Aritmética sin numeros: las cuentas de nuestras venteras y pescaderas
No existe acuerdo en la interpretación del desarrollo material alcanzado por los antiguos pobladores del Archipiélago Canario ni en la exacta valoración de sus conocimientos en materia de Ciencias y de matemáticas. Los pocos criterios aportados por los primeros cronistas fueron distorsionados en posteriores estudios de viajeros ilustres interesados en mostrar una visión idealizada del aborigen isleño más próxima al mito de 'buen salvaje', presunto descendiente de imaginarias civilizaciones perdidas. Sólo en los trabajos recientes de investigadores vinculados a distintas disciplinas científicas queda enmarcada con justeza la enjundia y la trascendencia de los conocimientos de nuestros antepasados. Sin embargo, quedan abiertos no pocos interrogantes, que conducen a la formulación de conjeturas poco contrastadas y justifican cierta disposición argumental fantasiosa o idealizada.
Con todo, en el amplio repertorio de nuestra cultura tradicional podemos entrever ciertas prácticas primitivas que aún son ejecutadas por campesinos, pastores y pescadores isleños, y con su ayuda podemos avanzar algunas hipótesis sobre el alcance real de la herencia de nuestros aborígenes.
En concreto, las inscripciones realizadas en tarjas, taras o tájaras, primitivas máquinas de cálculo y los signos de nuestras venteras y pescadoras, auténticos grafismos de reminiscencia numéricas, nos permiten esclarecer en cierta forma su legado matemático.
Es opinión de muchos autores que estas 'tarjas' o 'taras' fueron conocidas por los antiguos isleños. Más no existe evidencia arqueológica ni documental de su uso en épocas anteriores a la conquista y toda conjetura sobre la práctica de esta técnica debe valorarse con sumo cuidado. Por lo demás, el término "tarja" tiene distintas acepciones entre los vocablos isleños, pues adopta diferentes significados entre los antiguos pobladores de Tenerife y de Fuerteventura.
En la actualidad, las marcas grabadas en trozos de madera se siguen utilizando en la cuantificación de la cosecha de papas y cereales (con ayuda de ramas de brezo o codeso, conocidas como tájaras en Fuerteventura) El término "tarja" o 'tájara' no es exclusivo de Canarias, pues en las panaderías del campo charro, en la aldea de San Muiñoz, a 45 km de Salamanca, se usaron estas tarjas para contar hasta el año 1995.
Abundando en la falta de pruebas irrefutables sobre las tarjas de los antiguos canarios, cabe confrontar la hipótesis afirmativa con nuestras investigaciones sobre los signos utilizados por venteras y pescadoras en sus contabilidades rudimentarias.
En el Norte de la isla de Tenerife, pescadoras y venteras han venido utilizando un complicado y curioso sistema de signos para representar el dinero, para ejecutar diversos cálculos: recuentos, sumas, restas, productos... y para conseguir de este modo gobernar las economías de sus familias desconociendo nuestros sistemas decimal de numeración. Prefijada la notación de cada moneda, los cálculos se realizan de distintos modos, acorde con la habilidad matemática de calculador. No obstante, la forma más corriente de sumar y recontar consiste en ir 'anotando las cuentas' en columnas separadas por monedas (una para las perras, otra para las pesetas, etc.) procediendo a contar en cada columna la cantidad de signos que se reconocen, eliminando signos a medida que se alcance una unidad de orden superior, que se señaliza en la columna contigua.
Podemos clasificar los sistemas de signos según tres principios distintos; el modo de distribución temporal, con variaciones diferentes a medida que nos alejamos de 1900; el tipo de simbología que se produce en cada región o comarca, provocando una distribución espacial; y la diferente tipología encontrada a tenor del sector comercial de donde provengan los signos, diferenciados entre pescadoras y venteras.
Debemos asignar un origen pastoril a los signos reseñados, pues, recordando en ocasiones algunas letras de distintos dialectos bereberes y las inscripciones de numerosos grabados aborígenes, su estructura gráfica se asemeja con total nitidez a los que fueran usados por los pastores del Mediterráneo. Por consiguiente, nos atrevemos a aventurar que nuestras venteras y pescadoras copiaron un mecanismo universal de recuento, que no queda claramente ceñidos a la tradición aborigen.
José Manuel González Rodríguez
(*) es profesor de la
Universidad de la Laguna