de la Cabilia y su represión sin control conmocionó al país. Piden trabajo -en especial para la juventud, cuya única salida, en un país rico en petróleo, es la emigración-, mejoras sociales, fin de la corrupción y del favoritismo...

También plantean las viejas exigencias de los bereberes, habitantes de la Cabilia, por ejemplo el reconocimiento de su idioma, el tamazig. Pero niegan ser independentistas como asegura el Gobierno para aislar su lucha. En las últimas movilizaciones, los bereberes han insistido en las exigencias sociales que comparten con el resto de los argelinos. De ahí el temor a que la llama cabilense inflame a todo el país.

Eso explica el despliegue de ayer. Desde las grandes vías a los atajos, todo acceso a Argel fue cortado. En la ciudad, la Presidencia y el estadio 5 de Julio, donde se inauguró, anoche, el festival, estuvieron bajo un férreo control policial. Una "buena" imagen internacional.